jueves, 14 de abril de 2022

LA GUERRA CONTRA LA REPÚBLICA CONTINÚA

 


Catorce de abril, día para recordar y agradecer.

Hoy escribo en rojo, el color de la sangre, de la vergüenza y de los rojos.

En 1931, tal día como hoy hace ya 91 años, se declaró la II República, tras unas elecciones municipales, que ganaron mayoritariamente los partidos republicanos.

Después, hubo elecciones generales, en junio. Y meses más tarde, en diciembre, se aprobó la Constitución de la II República Española.

Fue un estado democrático en el que se alternaron en el poder, tras las debidas elecciones, gobiernos de izquierda y de derecha.

Cinco años después, en 1936 una parte del ejército se sublevó contra el gobierno de la República legítimamente constituido, provocando una cruenta guerra civil, que terminó en 1939 con la victoria del bando golpista encabezado por Franco y con el fin del gobierno democrático de la República, presidido en ese momento por Juan Negrín.

La victoria del ejército sublevado, tras casi tres años de sangrienta guerra, desembocó en la dictadura franquista, que se prolongó hasta la muerte del dictador en 1975 y hasta que el 15 de junio de 1977, una vez autorizados todos los partidos políticos prohibidos durante la dictadura, se celebraron, de nuevo, elecciones democráticas. Tras las que se instauró una monarquía parlamentaria, que reconoció al rey Juan Carlos I como jefe del estado, y en la que Adolfo Suárez fue su primer presidente elegido democráticamente. Dos días después de la muerte de Franco, la dictadura había proclamado a Juan Carlos rey de España. Y dos años más tarde la incipiente democracia lo reconoció como tal sin someterlo a referéndum. Los partidos republicanos acataron, por tanto, la figura del rey al mando de la jefatura del estado y, en cambio, de forma vergonzosa, se olvidaron de los miles y miles de republicanos represaliados que aún vivían y que podrían haber sido reconocidos desde el kilómetro cero por su servicio a España y, en su caso, restituidos en el puesto que ocupaban antes de la rebelión militar fascista.

Habían pasado 41 años de dictadura entre el alzamiento militar de 1936 y las elecciones de 1977.

Si la guerra fue cruel, atroz y despiadada, la dictadura franquista no se quedó a la zaga, especialmente en sus primeros años. Un auténtico sistema de terror fue impuesto a través de consejos de guerra, detenciones, depuraciones, “paseos”, delaciones, desapariciones, asesinatos… por el mero hecho de haber luchado defendiendo a la República, por pertenecer a partidos republicanos, o por haber trabajado en base a los principios de la Constitución de 1931. Esta brutal represión acabó con la vida de miles y miles de españoles: militares fieles a la República, médicos que ejercieron su trabajo salvando la vida a heridos de guerra en bando fiel al gobierno legítimo, maestros, que ejercían su libre cátedra por los pueblos de España, funcionarios de la administración pública, políticos, trabajadores, autónomos, asalariados, jornaleros afiliados a partidos de izquierdas o simpatizantes con ellos, fueron asesinados sin juicio, sin defensa, sin ninguna garantía, o encarcelados durante muchos años, demasiados.

Pero ese sistema de terror se extendió a los familiares: esposas, madres, abuelas, padres, hijos, hijas, hermanos, hermanas… que sufrieron también la represión en sus cuerpos, en sus vidas, en su libertad. Continuamente se detenía a familiares y amigos de republicanos fugados para interrogarles, recurriendo en muchos casos a la tortura. La cruel represión les puso el sambenito de "hijos o hijas de rojos", lo que dificultó su supervivencia en la posguerra. Se invalidaron matrimonios civiles y se les obligó a casarse por la iglesia, único matrimonio válido durante la dictadura franquista. Se derogó el divorcio, por lo que todos los divorcios realizados legalmente durante la República fueron invalidados. Se prohibió la libre cátedra en la enseñanza, reconocida por la Constitución de 1931, para sustituirla por los principios generales del Movimiento por los que se regía la dictadura. Se prohibió a las mujeres abrir cuentas bancarias sin el consentimiento de su padre o marido. Se encarceló y se torturó sin otro motivo que la afinidad o simpatía política.

El terror de la victoria, la continua humillación a la fueron sometidos los vencidos, dio sus frutos: El silencio, el acatamiento.

Hoy por hoy, ese silencio se perpetúa o pretende perpetuarse. Todavía, para un sector de la población, si los hijos o nietos de los miles y miles de represaliados callan y acatan su tremenda historia familiar, bien. Pero como se les ocurra recordar en público a sus muertos o desaparecidos, son tachados de “querer abrir las heridas de la guerra”, de pretender revivir algo que está mejor en el olvido.

Hoy, ese sector de la población que quiere imponer el silencio, el olvido, ha crecido, o se ha hecho más visible. Incluso, hasta gobierna en coalición en alguna comunidad autónoma que todos conocemos.

Por la memoria de todos los muertos, asesinados, desaparecidos, represaliados, depurados, encarcelados y torturados. En recuerdo de todos los que lucharon por la libertad, por la democracia, por mejorar nuestras vidas, nuestros derechos, por una sociedad justa y equitativa, por los ideales de la II República, los de la Constitución de 1931. Por todos los que, a pesar de su tesón y entereza, jamás fueron reconocidos a partir de 1977, ya en la democracia, que no fueron restituidos, aunque fuera de forma simbólica, en los puestos que la dictadura les arrebató violentamente. Por todos los que fueron vergonzosamente olvidados durante la transición y que lo siguen siendo ahora en democracia plena. Por todos ellos y por sus familiares, debemos recordar que es el 91 aniversario de la II República española, y agradecerles su coraje y su ejemplo.

Los artífices del “No pasarán”, emblema internacional de la lucha antifascista, han sido y son los olvidados por las sociedades democráticas de hoy, de ayer y de siempre.

A día de hoy, noventa y un años después, y a pesar de los 45 años de democracia, nadie ha pedido perdón a las víctimas de la represión franquista, nadie les ha restituido en su honor, aunque sea de forma simbólica, nadie se ha atrevido a devolverles su dignidad de héroes y patriotas que lucharon por España, por la República, por la libertad, por la defensa de un gobierno legítimo y democrático fruto de la voluntad del pueblo.

A pesar de las más de cien mil personas desaparecidas, nadie se ha atrevido a acusar al dictador formalmente de crímenes contra la humanidad o de criminal de guerra (excepto el juez Garzón, que fue cesado fulminantemente).

A día de hoy, noventa y un años después, siempre que se intenta algún tipo de acto contra la represión franquista o en memoria de las víctimas, son muchos los que se revuelven y alzan su voz para impedirlo, para recordar, una vez más, que el silencio impuesto por el terror y la humillación deben perpetuarse, porque los republicanos perdieron la guerra, porque se impuso la victoria, y porque nuestra democracia se lo permite, ¿qué temen?

Es como si la guerra contra la República no hubiera acabado aún.

Hoy termino de escribir en morado, el color que fue violentamente arrebatado de la bandera. 

En Arévalo, a catorce de abril de 2022.

L. J. Martín.

 

Lectura recomendada: 

- Las cinco novelas de los “Episodios de una guerra interminable” de Almudena Grandes.

- "Las bicicletas son para el verano" de Fernando Fernán Gómez.

 

 


7 comentarios:

  1. Excelente artículo, especialmente necesario en estos momentos en nuestra Comunidad autónoma.

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    1. Muchas gracias por tu comentario.
      Pasamos momentos complicados, esperemos que no tengan efectos irreversibles.

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  2. Genial como siempre. Valiente y certero.

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    1. Gracias por tu comentario.
      Debe hablarse de la historia, especialmente en estos tiempos que vivimos.

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  3. Muy bien expresado totalmente de acuerdo enhorabuena

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  4. Felicidades por el articulo y gracias.

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