martes, 22 de junio de 2021

NACIMIENTO DEL AREVALILLO Y CERRO GORRÍA.

 


De paseo por la sierra de Ávila.


Texto y fotos: Luis José Martín García-Sancho


El 23 de mayo fuimos al nacimiento de nuestro río Arevalillo.

Salimos de Arévalo temprano. Pasé a buscar a Juan Carlos, amigo y compañero de muchos “fregaos”, que me esperaba en la entrada a Machín, y rumbo al sur por la carretera de Tiñosillos.

En la ermita de Rihondo nos esperaba mi buen amigo Pepe Rodríguez con quien tan buenos ratos he pasado y espero seguir pasando. Aunque embozados, nos dimos un abrazo porque hacía mucho tiempo que no nos veíamos.

Nuestro río Arevalillo que desemboca en el Adaja en Arévalo, en el paraje conocido como la Junta, justo por debajo del Castillo, nace en el municipio de Narrillos del Rebollar en la Sierra de Ávila, prácticamente, a los pies del Cerro Gorría, punto culminante de esta emblemática sierra, con 1725 metros de altitud.

A esta altura se le conoce como Rihondo o Río Hondo, de ahí el nombre de la ermita en la que nos esperaba Pepe, y pasa a llamarse Arevalillo pasado el castro de Mesa Miranda.

Dejamos los coches en la localidad de Benitos, y comenzamos a andar hacia las fuentes del Arevalillo. Benitos conserva bastante bien la esencia propia de los pueblos serranos, con su caserío construido mayoritariamente a base de grandes sillares de granito.

Benitos, localidad más cercana al nacimiento del Arevalillo.

Desde la rama seca de un viejo melojo (Quercus pyrenaica) cercano a la carretera nos contempla un águila calzada (Hieraaetus pennatus).

Águila calzada (Hieraaetus pennatus) en un roble (Quercus pyrenaica)

Pronto llegamos a una hermosa chopera compuesta principalmente de álamo temblón (Populus tremula) y cruzamos el cauce del recién nacido Arevalillo. 

Chopera de Populus tremula junto al recién nacido Arevalillo.

Río Arevalillo o Río Hondo cerca de su nacimiento.

Remontamos su cauce hacia los piornales y pastos de montaña salpicados de multitud de flores de diversas especies y colores.

Las vacas pastan tranquilas ajenas a nuestra presencia.

Una joven salamandra (Salamandra salamandra) vivaqueaba tranquila por uno de los abrevaderos para el ganado.

El nacimiento del Arevalillo se produce en este pasto de la ladera de la montaña entre berrocales graníticos, piornos, flores y vacas. El día ha salido fabuloso, buena temperatura y cielos con nubes dispersas, que siempre mejoran las fotografías. Desde allí se ve al recién nacido Arevalillo serpentear entre alamedas abriéndose paso hacia la llanura. 

Berrocales ganíticos formando las denominadas "piedras caballeras".

Lugar donde nace el río Arevalillo.

Centaurea amblensis en los pastos de ladera. 
Especie descrita para la ciencia en el abulense y vecino valle de Amblés.

A nivel humano y de aprovechamiento, la sierra de Ávila es eminentemente ganadera.

Joven Salamandra salamandra localizada en un abrevadero.

Orchis morio. Orquídea característica de los prados de montaña.

Ascensión hacia el cordal de la sierra.

Ascendemos por la ladera, entre los piornos, para ganar el cordal divisorio de ambas vertientes de la Sierra de Ávila. Desde allí contemplamos, hacia el norte, las interminables llanuras de la cuenca del Duero, con La Moraña en primer término, salpicadas por decenas de pueblos y, hacia el sur, el Valle de Amblés, y las sierras de Zapateros, Serrota y Villafranca en primer término y las cumbres de Gredos algo más alejadas. Una atalaya fabulosa para intentar localizar los hitos geográficos y geológicos de nuestra tierra. 

Arriba y abajo vista del nacimiento del Arevalillo y su serpenteante cauce recíen nacido.

Centranthus calcitrapae Valeriana española.

Hito de granito que indica el nombre de una de las múltiples dehesas ganaderas.

Grupo de orquídeas en los prados de montaña

Juan Carlos y Pepe caminando sobre el cordal de la sierra.

Silene ssp. entre los prados de montaña.

Vista de la sierra de Zapateros desde el cordal. Con piornos principalmente de Genista cinerensis, la especie dominante.

Uno de los abrevaderos abiertos para el ganado 

Paranticellia latifolia. Floración de la algarabía entre los prados y piornos.

la frágil belleza del jacinto español, Hyacinthoydes hispanica.

Una de las piedras caballeras que se pueden observar en los múltiples berrocales de la sierra.

Piornales de montaña entre berrocales de granito.

Galerida teklae, cogujada montesina con un insecto en el pico para cebar a su prole.
Otro de los curiosos berrocales de la zona. 
Guardando un complicado equilibrio que ya dura miles de años.

Sierra de las Parameras con su punto culminante en la Serrota.

Se localizan perfectamente desde aquí los puertos de Menga y Villatoro partiendo las sierras y montañas.

Según avanzamos en nuestro camino hacia el Cerro de Gorría, pronto aparecen los polémicos aerogeneradores que hace años inundaron esta bella y valiosa montaña. Desde el cordal de la Sierra, se extienden hasta el mismísimo cerro Gorría, como ya se ha dicho, punto culminante de la Sierra de Ávila, pero que ha sido prostituido igualmente en pro de un progreso mal entendido, ya que no respeta los lugares más emblemáticos y representativos de nuestra tierra. Todos queremos energía, todos preferimos las energías “limpias” pero no a cualquier precio, no a costa de destruir paisajes que deberían ser “sagrados”. 

Durante el tiempo que paseamos junto a los aerogeneradores, cruzan entre sus aspas varios buitres, Aegypius monachus y Gyps fulbus.

Vista del parque eólico de cerro Gorría.

Vista de Narrillos del Rebollar a los pies del cerro Gorría 
y abierto a las llanuras de La Moraña.

Una de las majadas ganaderas en la vertiente del Valle de Ambés.
Con el puerto de Menga y la Serrota al fondo.

Una espectacular piedra caballera hacia la vertiente norte de la sierra.

Belleza aterciopelada de la Linaria aeruginea, Linaria púrpura

"—Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino   molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas,"

Cyanus ssp.

Orchis morio. Una de las orquídeas propia de estas montañas y valles.

La elegancia de la linaria, Linaria elegans.


Sorbus acuparia, serval de cazadores en un gran berrocal del Cerro Gorría.

Aparte del gran impacto visual de los molinos, para su mantenimiento se ha abierto una pista de servicio dinamitando los afloramientos graníticos del cerro para hacer trincheras como esta de la imagen.

Arriba y abajo: Aerogeneradores, por debajo, el valle de Ambés  y la Serrota al fondo.

Arriba y abajo en el punto culminate del Cerro Gorría, 1725 metros.

Vistas hacia el norte desde la atalaya del cerro Gorría, 
la amplia llanura castellana con La Moraña en primer término.

Vegetación dominate de la vertiente norte del cerro a base, principalmente, del piorno Genista cinerensis
 y la jarilla Halimium umbellatum.

Vista del Cerro Gorría desde Narrillos del Rebollar, con su pequeño circo glaciar.

Un burro nos contempla curioso, uno de los animales más nobles y útiles para la humanidad, actualmente olvidado y denostado.

Viejo carro olvidado a las afueras de Narrillos del Rebollar en un camino entre rebollos, Quercus pyrenaica.

Vallejo del arroyo Gargüero que se une al Arevalillo en la localidad de Horcajuelo.

Grandes berrocales entre Narrillos y Benitos.

Arriba y abajo: Ganado extensivo de vacas con su correspondiente toro.

Curiosos berrocales graníticos que motivan la imaginación.

Vista, nuevamente de Benitos tras el descenso.
Casas de Benitos.

Seculares fuentes en Benitos.


Curioso hito próximo a dónde aparcamos los coches.

Un paseo muy agradable para disfrutar de natura a tope y recargar las pilas. Con paisajes fabulosos, atalayas espectaculares y si además acompaña la compañía... un sitio y una experiencia difícil de mejorar.

En Benitos, a veintitrés de mayo de 2021.

La mayoría de las plantas identificadas por Pepe Rodríguez.