martes, 14 de junio de 2022

CERRO DE CANTAZORRAS

 



PARAJE DE IMPORTANCIA BOTÁNICA y ARQUEOLÓGICA.


"Solo hay un bien, el conocimiento, solo hay un mal, la ignorancia", (Sócrates).


El cerro de Cantazorras se sitúa en el término municipal de Arévalo, al norte de la localidad, en pleno corredor del Adaja, entre el propio río y la carretera de Donhierro, SG-413.


Localización del cerro de Cantazorras.

Es un cerro calizo, donde los minerales calcáreos blanquecinos se mezclan con arcillas de tonos más rojizos. Se eleva 841 metros sobre el nivel del mar y es una atalaya fabulosa para observar Arévalo y alrededores.

Vistas del cerro de Cantazorras:

Vista del cerro de Cantazorras desde el Cordel Real de Merinas de Arévalo al puente Rumel.








Vistas de Arévalo.





Pero por lo que realmente destaca es por su flora, muy particular, muy escasa, muy valiosa y muy amenazada. Pasear por el cerro en esta época del año es una delicia para la vista, el tacto y el olfato, por la variedad de plantas de distintos colores, olores, texturas y tamaños que podemos observar.

He aquí unos pocos, muy pocos, ejemplos de la rica flora:

Asteriscus aquaticus, soles.

Allium sphaerocephalon, ajo de cigüeña.

Astragalus alopecuroides, astrágalo de narbona.
Astragalus alopecuroides, astrágalo de narbona.

Astragalus granatensis, mancaperros.
Astragalus granatensis, mancaperros.
Astragalus granatensis, mancaperros. Algunos ejemplares se elevan del suelo como si fueran arbolitos.

Astragalus mompessulanum, garbancillo.
Astragalus mompessulanum, garbancillo.

Bombycilaena erecta, borra de pastor. 

Cuscuta spp., barba de chivo. Planta parásita que necesita un hospedador, en este caso:
Dorycnium pentaphyllum, docha.

Echium vulgare, vivorera.

Euphorbia serrata, lecherina.

Genista scorpius, aulaga.

Arriba y abajo: Haplophyllum linifolium

Arriba y abajo: Helianthemum hirtum, jarilla amarilla.

Linum suffruticosum, lino blanco.

Malvella sherardiana, malvella.
malvella sherardiana, malvella.
Malvella sherardiana floreciendo, especie con una distribución muy escasa.

Nigella gallica, neguilla.

Ononis natrix, pegamoscas.

Phlomis herba-venti, aguaviento.

Saponaria glutinosa, jabonera.

Ammoides pusilla, tarraguillo. (Novedad para Ávila).

Por esta población de plantas tan rica y variada, y dada la escasez de alguna de ellas, o la reducida distribución geográfica de varias de las especies citadas, el paraje de “cerro de Cantazorras” es merecedor de ser declarado “micro reserva de flora” al amparo de la legislación nacional y autonómica.

Así se ha pedido. 

Aquí seguimos esperando su protección efectiva.

El cerro también es un yacimiento calcolítico importante en la cuenca del Adaja.

Es necesario conocer nuestro entorno para poder valorarlo, respetarlo y conservarlo.

"El conocimiento nos hace responsables" (Ernesto Guevara).

En Arévalo, a 12 de junio de 2022.

Luis J. Martín.

Visita al cerro de Cantazorras en la mañana del 12 de junio de 2022, dentro de las V Jornadas de Naturaleza y Medio Ambiente, organizadas por la asociación  La Alhóndiga, Galerida y con la colaboración del Ayuntamiento de Arévalo.











Agradecimientos:
A Francisco De Sande Velicia y a Víctor Cuello Cámara, por su ayuda en la identificación de algunas especies.




sábado, 28 de mayo de 2022

CASAS DE FORONDA




 


109.-

Casas de Foronda.

 

Arévalo se alza altivo

entre dos tajos fluviales,

casas de piedra y ladrillo,

cal, arena y mechinales,

contrafuertes, muros viejos,

granito en los albañales,

sobre la loma del río,

blancas, juntas y abismales,

río de profundo valle,

dulces aguas maternales.

Casas de Foronda miro,

al alba los rastrojales.

Casas de Foronda veo,

al alba oro a raudales.

Casas de Foronda siento

rayos de sol matinales,

en las cuestas del Adaja,

altas, verdes, verticales.

 

19/05/2022.

Luis J. Martín.










domingo, 8 de mayo de 2022

EL COLLAR DE LAS CIGÜEÑAS


 



COLLARES PARA CANDELAS

 

Los llaman nazarenos, también, jacintos, pero mi madre siempre decía que eran ajos de cigüeña. Y así prefiero llamarlos.

Como ella los llamaba.

Ya nos los llama de ninguna manera.

―¡Mirad! ―solía decirnos—, ya han salido los ajos de cigüeña.

Todos los años, entre abril y mayo, salían en el patio "de’alante", que era así como mis hermanos y yo nos referíamos al jardín delantero.

Flor de Muscari comosum.

Luego arrancaba una de sus hojas alargadas y nos hacía un collar. Partía la parte carnosa sin llegar a romper sus nervios lineales, elásticos y gelatinosos, de tal manera que la hoja quedaba dividida en segmentos verdes unidos por sus nervios casi transparentes, como un collar de cuentas.

—¿Por qué se llama ajo de cigüeña? ―preguntábamos alguno de nosotros.

Nuestra madre nos explicaba, que esa planta era un bulbo como las cebollas y los ajos, que si excavábamos a lo largo de su tallo subterráneo llegaríamos hasta un pequeño ajo rojizo. Y que ese largo tallo recordaba a las patas de las cigüeñas. Aunque, luego añadía que también podía ser porque las cigüeñas, cuando están en su nido, hacen un sonido con su pico parecido al de machar ajo en un mortero de madera.

Hojas de Muscari comosum.

El caso es que a este bulbo que la gente conoce como nazareno, hierba del querer o jacinto comoso, nosotros siempre lo hemos llamado ajo de cigüeña, porque así es como mi madre lo llamaba cuando nos hacía collares con sus hojas carnosas.

Su verdadero nombre, por el que es conocido a nivel mundial por la comunidad científica, es Leopoldia comosa o Muscari comosum. Su etimología, en el caso del género deriva de Leopoldo, en honor Leopoldo II, gran duque de la Toscana, o Muscari por el olor a musgo o, también, del griego donde moschàri es jacinto. En el caso de la especie, comosa o comosum, del latín, significa cabellera o melena, haciendo referencia a la disposición en racimo de sus flores.

Flor de Muscari comosum.

En una ocasión, hace muchos años, mis padres y mis tíos decidieron plantar césped en ese trozo de jardín, orientado al sur y custodiado por cuatro grandes plátanos de sombra. Aunque, en principio, no me hizo mucha gracia, me encargué de remover la tierra, abonarla con el estiércol de las vacas de Agustín Mínguez, y plantar las semillas: un cóctel, que todavía recuerdo, a base de Poa pratensis, Festuca rubra y Trifolium repens. Pero también tuve el cuidado de volver a enterrar todos los bulbos de ajo de cigüeña que quedaban al descubierto.

La hierba del césped duró pocos años, pero los bulbos de los ajos de cigüeña sobrevivieron, ahí siguen, en el patio "de’alante" en su orientación sur. Cada año, entre abril y mayo, nos regalan con sus flores moradas. Son humildes, son sencillas, son hermosas.

Son muy hermosas.

Pero para mí, lo más entrañable de esta planta silvestre y rastrera es el recuerdo que me evoca y que revivo cada año: a mi madre haciéndonos un collar con sus hojas.

Su sonrisa, al colocarlo en nuestro cuello.

Su sonrisa.

Ella ha perdido los recuerdos.

Pero no la sonrisa.

Hoy he cogido una hoja.

Una hoja de ajo de cigüeña.

Y la he hecho un collar.


En Arévalo, a ocho de mayo de 2022.

L. J. Martín.

 

Candelas García-Sancho con una flor de ajo de cigüeña.

-Referencias:

JACINTO COMOSO

MUSCARI COMOSUM

HISTORIAS ENTRE PATIOS

 

 

 

 


martes, 26 de abril de 2022

Asesinad al autor.


Llanura castellana en abril.

 

Intervención de Luis J. Martín durante la celebración del día del libro en la casa del Concejo de Arévalo, el veintitrés de abril de 2022:

Buenas tardes, lo primero agradeceros vuestra presencia a este acto organizado conjuntamente por el Ayuntamiento de Arévalo y La Alhóndiga. Igualmente, agradecer, de manera especial, a María Luisa Pérez, concejala de Cultura y a Juan Carlos López, presidente de la asociación La Alhóndiga, su labor para hacer posible esta velada literaria.

Recuerdo que en la tercera edición de "Verso Libre" que se celebró en la plaza de la Villa, allá por 2015 o 2016, no recuerdo exactamente el año, empecé mi recital con estas palabras: “Si queréis que el verso se haga eternamente libre, asesinad a su autor”. En aquella ocasión recité el “Romance de la luna” del “Romancero gitano” de Federico García Lorca, que empieza con estos versos:

La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos,

el niño la mira mira,

el niño la está mirando”.

Geniales versos de un poeta genial y eterno, muerto de forma prematura, innecesaria, violenta.

Federico García Lorca.

Abril es un mes de celebraciones, que me van a servir de hilo conductor durante mi intervención: el 14 se conmemoró la II República; el 23, hoy, el día del libro, pero también el de los comuneros de Castilla, nuestra fiesta. También es un mes de renacimiento, las aves comienzan el celo, con sus exhibiciones, sus cantos, la construcción de sus nidos... El campo reverdece, revive.

La vida.

Pero ahora, lamentablemente, el mundo occidental está pendiente de una guerra, que es lo contrario a la vida y a la construcción, pues es muerte y destrucción de la vida, de la libertad. Ya Miguel Hernández hace 85 u 86 años escribió crudos, hermosos y sinceros versos que hablaban de la guerra pero, también, de la palabra y del amor. Corría el año 1937 o 38, y España estaba inmersa en una atroz guerra civil, cuando escribió “Tristes guerras”, poema muy breve pero de intenso contenido:

Tristes guerras

si no es de amor la empresa.

Tristes, tristes.


Tristes armas

si no son las palabras.

Tristes, tristes.


Tristes hombres

si no mueren de amores.

Tristes, tristes.”

Ojalá, la única guerra fuera conquistar un amor y las únicas armas que existieran fueran las palabras.

Otro gallo nos cantaría. Creo que todos viviríamos más tranquilos y seríamos mucho más felices.

Miguel Hernández.

Miguel Hernández ya es uno de los grandes. Murió de forma prematura, con tan solo 31 años, cuando todavía le quedaba mucho por escribir, y de forma completamente innecesaria y violenta, porque uno de los actos de mayor violencia es el de privar de su libertad a una persona por defender sus ideas, en este caso, los ideales de la República.

Otra de las grandes es Almudena Grandes, fallecida en diciembre del año pasado a consecuencia de un cáncer, también de forma prematura, porque a los 61 años de edad, aún tenía mucho que contar. Esta excelente escritora contemporánea escribió mucho y bien sobre la España de la república, de la guerra, de la posguerra, de la dictadura franquista, pero, también, sobre la sociedad actual.

Tiene una serie de cinco novelas agrupadas bajo el título de “Episodios de una guerra interminable” donde habla, con toda naturalidad, de la victoria, de la represión, de los perdedores, del silencio impuesto y del olvido. Hoy, día del libro, recomiendo encarecidamente su lectura.

Pero es en una de sus novelas sobre la época actual, "Los besos en el pan” (2015), en la que da un repaso brillante a la reciente historia de España:

‹‹Porque en España, hasta hace treinta años, los hijos heredaban la pobreza, pero también la dignidad de sus padres, una manera de ser pobres sin sentirse humillados, sin dejar de ser dignos ni de luchar por el futuro. Vivían en un país donde la pobreza no era un motivo para avergonzarse, mucho menos para darse por vencido. Ni siquiera Franco, en los treinta y siete años de feroz dictadura que cosechó la maldita guerra que el mismo empezó, logró evitar que sus enemigos prosperaran en condiciones atroces, que se enamoraran, que tuvieran hijos, que fueran felices. No hace tanto tiempo, en este mismo barrio, la felicidad era también una manera de resistir.

Después alguien dijo que había que olvidar, que el futuro consistía en olvidar todo lo que había ocurrido. Que para construir la democracia era imprescindible mirar hacia delante, hacer como que aquí nunca había pasado nada. Y al olvidar lo malo, los españoles olvidamos también lo bueno. No parecía importante porque, de repente, éramos guapos, éramos modernos, estábamos de moda… ¿Para qué recordar la guerra, el hambre, centenares de miles de muertos, tanta miseria?»

Almudena Grandes

Hablar de nuestra historia reciente, sin complejos, sin miedos, aparte de ser necesario, debería tener la imprescindible condición de normalidad, en la sociedad actual, en Democracia plena. Almudena Grandes, en muchas de sus novelas, lo consigue de forma brillante, ejemplar.

Pero, como dije al principio, hoy también es el día de Castilla y León. Y abril es un mes muy especial para mí. La campiña castellana, allá donde mires, reverdece, revive. La fauna está en celo. Las avutardas están en celo. En fin, uno de los mejores espectáculos del mudo, el del renacimiento de la vida, está ahí ante nuestros ojos, a nuestro alcance para disfrutar, para ser felices un año más.

Para terminar, y para enlazar con todo lo dicho, voy a recitar un poema mío, “Días de abril”:

El campesino extiende la alfombra verde,

ya es abril en la llanura castellana,

después de llover huele a tierra húmeda

una oscura parcela recién arada.

 

Con mano abierta en la frente mira al cielo

y luego a una gran parcela de cebada,

pues una fuerte helada o muy poca agua

podrían arruinar toda la campaña.

 

Sobre una loma visible en la distancia,

hace, solemne, la rueda una avutarda

para atraer a varias hembras dispersas,

se convierte en una enorme bola blanca.

 

El aire ya huele a campo renacido,

la primavera se impone en La Moraña,

y el campesino mirando al horizonte,

ya es abril en la llanura castellana.

 

Gracias y feliz día del libro, feliz día de Castilla y León.

 

Avutarda haciendo la rueda. 







jueves, 14 de abril de 2022

LA GUERRA CONTRA LA REPÚBLICA CONTINÚA

 


Catorce de abril, día para recordar y agradecer.

Hoy escribo en rojo, el color de la sangre, de la vergüenza y de los rojos.

En 1931, tal día como hoy hace ya 91 años, se declaró la II República, tras unas elecciones municipales, que ganaron mayoritariamente los partidos republicanos.

Después, hubo elecciones generales, en junio. Y meses más tarde, en diciembre, se aprobó la Constitución de la II República Española.

Fue un estado democrático en el que se alternaron en el poder, tras las debidas elecciones, gobiernos de izquierda y de derecha.

Cinco años después, en 1936 una parte del ejército se sublevó contra el gobierno de la República legítimamente constituido, provocando una cruenta guerra civil, que terminó en 1939 con la victoria del bando golpista encabezado por Franco y con el fin del gobierno democrático de la República, presidido en ese momento por Juan Negrín.

La victoria del ejército sublevado, tras casi tres años de sangrienta guerra, desembocó en la dictadura franquista, que se prolongó hasta la muerte del dictador en 1975 y hasta que el 15 de junio de 1977, una vez autorizados todos los partidos políticos prohibidos durante la dictadura, se celebraron, de nuevo, elecciones democráticas. Tras las que se instauró una monarquía parlamentaria, que reconoció al rey Juan Carlos I como jefe del estado, y en la que Adolfo Suárez fue su primer presidente elegido democráticamente. Dos días después de la muerte de Franco, la dictadura había proclamado a Juan Carlos rey de España. Y dos años más tarde la incipiente democracia lo reconoció como tal sin someterlo a referéndum. Los partidos republicanos acataron, por tanto, la figura del rey al mando de la jefatura del estado y, en cambio, de forma vergonzosa, se olvidaron de los miles y miles de republicanos represaliados que aún vivían y que podrían haber sido reconocidos desde el kilómetro cero por su servicio a España y, en su caso, restituidos en el puesto que ocupaban antes de la rebelión militar fascista.

Habían pasado 41 años de dictadura entre el alzamiento militar de 1936 y las elecciones de 1977.

Si la guerra fue cruel, atroz y despiadada, la dictadura franquista no se quedó a la zaga, especialmente en sus primeros años. Un auténtico sistema de terror fue impuesto a través de consejos de guerra, detenciones, depuraciones, “paseos”, delaciones, desapariciones, asesinatos… por el mero hecho de haber luchado defendiendo a la República, por pertenecer a partidos republicanos, o por haber trabajado en base a los principios de la Constitución de 1931. Esta brutal represión acabó con la vida de miles y miles de españoles: militares fieles a la República, médicos que ejercieron su trabajo salvando la vida a heridos de guerra en el bando fiel al gobierno legítimo, maestros, que ejercían su libre cátedra por los pueblos de España, funcionarios de la administración pública, alcaldes, concejales, políticos, trabajadores, autónomos, asalariados, jornaleros afiliados a partidos de izquierdas o simpatizantes con ellos, fueron asesinados sin juicio, sin defensa, sin ninguna garantía, o encarcelados durante muchos años, demasiados.

Pero ese sistema de terror se extendió a los familiares: esposas, madres, abuelas, padres, hijos, hijas, hermanos, hermanas… que sufrieron también la represión en sus cuerpos, en sus vidas, en su libertad. Continuamente se detenía a familiares y amigos de republicanos fugados para interrogarles, recurriendo en muchos casos a la tortura. La cruel represión les puso el sambenito de "hijos o hijas de rojos", lo que dificultó su supervivencia en la posguerra. Se invalidaron matrimonios civiles y se les obligó a casarse por la iglesia, único matrimonio válido durante la dictadura franquista. Se derogó el divorcio, por lo que todos los divorcios realizados legalmente durante la República fueron invalidados. Se prohibió la libre cátedra en la enseñanza, reconocida por la Constitución de 1931, para sustituirla por los principios generales del Movimiento por los que se regía la dictadura. Se prohibió a las mujeres abrir cuentas bancarias sin el consentimiento de su padre o marido. Se encarceló y se torturó sin otro motivo que la afinidad o simpatía política.

El terror de la victoria, la continua humillación a la que fueron sometidos los vencidos, dio sus frutos: el miedo, el silencio, el acatamiento.

Hoy por hoy, ese silencio se perpetúa o pretende perpetuarse. Todavía, para un sector de la población, si los hijos o nietos de los miles y miles de represaliados callan y acatan su tremenda historia familiar, bien. Pero como se les ocurra recordar en público a sus muertos o desaparecidos, son tachados de “querer abrir las heridas de la guerra”, de pretender revivir algo que está mejor en el olvido.

Hoy, ese sector de la población que quiere imponer el silencio, el olvido, ha crecido, o se ha hecho más visible. Incluso, hasta gobierna en coalición en alguna comunidad autónoma que todos conocemos.

Por la memoria de todos los muertos, asesinados, desaparecidos, represaliados, depurados, encarcelados y torturados. En recuerdo de todos los que lucharon por la libertad, por la democracia, por mejorar nuestras vidas, nuestros derechos, por una sociedad justa y equitativa, por los ideales de la II República, los de la Constitución de 1931. Por todos los que, a pesar de su tesón y entereza, jamás fueron reconocidos a partir de 1977, ya en la democracia, que no fueron restituidos, aunque fuera de forma simbólica, en los puestos que la dictadura les arrebató violentamente. Por todos los que fueron vergonzosamente olvidados durante la transición y que lo siguen siendo ahora en democracia plena. Por todos ellos y por sus familiares, debemos recordar que es el 91 aniversario de la II República española, y agradecerles su coraje y su ejemplo.

Los artífices del “No pasarán”, emblema internacional de la lucha antifascista, han sido y son los olvidados por las sociedades democráticas de hoy, de ayer y de siempre.

A día de hoy, noventa y un años después, y a pesar de los 45 años de democracia, nadie ha pedido perdón a las víctimas de la represión franquista, nadie les ha restituido en su honor, aunque sea de forma simbólica, nadie se ha atrevido a devolverles su dignidad de héroes y patriotas que lucharon por España, por la República, por la libertad, por la defensa de un gobierno legítimo y democrático fruto de la voluntad del pueblo.

A pesar de las más de cien mil personas desaparecidas, nadie se ha atrevido a acusar al dictador formalmente de crímenes contra la humanidad o de criminal de guerra (excepto el juez Garzón, que fue cesado fulminantemente).

A día de hoy, noventa y un años después, siempre que se intenta algún tipo de acto contra la represión franquista o en memoria de las víctimas, son muchos los que se revuelven y alzan su voz para impedirlo, para recordar, una vez más, que el silencio impuesto por el terror y la humillación deben perpetuarse, porque los republicanos perdieron la guerra, porque se impuso la victoria, y porque nuestra democracia se lo permite, ¿qué temen?

Es como si la guerra contra la República no hubiera acabado aún.

Hoy termino de escribir en morado, el color que fue violentamente arrebatado de la bandera. 

En Arévalo, a catorce de abril de 2022.

L. J. Martín.

 

Lectura recomendada: 

- Las cinco novelas de los “Episodios de una guerra interminable” de Almudena Grandes.

- "Las bicicletas son para el verano" de Fernando Fernán Gómez.

 

 


miércoles, 30 de marzo de 2022

Cuando ya no quede nada

 



Recordarás el hogar que destruyeron.

Añorarás al amor que ya no está contigo.

Soñarás con la vida que te robaron.

Querrás volver, pero ya no tendrás

ni hogar,

ni amor,

ni vida.

Entonces,

cuando estés rota,

cuando el fuego del dolor 

te abrase desde dentro,

cuando ya no quede nada,

te exigirán

que perdones,

que calles

y olvides.


L.J. Martín                             


sábado, 5 de marzo de 2022

"Atocha"

 


Atocha es esparto: planta silvestre conocida por la ciencia como Macrochloa tenacissima (antes Stipa tenacissima), propia de climas áridos, perteneciente  a la familia Podaceae, en la que están incluidos todos los cereales o gramíneas. 

Tal era la importancia de esta planta fibrosa que la estación madrileña de Atocha se llama así porque era el lugar donde terminaba el camino real de Alicante, que traía a Madrid los carros de esparto o atocha, procedentes de Valencia y el sureste español. Lo que lo convertían en el mayor atochar del reino, de donde se surtían multitud de artesanos e industriales.

Durante muchos siglos, el esparto fue un material muy importante para la economía nacional. Se utilizaba para la confección de alpargatas (usadas por una inmensa mayoría de la población) y otros enseres de uso doméstico y laboral, como cestos, serones, pleitas, aguaderas... Por lo que daba trabajo a muchos artesanos e industriales. 

Por eso, y aunque es una especie silvestre, no cultivada, en determinadas épocas como en la posguerra, su recolección estaba prohibida, y solo podían recolectar atocha o esparto quienes pagaran por ello.  Lo que provocaba un contrabando, generalmente en forma de tiras trenzadas, llamadas pleita, gracias al cual pudieron comer y subsistir muchas familias humildes. Precisamente, en "El lector de Julio Verne" (2012), Almudena Grandes hace referencia a este comercio de esparto.



L.J. Martín.

Arévalo, a cinco de marzo de 2022.