Crónica
de un incendio terrible.
Decálogo
de actuaciones preventivas.
El incendio se declaró el miércoles
22/07/2026 a las 13 horas en el término de Burgohondo, presuntamente, por el
uso de maquinaria pesada que produjo varias chispas al abrir una pista en zona
de alto riesgo y, por tanto, actividad no permitida. Las llamas se dirigieron rápidamente
hacia la localidad de Navaluenga por el este, alcanzando también el término de
Piedralaves por el sur.
Al día
siguiente, jueves 23/07/2026, José Francisco Hernádez, delegado territorial de
la Junta en Ávila y director del plan INFOCAL de la provincia (Plan de Protección
Civil ante emergencias por incendios forestales en Castilla y León), declara
que ha ardido una “masa de no excesivo valor”. Las declaraciones del delegado
fueron que el incendio no había crecido y que, “respecto a la vegetación
dañada, las llamas afectan principalmente a robledales, monte bajo, castaños y
otras masas forestales, una masa arbórea de no excesivo valor".
Declaraciones muy desafortunadas, irresponsables y peligrosas que se
contradicen claramente con la seriedad de su cargo, con la evolución real del
incendio y con la solicitud de incorporación a las tareas de extinción de la unidad
militar de emergencias, UME. Es más, a pesar de la evolución del incendio,
afirmaba que “el Valle del Tiétar no está en peligro”.
Después
se produjo la mayor catástrofe medioambiental en España desde que se tienen
registros. Pues, en pocos días, el incendio arrasó unas 50.000 hectáreas de valioso
patrimonio natural abulense, tanto en la vertiente norte de la sierra de Gredos
del valle del Alberche, como de la empinada vertiente sur correspondiente al Tiétar,
llegando incluso hasta Tierra de Pinares en Cebreros y uniéndose con otro gran
incendio declarado en la vecina provincia de Madrid, en San Martín de
Valdeiglesias, que juntos suman una extensión en torno a las 70.000 hectáreas.
Hubo
que desalojar numerosas localidades tanto del Alberche como del Tiétar, donde
se han perdido muchas casas y fincas rurales. Han muerto multitud de animales
tanto domésticos como silvestres.
Antes
de esto, el viernes 24/07/2026, el ministro del interior, Fernando Grande
Marlasca, declara la emergencia de interés nacional para los incendios de Ávila
y Madrid, para hacer frente a las tareas de extinción y protección de la
población.
Entre
los días 24 y 25 el incendio continúa fuera de control, con llamas saltando
de copa a copa, especialmente en zonas mono específicas de pinar, lo que
provoca que unas 30.000 personas tengan que ser evacuadas, y más de 9.000
confinadas en sus domicilios por la alta concentración de humo en el ambiente.
El domingo, día 26, se anuncia la declaración de zona catastrófica por parte del gobierno central.
Las consecuencias: Áreas de enorme
valor ecológico arrasadas por completo, desaparecidas, paisajes calcinados en
comarcas con gran potencial turístico, miles de animales muertos, casas y
fincas quemadas… una catástrofe provocada, según parece, por una imprudencia
temeraria que hace plantearnos el futuro de zonas boscosas valiosas y
habitadas, su planificación, el cambio en las políticas forestales que han
demostrado ser erróneas, peligrosas e irresponsables. También, se debe tener
muy en cuenta el riesgo que supone para la vida de las personas permitir la
construcción de viviendas o urbanizaciones aisladas en suelo forestal.
Por
otro lado, el tratamiento que se da en todas las noticias que he leído sobre daños
humanos, es muy concisa y extremadamente fría. Casi imperceptible entre tantas
hectáreas quemadas, entre tanta destrucción y desolación: hablan, sin dar
ninguna importancia, de una trabajadora herida leve con quemaduras
de segundo grado. Lo que no dicen las noticias, ninguna de ellas, es el
horror que debieron pasar todos los bomberos
forestales integrantes de cuadrilla de la compañera herida. Ni siquiera
dicen las noticias que la persona herida, en realidad era, es, bombera
forestal. Los hechos que las noticias no cuentan, ignoro el por qué, son
terribles, ponen los pelos de punta. Esta cuadrilla, integrada por ocho
personas, fue enviada con un camión Charlie,
ese grande de bomberos, a un sitio muy peligroso. Ellos lo sabían, pero
obedecieron órdenes, aunque las cuestionaron porque sabían que les enviaban a
la muerte.
Y así
fue, estuvieron a punto de morir. Tuvieron que parar el camión en una ladera
muy empinada porque el fuego les tenía rodeados. Quizás la experiencia de estos
bomberos forestales, les hizo tomar
una buena decisión: parar en una zona con mucha retama y poco pino. Aun así, el
fuego les pasó por encima. Imaginen, amigos lectores, la temperatura a la que
estuvieron sometidos. Tuvieron que refugiarse detrás del camión que les hizo de
parapeto y accionar el sistema de emergencia que llevan estos vehículos, que rocían
agua por toda la carrocería. Y, especialmente, porque tuvieron la buena idea de
utilizar una manguera, soltando agua en forma de paraguas y refugiándose todos
debajo.
Afortunadamente, esos bomberos forestales, supieron utilizar, el terreno y los medios de que disponían para salvar su vida. Si esto mismo le hubiera ocurrido a una cuadrilla sin Charlie, ahora estaríamos lamentando varias muertes. Aunque eso no evitó que una de las integrantes de la cuadrilla sufriera quemaduras.
Muchas veces los bomberos forestales
tienen más experiencia con el fuego que los mandos que les envían a una muerte
segura. Porque, cuando las llamas pasaban por encima del camión, de un lado a
otro de la pista forestal, pensaron que iban a morir. Y
así se lo habían hecho saber, con anterioridad al mando que les ordenó ir a ese
paraje, aunque al final obedecieron sus órdenes, tal vez, inexpertas y
precipitadas.
Eso
pasó, pero no se cuenta. Solo se habla de una trabajadora herida leve. Ignoro
por qué se omite el resto de la información ninguneando a bomberos forestales que arriesgan su vida, cada vez que
salen, por salvar la nuestra, por evitar que espacios únicos e irrepetibles
desaparezcan. Pero no solo han sido los medios de comunicación, los
primeros en menospreciarlos son los políticos de las comunidades autónomas para
las que trabajan en tareas de extinción y prevención, en este caso, la Junta de
Castilla y León.
Bien,
dicho esto, ahora toca regenerar el espacio quemado, y espero que, gracias a la
experiencia vivida, no se vuelvan a cometer los graves errores del pasado. Que
el bosque quemado hoy no se vuelva a plantar igual mañana.
Este
enorme incendio que tanto ha arrasado: espacios, especies, viviendas,
ilusiones, planes de futuro… debe hacernos reflexionar y planificar para evitar
que una catástrofe similar se vuelva a producir.
Por
eso, me quedo y reproduzco para usted, amigo lector, algunas de las medidas que,
en estos días, se han apuntado con la sensata intención de recuperar el espacio
calcinado por las llamas evitando, al mismo tiempo, futuros incendios tan
devastadores.
Este sería
el decálogo de actuaciones después
de un incendio forestal:
1-
Los bosques que se queman hoy son el resultado de políticas forestales
nefastas, que se llevaron a cabo antaño, muchas de ellas durante el franquismo,
y que desgraciadamente aún prevalecen.
Actualmente, se prima el aprovechamiento
maderero del monte. El único valor válido para los políticos y muchos técnicos
de la administración, es el de metros cúbicos de madera convertidos en dinero, valor
que prima sobre la biodiversidad o la seguridad de pueblos y personas. De
ahí las lamentables declaraciones de José Francisco Hernádez, delegado
territorial de la Junta en Ávila y director del plan INFOCAL de la provincia
(Plan de protección civil ante emergencias por incendios forestales en Castilla
y León), que he reproducido antes. ¿Dimitirá de su cargo?, ¿apostamos?
2-
Se siguen plantando monocultivos de
coníferas que arden muy rápidamente y con mucha virulencia, porque son más
rentables a corto plazo que las frondosas. Por esta misma razón, no se
hacen plantaciones en mosaicos, donde las frondosas, se alternen con las
coníferas, pues es sabido que rodales anchos de encina, roble, quejigo, castaño,
abedul, álamo temblón…, dependiendo de la altitud, del suelo o del relieve, pueden
ralentizar el avance del fuego, incluso detenerlo. De hecho, algunos de los
lugares que se han salvado de las llamas han sido bosques, vaguadas o arroyos
con estas especies arbóreas.
Es por
ello, que la regeneración de los espacios arrasados debe hacerse primando siempre
la seguridad sobre el rendimiento económico de los mismos. Evitando
plantaciones monoespecíficas de pinos, plantando mosaicos vegetales de gran
extensión con roble, quejigo, castaño, abedul, álamo temblón, fresno, etc., porque
está demostrado que estos bosques de frondosas, si no paran, ralentizan el
avance de las llamas y, en gran medida, evitan el fuego de copas, sin duda el
que tiene mayor poder de destrucción total.
3- La ganadería extensiva ha desparecido. En cambio, hasta hace muy poco, el ganado pastaba libremente por el campo y era un signo de identidad del medio rural. Esto es una consecuencia directa de la implantación de macrogranjas, donde se explotan miles de cabezas de ganado estabuladas. La consecuencia es obvia, al no haber ganado pastando libremente por el campo, la vegetación herbácea crece muy rápidamente, se seca con el calor y sirve de combustible para la rápida expansión de los incendios.
Por
ello es muy necesario para nuestros
bosques el regreso de la ganadería extensiva, subvencionada, si fuera preciso,
para hacerla rentable. Cabras, ovejas, vacas, caballos, cerdos, burros, deben
volver a pastar por nuestros campos para evitar que las plantas herbáceas
crezcan en exceso y se apoderen del sotobosque. Limitando este pastoreo en
áreas muy valiosas o sensibles por la variedad de sus especies botánicas o
endemismos.
4- Es muy necesario devolver el bosque al pueblo, a sus habitantes a
través de sus ayuntamientos. Es preciso que se produzca un aprovechamiento
comunal de los bosques, donde se impliquen los habitantes de los pueblos,
como ocurre, por ejemplo, en comarcas de Soria. Este aprovechamiento forestal evitaría
o reduciría mucho combustible en los bosques, pues serían los habitantes de los
pueblos partícipes de los beneficios y, por tanto, responsables de su gestión.
5-
A veces hay que tomar decisiones
drásticas y primar el valor ecológico de un espacio o la seguridad de las
personas, sobre los rendimientos económicos que ese espacio esté deparando
a una comunidad autónoma o a un particular.
Como el calentamiento global es un hecho, es
seguro que cada vez ardan más montes, especialmente las grandes superficies de
pinares. En este caso, sería muy
necesario “desplantar” la mayoría de los pinos, en aquellas áreas donde sea la
única especie arbórea, para sustituirlos por amplios rodales de frondosas,
como ya se ha explicado en el punto 2.
Y, por supuesto, que el bosque quemado hoy no se vuelva a plantar igual mañana,
porque estaríamos cometiendo los mismos errores del pasado.
Por
otra parte, sería conveniente hacer espacios
accesibles para las brigadas de bomberos forestales que se encargan del
mantenimiento de los bosques y del ataque rápido de incendios en su fase
inicial. Pistas por las que se pueda acceder a espacios valiosos, aunque
estén cerradas a los turistas, y cortafuegos útiles que permitan fijar contras
si fuera necesario.
6- Sería muy beneficioso favorecer la existencia de grandes
herbívoros silvestres, que también pastan en nuestros bosques, prados y
retamales. Según la altitud o el relieve: cabra montés, ciervo, corzo. Incluso,
reintroducir de forma controlada bisonte, oso o gamo, especies que existieron
antaño y se extinguieron por la presión humana. Su presencia, aparte de indicar
salud ambiental, puede significar un autocontrol de espacios a los que apenas
llegue el ganado doméstico.
7- Actualmente, dados los horribles acontecimientos que se desencadenan cada año, los negacionistas del cambio climático deben ser considerados terroristas ambientales, personas muy peligrosas, en especial, si se trata de famosos o políticos de renombre. Por ello sería conveniente establecer penas de cárcel, en especial, cuando se trate de medidas o declaraciones irresponsables que puedan producir una catástrofe medioambiental y humana.
Igualmente,
es muy necesario impedir que estos
consagrados negacionistas del cambio climático o del calentamiento global,
ejerzan cualquier tipo de cargo público relacionado con el medio ambiente o los
incendios forestales y, en caso de que ya los ejerzan deben ser inhabilitados.
8- Referente al colectivo de bomberos forestales, es obligatorio su reconocimiento, y la mejora de sus condiciones laborales, pues son trabajadores esenciales con años de experiencia, responsabilidad y profesionalidad a sus espaldas. Pero este hecho irrefutable, es negado por las distintas comunidades autónomas, que les tratan con absoluto desprecio, subcontratando sus trabajos con empresas privadas que les tratan como a peones forestales, por lo que reciben, prácticamente, el salario mínimo interprofesional.
Sí,
amigo lector, esos hombres y mujeres que se enfrentan directamente al fuego en
condiciones de peligrosidad y penosidad indescriptibles, arriesgando su vida en
cada salida que realizan, cobran menos que un socorrista, por ejemplo,
muchísimo menos que un bombero urbano. Con el agravante de que muchos de ellos
al terminar la campaña de incendios serán despedidos. Pues las administraciones
autonómicas, en nuestro caso la Junta de Castilla y León, siempre a través de
empresas privadas subcontratadas, prescinden de ellos de cara al mantenimiento
de nuestros bosques en invierno.
9- Es imprescindible que cambie radicalmente la percepción de nuestros espacios naturales. Se debe favorecer y permitir que los ayuntamientos formen parte de su conservación y mantenimiento. Hay que procurar la correcta información para que los habitantes de esos espacios naturales sean parte de la solución y no parte del problema ante la posibilidad de incendios forestales. Deben saber que los recursos producidos por un bosque pueden y deben ser utilizados por los habitantes de los municipios donde se encuentra.
Se debe informar que no está prohibida la utilización
de algunos recursos naturales por las personas que habitan en los pueblos con
suelo forestal, como la recogida de piñas o de leña. También
se debe permitir su participación en plantaciones autorizadas de especies
beneficiosas para el entorno.
10-
Jamás debe autorizarse construir una
vivienda o una urbanización en suelo forestal o rodeada de bosque, porque,
en caso de producirse un incendio, puede poner en serio peligro a sus
habitantes o a las personas que acudan a auxiliarlos.
Todos los núcleos urbanos rodeados de
bosque, deben sufrir una drástica actuación en su entorno inmediato, para
impedir que las llamas penetren en el pueblo en el caso de que se produzca un
incendio. Para mayor seguridad de las casas y de sus habitantes, es
preciso talar los árboles, especialmente si son pinos en una franja de 50
metros de ancha en torno al pueblo. También, si hubiera pinos en una franja de
150 metros en torno al núcleo de población, deberían ser “desplantados” y
sustituidos por las especies de frondosas enumeradas en el punto 2, que se
adapten al tipo de suelo, altitud y relieve.
Lo que
se ha producido en los incendios de Burgohondo y Nava del Rey es un sinsentido,
una catástrofe sin parangón. La desaparición de más de 70.000 hectáreas de
suelo forestal de enorme valor ecológico.
Si no
actuamos pronto, habrá otros incendios, peores incluso. Más destrucción. Habrá
muertos. Pagaremos los errores del pasado. Regaremos las cenizas con nuestras
lágrimas, en paisajes familiares devastados, irreconocibles. Lugares que
tuvieron belleza, vida a raudales, convertidos en enormes cementerios.
Que el
terrible incendio de Burgohondo nos sirva de punto de inflexión.
Es
ahora.
Luis José Martín García-Sancho.
Tres de agosto de 2026.







