sábado, 21 de octubre de 2023

Las plantas del sol.

 

Solanum pimpinellifolium, tomatera cherry.


De la excelencia culinaria a la muerte.

Hoy, amigo lector, voy a hablarte de las solanáceas, una familia de plantas conocida para la ciencia como Solanaceae, muy extendida por todo el mundo, aunque muchas de las más conocidas proceden de América y fueron introducidas por los españoles hace más cuatrocientos años en Europa. Es una familia amplísima, con más de 1200 especies, muchas de ellas muy conocidas y cultivadas en infinidad de huertas, muy apreciadas y utilizadas en las cocinas de todo el mundo. Quizás la palabra solanácea no te diga nada, pero si hablamos de especies como el tomate, Solanum lycopersicum, tomate cherry Solanum pimpinellifolium, la patata, Solanum tuberosum, el pimiento, Caspicum annuum o la berenjena, Solanum melongena, que pertenecen a esta gran familia botánica, la cosa cambia, ¿verdad?

Solanum lycopersicum, tomatera silvestre.

La amplísima familia de las solanáceas, también cuenta con infinidad especies silvestres, frecuentes y conocidas, muchas de ellas con propiedades farmacológicas, estupefacientes y tóxicas importantes: Solanun dulcamara, conocida como dulcamara o uva del diablo es una de ellas; otras son la hierba mora o tomatillo negro, Solanun nigrum; el tomatillo del diablo o hierba mora vellosa, Solanum villosum; el estramonio o campana del diablo, Datura stramonio; o la belladona o solana mayor, Atropa belladona. Utilizadas desde la antigüedad en botica, en pequeñas y controladas dosis, por sus efectos para tratar ciertas enfermedades, cardiacas, respiratorias o digestivas.  Aunque las dosis elevadas pueden producir, alucinaciones, pupila dilatada, estreñimiento, taquicardia e, incluso, la muerte.

Flor de Solanum dulcamara, dulcamara o uva del diablo.

La mayoría de las plantas pertenecientes al género Solanum, tienen una flor muy parecida en cuanto a su forma, aunque de diferentes colores. Si comparamos la flor amarilla del tomate, con la morada y amarilla de la dulcamara o con la blanca y amarilla de la patata o de las hierbamoras, su aspecto es muy similar: son péndulas, mirando hacia abajo, con cinco pétalos que al abrirse se retraen hacia el cáliz, y los estambres amarillos agrupados y apretados en torno al pistilo en forma de cono o campana. En cierta manera nos recuerdan a pequeños soles.

El nombre científico de la familia Solanaceae, o del género Solanun proviene del latín y este, a su vez, del griego, y significa “al sol” o “solana”, es decir, expuesto al sol. Entonces quizás el título de este artículo, para ser más exactos, debería ser: “Las plantas al sol”. Solana es una palabra preciosa caída en desuso, debido al uso o al abuso de otra palabra parecida: “solárium”, aunque derivada, igualmente, del latín se considera un anglicismo, porque ha sido introducida desde la Gran Bretaña o desde los Estados Unidos de América. Por lo que, nuevamente, la lengua de Shakespeare gana por la mano, y en su propio terreno, al idioma de Cervantes, el nuestro. Aunque ambas palabras signifiquen lo mismo, en ninguna piscina, hotel o balneario español tienen designado a este espacio, en el que se puede tomar el sol, como solana, que sería muy correcto, castellano y español, sino solárium. Como ves, querido lector, en nuestra querida España, siempre defendiendo lo nuestro; como diría mi abuelo: PeLeCé, es decir, por los cojones.

La mayoría de las plantas descritas se pueden observar en Arévalo, en sus frondosas riberas, empinadas laderas, duras aceras, o agrarias parcelas. Incluso alguna de las “domesticadas” desde tiempos inmemoriales por el hombre, como el tomate, se pueden ver asilvestradas en las riberas de los ríos. A estos tomates “asilvestrados” se los suele llamar con el simpático nombre de cagones o cagalones, ya que proceden de los excrementos de los pájaros que, previamente, han picoteado tomates de huerta. Otra solanácea que ha colonizado todas las laderas de los ríos Adaja y Arevalillo a su paso por Arévalo, es Lyciun barbarum, conocida como cambronera o goji, que produce bayas muy apreciadas en el mercado oriental.

Bayas de goji, procedentes de Lycium barbarum, cambronera.

Los pimientos, ajís, chiles… como decía al principio son también solanáceas, pero del género Caspicum, con varias especies procedentes todas ellas de Latinoamérica como annuum, schottianum, baccatum, chinense, pubescens. El pimiento, Caspicum annuum, es la especie más extendida en España con multitud de variedades: Pimiento morrón con sus coloraciones, roja, verde o amarilla; pimiento de Padrón, pimiento de piquillo, pimiento choricero, pimiento italiano, ñora… etc. Además de su consumo en crudo o cocinado, también se obtienen productos para condimentar embutidos o guisos como el pimentón.

No quiero pensar cómo sería el chorizo antes de que llegara el pimiento de América. Recuerdo que después de una operación de apendicitis, y tras una obstrucción intestinal que alargó el proceso de recuperación, cuando ya podía alimentarme sin sonda me preguntaron qué es lo que más me gustaría comer. Sin dudarlo respondí que huevos fritos con chorizo frito.

Como las solanáceas, amigo lector, disfrutemos de la solana mientras podamos, activemos la vitamina D, también llamada vitamina del sol, para mejor calidad de nuestros huesos.

En Arévalo, a uno de octubre de 2023.

Luis J. Martín.

(Artículo publicado en el número 172 de La Llanura de Arévalo).

 Imágenes relacionadas:

Arriba: detalle de la floración de la dulcamara con sus características flores moradas y amarillas. Solanum dulcamara.

Abajo: Fruto de la dulcamara conocida también como uva del diablo.


Arriba: tomates silvestres, también llamados tomates cagones. Solanum lycopersicum.

Abajo: floración de la tomatera silvestre, Solamun lycopersicum.


Arriba: fruto de la hierba mora o tomatillo negro, Solanum nigrum.

Abajo: Foración de la hierba mora, Solanum nigrum.


Arriba y abajo: patata, Solanum tuberosum.

Arriba: Floración de una tomatera cherry silvestre, Solanum pimpinellifolium.

Abajo: floración del diminuto tomate del diablo, Solanum villosum. 


todas estas solanáceas tienen una flor con una forma muy parecida. Y todas ellas se han fotografiado en Arévalo.

Arriba: flor de la campana del diablo o estramonio, Datura stramonium.
Abajo: fruto del estramonio, Datura stramonium.

Arriba y abajo: flor y hojas de la cambronera o goji, Lycium barbarum, fotografiadas en las cuestas del Adaja y Arevalillo a su paso por Arévalo. Esta planta produce las bayas de goji, muy apreciadas en el mercado oriental.
Detalle de una de las muchas formaciones impenetrables de cambronera en Arévalo. Lycium barbarum.



miércoles, 27 de septiembre de 2023

Malditas pesetas

 

Hojas y flor del abrojo.


Hoy voy a hablarles de una pequeña planta que recibe el nombre científico de Tribulus terrestris y el común de abrojo, abreojo, gata o tríbulo, entre otros muchos. Es una planta rastrera, que se extiende horizontalmente y que rara vez se levanta del suelo. De los tallos salen hojas compuestas paripinnadas, es decir, formadas por un número par de hojuelas o pinnas, generalmente entre 10 y 14, de color verde oscuro y algo pilosas. La flor, aunque pequeña, es muy vistosa, formada por cinco pétalos acorazonados de color amarillo y diez estambres del mismo color.

Pero por lo que, realmente, se conoce a los abrojos es por el fruto, muy espinoso, con varias afiladas puntas, conocido en botánica como esquizocarpo. Esta es su cruel manera de propagarse: clavarse en un animal para, cuando se suelte de su piel o pelo, colonizar otro territorio distinto al de la planta madre.

Fruto del abrojo, en Arévalo conocido como peseta.

La palabra proviene del latín tribulus. Los romanos, que no eran tontos, cuando andaban descalzos, seguramente en más de una ocasión se clavaran los abrojos de esta planta, y dirían: “¡hostias, como duele!”, bueno, seguramente, dirían “¡por Júpiter, qué dolor!”, hasta que un patricio avispado se dio cuenta de que la gente no pasaba por zonas con abrojos, e ideó un arma disuasoria formada por cuatro puntas de hierro, dispuestas de tal manera que una de ellas siempre queda hacia arriba. Y con este sencillo invento seguro que ganaron batallas, pues los caballos o los soldados enemigos se abrirían los pies o las patas al intentar atravesar esta sencilla línea defensiva. 

Tríbulo o abrojo, inventado por los romanos.

Hoy en día, a este ingenio se le ha puesto explosivo, al pico que queda para arriba se le ha convertido en detonador y se le ha dado el nombre de minas anti persona, ¡qué cabrón!, no el patricio romano sino el que haya ideado este invento que tanto daño ha causado, causa y causará, pues el ser humano es de naturaleza destructiva, más que cualquier planta o animal, no le quepa duda.

Lo que no sabemos es si el nombre latino de tribulus se basa en la planta o en el arma, aunque lo más razonable sea que al arma se le denominara así por el parecido con los frutos de la planta. Hoy en día, el tríbulo o abrojo es un arma disuasoria. Se usan encadenados en algunos controles policiales para evitar el paso del vehículo al que se le ha dado el alto. También, había gente rara que se abría las carnes al azotarse con este tipo de artilugios.

Arctium lappa, conocido como lampazo o arrancamoños. Los frutos pinchudos se adhieren a la ropa o el pelo con más fuerza que el velcro.

Volviendo a la planta, hay varias especies que, para propagar sus semillas, se clavan o se adhieren al cuerpo de los animales, sean de pluma, pelo o ropa. Algunas de ellas son los lampazos, cadillos o arrancamoños (Caucalis platycarpos, Arctium lappa, etc). Pero, aunque molestos, no suelen causar dolor, como es el caso de planta que nos ocupa, que se clava literalmente en la piel o en las almohadillas de los animales.  Por este pequeño detalle es muy odiada por los dueños de perros y, de forma especial, por los ciclistas. Cuántas veces se ha truncado una excursión en bici porque esos frutos espinosos se han clavado en las ruedas. Reparar el pinchazo llevaba su tiempo: primero fijarse dónde se había clavado el abrojo, luego, desmontar la rueda, sacar la cámara y, si no había un charco cerca, escupir hasta que las burbujas te indicaran el lugar de la fuga aérea. Localizado el pinchazo, había que lijar la zona, echar pegamento de contacto, colocar un parche de goma y, por último, volver a montar la rueda e inflarla con la bomba.

Aspecto del abrojo con hojas, flores y frutos.

Otra solución era llevar la bici al taller del señor Emilio, situado en la plazuela del hospital o de Ángela Muñoz, donde ahora se abre el pasadizo de las Angustias. Aunque alguna vez había que buscarle en el bar Taller. No, amigo lector, no es que su taller tuviera un bar, sino que en dicha plaza había un bar llamado así, donde hoy está “Tu Boutique”. Allí, el señor Emilio, con su mono de trabajo de un color indeterminado por las innumerables manchas de grasa, acodado en la barra, con su chato de vino, hablaba afablemente con el señor Rufino, y consumía uno de los deliciosos pinchos de la señora África.  

Pero el nombre por el que, casi todos los que tenemos cierta edad, conocemos a esta planta es por peseta, ignoro el por qué, además no es generalizado, pues solo se llama así en pocas localidades castellanas. Lo cierto es que, esta planta, conocida por la ciencia como Tribulus terrestris, vulgarmente como abrojo y en Arévalo como peseta, que florece durante el verano y madura entre agosto y septiembre, muchos de los que hayan sufrido sus efectos en carnes propias, en alguna ocasión habrán gritado eso de ¡malditas pesetas!, y no precisamente porque padezcan de plutofobia.

Esquizocarpo del abrojo, en arévalo conocido como peseta.

Ahora bien, si usted, querido lector, alguna vez es víctima de las pesetas, antes de arrancarlas piense dónde las va a tirar, porque ese es el fin último de tan astuta planta.

En Arévalo, a tres de septiembre de 2023.

Luis J. Martín García-Sancho.

"Hay varias especies que, para propagar sus semillas, se clavan o se adhieren al cuerpo de los animales, sean de pluma, pelo o ropa". En la imagen anterior: Caucalis platycarpos, conocido como cadillo o carrucho. Los frutos se adhieren a la ropa o el pelo como el velcro.

Algunas imágenes de la planta de la "peseta".

Los tallos se extienden a ras de suelo, rara vez se levantan un palmo.

detalle de hojas y flor del abrojo, tríbulo o peseta.


Planta con hojas, flores y esquizocarpos.





martes, 29 de agosto de 2023

Me importa un bledo.

 

Amaranthus retroflexus, bledo o amaranto común.


“Me importa un bledo” es una expresión coloquial utilizada para referirse a algo de muy poca importancia, insignificante, de poco o ningún valor. Otras frases similares son: me importa un huevo, un pimiento, un comino, una mierda o tres pares de cojones. 

El término bledo proviene del blitum romano, que significa destello.

Amaranthus deflexusbledo rastrero

En realidad, el bledo es una planta anual, de la familia de los Amarantos (Amaranthaceae), procedente del continente americano, y que en España tiene varias especies representadas, bastantes. Dos de las más corrientes y abundantes son Amaranthus deflexus, conocido como bledo rastrero, muy frecuente tanto en zonas urbanas como silvestres, y Amaranthus retroflexus, conocido como bledo o amaranto común. Otra especie muy frecuente, y de la misma familia que las dos anteriores, es Chenopodium vulvaria, conocido como cenizo urbano por la frecuencia con que crece en pueblos y ciudades, en cualquier grieta del suelo. Acompañando a estas líneas, les muestro una imagen de cada uno de ellos.


Floración de Amaranthus retroflexusbledo o amaranto común.

Chenopodium vulvaria, cenizo urbano.

Aunque en España, actualmente, no se consume, al menos no de manera generalizada, en algunos países americanos sí. De hecho, varias especies de bledos, en América reciben el nombre de quelite, que en castellano significa verdura. Allí se utilizan las hojas jóvenes para comer en ensalada o guisadas y las semillas se muelen para hacer harina. Aunque, en realidad, el consumo excesivo de varias especies de bledos puede ser tóxico por el alto contenido en nitrógeno, en especial, para los herbívoros que pasten varios días en terrenos con abundancia de bledos.

Antiguamente, sí debió usarse para consumo humano en España, pues Don Miguel de Cervantes ya utiliza el término bledo en El Quijote con el significado de planta comestible, a través de un refrán dicho por Sancho para rechazar una penitencia que, a modo de broma, querían hacerle los duques. Reproduzco para usted, amigo lector, un fragmento del Capítulo LXIX, correspondiente al pasaje de la fingida muerte de Altisidora, donde aparece el vocablo bledos:

“Apenas hubo dicho esto Minos, juez y compañero de Radamanto, cuando levantándose en pie Radamanto dijo:

—¡Ea, ministros de esta casa, altos y bajos, grandes y chicos, acudid unos tras otros y sellad el rostro de Sancho con veinte y cuatro mamonas, y con doce pellizcos y seis alfilerazos brazos y lomos, que en esta ceremonia consiste la salud de Altisidora!

Oyendo lo cual Sancho Panza, rompió el silencio y dijo:

—¡Voto a tal, así me deje yo sellar el rostro ni manosearme la cara como volverme moro! ¡Cuerpo de mí! ¿Qué tiene que ver manosearme el rostro con la resurreción desta doncella? Regostóse la vieja a los bledos... ¡Encantan a Dulcinea, y azótanme para que se desencante; muérese Altisidora de males que Dios quiso darle, y hanla de resucitar hacerme a mí veinte y cuatro mamonas y acribarme el cuerpo a alfilerazos y acardenalarme los brazos a pellizcos! ¡Esas burlas, a un cuñado, que yo soy perro viejo, y no hay conmigo tus, tus!”

El refrán que Sancho deja incompleto es: “Regostóse la vieja a los bledos, ni dejó verdes ni secos”, se aplica a los que se aficionan desmedidamente a algo. Siendo el significado de regostarse: aficionarse a algo, tomarle el gusto, enviciarse en ello. Es decir: tanto se envició la vieja a comer bledos, que no dejó ni verdes ni secos.

Grabado de Pablo Picasso sobre el Quijote.

En este mismo pasaje del Quijote, sí se utiliza una frase con un significado similar al que aquí se trata y es: “Estimar en dos ardites”, expresión caída en desuso, siendo el ardite una moneda de muy poco valor que hubo en Castilla: “Mirábase Sancho de arriba abajo, veíase ardiendo en llamas, pero como no le quemaban no las estimaba en dos ardites.” Es decir, aquellas llamas a Sancho, como no quemaban, no le importaban un bledo.

Para otros autores, un bledo es una acelga o remolacha. Según recoge Covarrubias en el año 1611 en su diccionario: "Bledos. Hortaliza conocida: hay dos especies de ellos, unos son blancos y otros rojos, son de suyo desabridos, si no los guisan con aceite, agua, sal y vinagre y especias". Se trata de la acelga silvestre, Beta vulgaris, perteneciente a la misma familia de los bledos que aquí estamos tratando: Amaranthaceae. La Beta vulgaris, o acelga silvestre, es la especie natural de la que derivan diversas variedades de hortalizas tratadas genéticamente para mayor producción agrícola, como la acelga, la remolacha roja, la remolacha forrajera y la remolacha blanca o azucarera, alguna de ellas, como sabe, amigo lector, muy utilizada en la actualidad.

Beta vulgaris, variedad de remolacha azucarera.

Seguramente, la definición de Covarrubias “son de suyo desabridos” es la que nos da la llave del uso de la sentencia “me importa un bledo” que aquí tratamos. Pues la primera acepción de desabrido que recoge nuestro diccionario de la RAE es: “Dicho de una fruta o de otro alimento: Que carece de gusto, o apenas lo tiene, o lo tiene malo.”

Para terminar, en la actualidad hay algunas tendencias sociales o políticas a las que les importa un bledo los logros conseguidos a lo largo de los años contra la violencia machista, a favor de la igualdad de género o entre heterosexuales, homosexuales, transexuales, bisexuales o intersexuales. Tendencias discriminatorias radicalizadas que hacen peligrar la convivencia, el respeto y la tolerancia y que generan odio hacia el diferente, a todo aquel que piense, crea o actúe de forma distinta a la que ellos postulan. Tendencias peligrosas a las que les importa un bledo el artículo 14 de la Constitución que dice: “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Pero mucho más peligroso aún es que a una buena parte de la población española le importe un bledo el odio, el retroceso y la inseguridad que esas tendencias provocan.

En Arévalo, a seis de agosto de 2023.

Luis J. Martín García-Sancho.

Detalle de floración de Amaranthus retroflexusbledo o amaranto común.

Beta Vulgaris, variedad de remolacha azucarera.

lunes, 21 de agosto de 2023

ÁGUILA CULEBRERA.

 


Circaetus gallicus, águila culebrera o culebrera europea.

Es una rapaz grande, con una envergadura alar entre el metro y medio y los dos metros y unos 65 a 70 centímetros de altura.

Posada, por su parte dorsal predominan los tonos marrones más bien oscuros y por la ventral los tonos crudos, excepto cabeza y cuello más oscuros hasta el principio del pecho a modo de babero. En individuos adultos el vientre es casi blanco con motas marrones. (Imagen 1).

Imagen 1: Vista ventral del águila culebrera.

La cabeza, proporcionalmente, es de mayores dimensiones que en otras rapaces, donde destacan unos grandes ojos amarillos con posición más frontal que en el resto de sus parientes. Puede erizar las plumas de la cabeza, dándole un aspecto más grande y fiero.

Imagen 2: Vista ventral del águila culebrera.

En vuelo, ventralmente, es decir, por la parte inferior, es muy clara con un listado muy visible en alas, concretamente en las rémiges, y, también, en la cola, en especial en individuos adultos como el de las imágenes. (imagen 3).

Imagen 3: Vista ventral del águila culebrera en vuelo.

En vuelo, dorsalmente, es decir, por la parte superior, es de tonos marrones, más bien oscuros, salvo en las coberteras mayores y medianas, que presenta una zona visiblemente más clara. Igualmente, las plumas timoneras de la cola presentan unas motas o cuadradillos muy claros, que contrastan con el marrón oscuro dominante. (Imagen 4).

Imagen 4: Vista dorsal del águila culebrera en vuelo.

Como su propio nombre indica, su dieta principal son los ofidios, a los que ingiere enteros después de haberlos dado muerte.

Es una especie escasa y, como todas las rapaces, protegida.


Camino del Lavajuelo. Aldeaseca, 20/08/2023.

Textos y fotos: Luis J. Martín.


jueves, 13 de julio de 2023

Se lo llevaron un día.


María García Sancho, de enfermera en el hospital de Valdecilla (Santander).
Imagen tomada en 1950.

El soldado y la enfermera.

 

Se lo llevaron un día

con sus manitas quemadas,

se lo llevaron un día,

un día de nubes blancas.

 

Cuatro camisas azules

con su diestra levantada

irrumpieron a buscarle

a las diez de la mañana.

 

Se lo llevaron a rastras

desde su lecho a la zanja,

tenía cara de niño,

y muy limpia la mirada.

 

Cuando fue a curar sus manos,

María quedó asolada,

estaba caliente el hueco

de su cabeza en la almohada.

 

Corrió y corrió a detenerlos

con su cabeza tocada,

recorrió todo el pasillo

hasta que llegó a la entrada.

 

Al camión ya lo subían

con sus dos manos atadas,

con su carita de niño

y una expresión muy clara.

 

María gritó su nombre,

para que él se girara,

sus miradas coincidieron,

sus sonrisas enfrentadas.

 

Ella intentó detenerlos,

les rogó que lo bajaran,

a los camisas azules

dijo que no había hecho nada.

 

Ella preguntó furiosa

que por qué se lo llevaban,

ellos dijeron por rojo,

él les contestó por nada.

 

Le dieron un culatazo,

le ordenaron que callara,

con sus camisas azules

y gritando viva España.

 

Le subieron al camión

del que nadie regresaba.

Él sonrió a María

para evitar que llorara.

 

Levantó sus dos manitas,

sus dos manitas quemadas,

y se las llevó hasta el pecho,

sus labios dijeron gracias.

 

Jamás le volvió a ver,

ni a darle galletas mojadas

en una infusión de achicoria

por la tarde a pie de cama.

 

Él era un joven muchacho

de una aldea segoviana,

ella una buena enfermera

que en Valdecilla curaba.

 

Con lágrimas en los ojos

vio como el camión marchaba,

las gaviotas se callaron,

y enmudeció la calandria.

 

Se lo llevaron un día,

un día de nubes blancas,

el cielo se puso rojo

a las diez de la mañana.

 

Luis J. Martín García-Sancho

Romance basado en hechos reales. 

La protagonista de esta historia es María García Sancho, mi tía. Nacida en Codorniz hacia 1900 y fallecida en Arévalo en 1978. 

Estos hechos nos los contaba, ya jubilada y con cierta nostalgia, en sus últimos años de vida. Ella se encargaba de curar al joven soldado las quemaduras de las manos en el Hospital de Valdecilla, donde trabajaba de enfermera. Ocurrió durante la guerra civil (1936-1939).

Las fotos, en las que María aparece vestida de enfermera, que acompañan esta entrada fueron tomadas en el Hospital de Valcecilla en marzo de 1950.

Las otras fotos familiares, fueron tomadas en Arévalo en esa misma década, durante alguna visita que María hizo a su hermano Luis, mi abuelo, en las que también aparecen: mi madre, muy joven, y mis tíos Luis y Javier, en la casa familiar del Paseo de la Alameda.

María frente al hospital de Valdecilla, en Santander.

María García Sancho con su hermano Luis y su sobrino Javier en Arévalo.

Arriba: María entre sus sobrinos Javier y Candelas en Arévalo.
Abajo: María junto a sus sobrinos Luis y Candelas.


Cuando María García Sancho se jubiló, se fue a vivir a Arévalo con su hermano Luis, y le asistió como enfermera varios años en su consulta de dentista, situada en la plaza del Arrabal.

Murió en la casa familiar en 1978, aquejada de demencia senil, ocho meses después de que falleciera su hermano "Luisito" como ella le llamaba de forma cariñosa, ya que era algún año mayor que él.

Nunca supimos si entre aquel joven soldado y María hubo algo más que una relación enfermera-paciente, pero intuimos que sí, pues en los años sesenta rara vez se hablaba de la guerra civil, "aquellos años canallas", como la oí decir en alguna ocasión.

Historias sencillas como esta, pero trágicas por sus consecuencias, deben ser contadas y recordadas, pues apenas queda ya gente que las viviera en primera persona.

Sólo la memoria histórica, si se hace colectiva, puede evitar que hechos trágicos y repudiables se repitan.

Me pregunto por qué hay gente que quiere derogar la ley de memoria histórica y por qué les vota tanta gente.

María García Sancho en el Hospital de Valdecilla, junto a algunos de sus compañeros en 1950. Donde trabajó cerca de treinta años.