miércoles, 9 de noviembre de 2016

LA CAZA EN EL QUIJOTE


Luis José Martín García-Sancho.

"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor".
Esta es seguramente una de las frases más famosas de la literatura universal con la que Cervantes empieza El Quijote y describe las pertenencias del protagonista de la historia, todavía Alonso Quijada pues no habían empezado sus aventuras y desventuras como caballero andante. Al citar a un galgo corredor, quiere hacer referencia la caza de la liebre, en la que, seguramente, don Alonso seguiría el desarrollo de la persecución desde su rocín flaco, al que más adelante bautizaría para la eternidad con el nombre de Rocinante.
Pero avanzando tan solo unos párrafos, Cervantes confirma la afición a la caza de don Quijote: "Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza". Solo unos párrafos después; Cervantes ratifica la afición a la caza del hidalgo manchego al referirse al inicio de su locura: "Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda". Como ven, Cervantes pone en primer lugar el ejercicio de la caza al de la administración de sus pertenencias.
caza de liebre con galgos (foto Reuters)

También la nobleza dedicaba una buena parte de su tiempo a la caza, según lo describe Cervantes en boca de Dorotea cuando se sintió engañada por don Fernando, hijo del duque Ricardo: "Pero no vino otra alguna, si no fue la siguiente, ni yo pude verle en la calle ni en la iglesia en más de un mes; que en vano me cansé en solicitallo, puesto que supe que estaba en la villa y que los más días iba a caza, ejercicio de que él era muy aficionado".
En la peculiar historia de amor entre Anselmo, Camila y Lotario, Cervantes hace nuevamente referencia a la afición a la caza de los "caballeros ricos y principales" tal y como los describe el autor: "Bien es verdad que el Anselmo era algo más inclinado a los pasatiempos amorosos que el Lotario, al cual llevaban tras sí los de la caza...".
También narra algunas técnicas curiosas o peculiares de caza como cuando describe como capturar al armiño: "Cuentan los naturales que el arminio es un animalejo que tiene una piel blanquísima, y que cuando quieren cazarle, los cazadores usan deste artificio: que, sabiendo las partes por donde suele pasar y acudir, las atajan con lodo, y después, ojeándole, le encaminan hacia aquel lugar, y así como el arminio llega al lodo, se está quedo y se deja prender y cautivar, a trueco de no pasar por el cieno y perder y ensuciar su blancura, que la estima en más que la libertad y la vida".
O esta otra que sucede en la pastoril Arcadia: "Llegó, en esto, el ojeo, llenáronse las redes de pajarillos diferentes que, engañados de la color de las redes, caían en el peligro de que iban huyendo."
En este párrafo perteneciente a la estancia de don Quijote en la cueva de Montesinos, hace referencia a la caza con señuelo comparándola con la hermosura de una mujer: "La hermosura, por sí sola, atrae las voluntades de cuantos la miran y conocen, y como a señuelo gustoso se le abaten las águilas reales y los pájaros altaneros.”
Águila Real (Aquila chrysaetos) estudio en acuarela de Juan Varela.

En las bodas de Camacho, Cervantes enumera los manjares que componían el fastuoso almuerzo, entre los que también se encontraban piezas de caza: "... las liebres ya sin pellejo y las gallinas sin pluma que estaban colgadas por los árboles para sepultarlas en las ollas no tenían número; los pájaros y caza de diversos géneros eran infinitos, colgados de los árboles para que el aire los enfriase..."
Por la manera de describir la caza, se podría decir que Cervantes la había practicado y que, por tanto, era aficionado a esta actividad o, al menos, perfecto conocedor de sus lances. No obstante, muchas de las referencias que hace son bastante más críticas, especialmente con las clases acomodadas que la practican, a diferencia de las personas más humildes que practicaban otro tipo de caza.
Antes de enfrentarse al caballero del bosque, su escudero se refiere al ejercicio de la caza como una actividad más suave que andar por los caminos: "Harto mejor sería que los que profesamos esta maldita servidumbre nos retirásemos a nuestras casas, y allí nos entretuviésemos en ejercicios más suaves, como si dijésemos, cazando o pescando; que, ¿qué escudero hay tan pobre en el mundo, a quien le falte un rocín, y un par de galgos, y una caña de pescar, con que entretenerse en su aldea?".
A lo que le responde Sancho de forma crítica: "A burla tendrá vuesa merced el valor de mi rucio, que rucio es el color de mi jumento. Pues galgos no me habían de faltar, habiéndolos sobrados en mi pueblo; y más, que entonces es la caza más gustosa cuando se hace a costa ajena".
En esta misma línea, Cervantes, a través de don Diego de Miranda, el caballero del verde gabán, hace referencia al ejercicio de la caza como una actividad principal entre las clases con mayor poder económico: "Yo, (...) soy más que medianamente rico y es mi nombre don Diego de Miranda; paso la vida con mi mujer, y con mis hijos, y con mis amigos; mis ejercicios son el de la caza y pesca, pero no mantengo ni halcón ni galgos, sino algún perdigón manso, o algún hurón atrevido".
Pero este gusto por la caza, que llega a definir como principal actividad entre la nobleza, caballeros principales o, incluso, entre gente acomodada, es criticada de forma sutil por Cervantes, generalmente en boca se Sancho.
El primer encuentro que tienen en Aragón don Quijote y Sancho con los Duques es, precisamente, a través de un lance de caza: "(...) tendió don Quijote la vista por un verde prado, y en lo último dél vio gente, y, llegándose cerca, conoció que eran cazadores de altanería. Llegóse más, y entre ellos vio una gallarda señora sobre un palafrén o hacanea blanquísima (...) En la mano izquierda traía un azor, señal que dio a entender a don Quijote ser aquélla alguna gran señora, que debía serlo de todos aquellos cazadores (...)"
Azor (Accipiter gentilis). Foto de David Pascual Carpizo

Más adelante hace saber que la caza de altanería o volatería hoy conocida como cetrería, está reservada a la nobleza y, por tanto un tipo de caza elitista sólo permitida a las clases acomodadas "para reyes y grandes señores". También hace referencia a este tipo de caza algo más adelante: "como hace el sacre o neblí sobre la garza para cogerla, por más que se remonte." Siendo sacre (Falco cherrug) y neblí (Falco peregrinus) dos especies de halcones.
Abundando en la cetrería, altanería o volatería, Cervantes utiliza otra especie de halcón, el gerifalte (Falco rusticolus), o girifalte como le llama Sancho, tanto para referirse a la caza utilizando esta rapaz, como a rango o autoridad, especialmente en esta frase en la que une ambas acepciones: "Y, cuando se cumpliere el escuderil vápulo, la blanca paloma se verá libre de los pestíferos girifaltes que la persiguen, y en brazos de su querido arrullador."
Durante su estancia en el palacio de los duques, al parecer ubicado en Pedrola, son invitados a una montería, donde narra con gran detalle los lances de esta modalidad de caza: "le llevaron a caza de montería, con tanto aparato de monteros y cazadores como pudiera llevar un rey coronado (...), y repartida la gente por diferentes puestos, se comenzó la caza con grande estruendo, grita y vocería, de manera que unos a otros no podían oírse, así por el ladrido de los perros como por el son de las bocinas (...) Apeóse la duquesa, y, con un agudo venablo en las manos, se puso en un puesto por donde ella sabía que solían venir algunos jabalíes. Apeóse asimismo el duque y don Quijote, y pusiéronse a sus lados; Sancho se puso detrás de todos, sin apearse del rucio (...) Y, apenas habían sentado el pie y puesto en ala con otros muchos criados suyos, cuando, acosado de los perros y seguido de los cazadores, vieron que hacia ellos venía un desmesurado jabalí, crujiendo dientes y colmillos y arrojando espuma por la boca; y en viéndole, embrazando su escudo y puesta mano a su espada, se adelantó a recebirle don Quijote. Lo mesmo hizo el duque con su venablo; pero a todos se adelantara la duquesa, si el duque no se lo estorbara. Sólo Sancho, en viendo al valiente animal, desamparó al rucio y dio a correr cuanto pudo, y, procurando subirse sobre una alta encina (...) Finalmente, el colmilludo jabalí quedó atravesado de las cuchillas de muchos venablos que se le pusieron delante.
Jabalí (Sus scrofa) F. Herrera

Ante este acontecimiento razona Sancho de la siguiente manera: "Si esta caza fuera de liebres o de pajarillos, seguro estuviera mi sayo de verse en este estremo. Yo no sé qué gusto se recibe de esperar a un animal que, si os alcanza con un colmillo, os puede quitar la vida". Y sigue Sancho con su crítica defendiendo al jabalí como un animal que no ha cometido delito alguno para ser abatido por el ejercicio de la caza: "Eso es lo que yo digo que no querría yo que los príncipes y los reyes se pusiesen en semejantes peligros, a trueco de un gusto que parece que no le había de ser, pues consiste en matar a un animal que no ha cometido delito alguno."
A lo que contesta el conde reforzando la condición elitista de esta modalidad de caza al estar reservada a reyes y grandes señores, a diferencia de la de liebres y pajarillos: "(...) el ejercicio de la caza de monte es el más conveniente y necesario para los reyes y príncipes que otro alguno. La caza es una imagen de la guerra: hay en ella estratagemas, astucias, insidias para vencer a su salvo al enemigo (...) y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de nadie y con gusto de muchos; y lo mejor que él tiene es que no es para todos, como lo es el de los otros géneros de caza, excepto el de la volatería, que también es sólo para reyes y grandes señores. Así que, ¡oh Sancho!, mudad de opinión, y, cuando seáis gobernador, ocupaos en la caza y veréis como os vale un pan por ciento."
A lo que responde Sancho nuevamente de forma muy crítica: "¡Bueno sería que viniesen los negociantes a buscarle fatigados y él estuviese en el monte holgándose! ¡Así enhoramala andaría el gobierno! Mía fe, señor, la caza y los pasatiempos más han de ser para los holgazanes que para los gobernadores."
Es curioso cómo Cervantes termina su más famosa obra literaria, pues la última escena que contempla don Quijote en el campo antes de quedar definitivamente recluido en su casa es una metáfora a su libertad perdida, algo que él realizaba con asiduidad en plena naturaleza antes de emprender sus aventuras: la caza con galgo, la que practicaba el pueblo llano: "por aquella campaña venía huyendo una liebre, seguida de muchos galgos y cazadores, la cual, temerosa, se vino a recoger y a agazapar debajo de los pies del rucio. Cogióla Sancho a mano salva y presentósela a don Quijote".
Grabado de F. Muntaner

En Arévalo, a 29 de febrero de 2016

Luis José Martín García-Sancho.

Artículo Publicado en La Llanura de Arévalo nº 82 de marzo de 2016.

martes, 8 de noviembre de 2016

CORTARÁN EL ÁRBOL

Pino negral (Pinus pinaster) (LJM)


Cortarán el árbol,
acabarán con el sueño.
Condenarán al hombre
que soñó con el árbol,
talarán sus sueños bellos.
Derribarán al árbol
y volverá el miedo
de soñar con otro árbol
que nos haga sentir libres,
felices, intrépidos.
Y cumplirán su deseo:
que la libertad no venga
a arrebatarles el miedo.
Cortarán el árbol,
acabarán con el hombre,
talarán sus sueños.
Arrancarán motosierras
cortarán su tronco esbelto,
tumbarán al gigante
centenario de otros tiempos,
nos dejarán sin la sombra
que los recuerdos guardaba,
memorias de los ancestros.
Nidos sin ramas
ramas sin trinos.
Pinos sin troncos
troncos caídos.
El sol en el cielo
sin sombra en el suelo.
Sí,
cortarán el árbol
y volverá el miedo.

En Arévalo, a cinco de noviembre de 2016.
Luis Losé Martín García-Sancho
Avda. Severo Ochoa antes y después de la tala. (G Maps)

viernes, 4 de noviembre de 2016

SE EQUIVOCÓ AYUNTAMIENTO


Parque Gómez Pamo de Arévalo. Foto de Julio Pascual.


A modo de introducción:
Cordura viene de corazón, indica prudencia, reflexión.
A veces, en determinados actos, se pierde la cordura por falta de prudencia o reflexión. Gastar dinero público para asfaltar un espacio natural como un parque urbano parece que no es un acto muy reflexivo y va contra la naturalidad del propio espacio, su propio corazón y razón de ser.
¿Asfaltar un espacio natural solo porque hay una partida presupuestaria?
Pido una mayor cordura para gastar dinero público, ¿qué dirían los madrileños si les asfaltaran el parque del Retiro o los pucelanos en el caso del Campo Grande?, Gástese ese dinero en el espacio natural que es un parque urbano no para que pierda su esencia sino para mejorarlo realmente.


Se equivocó Ayuntamiento.
Se equivocaba.
Por adoquinar el Paseo.
Se equivocaba.
Creyó que adoquín era hierba.
Se equivocaba.
Que cemento era arena.
Se equivocaba.
Que la vida renacía
en el suelo castigado.
Se equivocaba.
Que la gente prefería
unas piedras encajadas.
Se equivocaba.
El parque lloraba vida
y la losa la tapaba.

En Arévalo, a cuatro de noviembre de 2016.
Luis José Martín García-Sancho.
(Recreación del poema de Rafael Alberti "Se equivocó la paloma")

(Aquí irá la foto del paseo una vez adoquinado)
El 23 de noviembre de 2016 comienzan las obras de adoquinado del Paseo, Foto Luis J. Martín

sábado, 22 de octubre de 2016

ARÉVALO ESTÁ DE MODA


COLORES DE TEMPORADA:


1: Ribera del Adaja desde Foronda.


2: Ribera del Arevalillo desde el eco, (castillo).


3: Ribera del Adaja desde Foronda.

4: Ribera del Arevalillo desde el puente de Medina. (San Miguel).

5: Ribera del Adaja desde el rincón de Foronda.

6: Ribera del Arevalillo desde el puente de Medina.

7: Ribera del Adaja desde Foronda, molino medieval y actual.

8: Ribera del Arevalillo desde el puente de los Barros.

Fotos tomadas en Arévalo, el 20 y 21 de octubre de 2016.
Luis José Martín García-Sancho.

sábado, 15 de octubre de 2016

LA RESPUESTA ESTÁ EN EL VIENTO


BOB DYLAN

Hace cuarenta o cincuenta años, mientras que en la España franquista, Paco Ibáñez tenía que irse a cantar sus letras a Francia para no ser detenido, o en Chile la dictadura de Pinochet asesinaba a Víctor Jara, en los Estados unidos de América el joven Robert Zimmerman, más conocido por su pseudónimo: Bob Dylan, ya triunfaba como cantautor, ofreciendo conciertos multitudinarios y colocando sus temas en las primeros puestos de las listas de éxito durante largo tiempo. A pesar de que sus letras reivindicativas eran molestas para los dirigentes de un país metido hasta los tuétanos en la incómoda, absurda y dolorosa guerra de Vietnam, sus canciones pronto se convirtieron en abanderadas contra esa inútil contienda.
Quizás deberíamos copiar un poco de la sociedad americana en el sentido de que no aparta o tacha de rupturista, antisistema o radical a una parte de la cultura que puede resultar incómoda para el poder establecido. 
Así lo ha reconocido la academia sueca al concederle el máximo galardón de las letras, el Premio Nobel de Literatura, "por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción". Su influencia en la canción pop/rock ha sido reconocida por Bruce Springsteen, Beatles o Rolling Stones, entre otros.
Bob Dylan recibió el Premio Príncipe de Asturias en 2007 y también ha ganado un Oscar, un Pulitzer y diez Grammy.
He aquí una pequeña muestra de su creación literaria en la letra de una de las canciones más famosas del cantautor americano:
LA RESPUESTA ESTÁ EN EL VIENTO
(BOB DYLAN)
¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre
antes de que lo llamen hombre?
¿Cuántos mares debe surcar una paloma blanca
antes de que duerma en la arena?
¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón
antes de que sean prohibidas para siempre?
La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento,
la respuesta está soplando en el viento.
¿Cuántos años puede existir una montaña
antes de que sea bañada por el mar?
¿Cuántos años pueden algunas personas existir
antes de que se les permita ser libres?
¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza
y fingir que simplemente no ve?
La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento,
la respuesta está soplando en el viento.
¿Cuántas veces debe un hombre alzar la vista
antes de que pueda ver el cielo?
¿Cuántos oídos debe tener un hombre
antes de que pueda escuchar a la gente llorar?
¿Cuántas muertes serán necesarias
hasta que él comprenda?
La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento,
la respuesta está soplando en el viento.




lunes, 10 de octubre de 2016

MONUMENTO NATURAL


Río Adaja desde las cuestas de Foronda de Arévalo

fotos de Luis J. Martín

Piensen, queridos lectores, en un lugar con arte e historia, con monumentos civiles y religiosos de primer orden, con reconocida tradición cultural y, además, con un medio ambiente al alcance de todos que permita el disfrute de valiosos espacios naturales sin realizar desplazamientos. Un lugar, entonces, en el que con un simple paseo podamos disfrutar de tradición, arte, historia y naturaleza, todo en el mismo lote. Pues ese lugar existe, le tienen ustedes mucho más cerca de lo que piensan. Sí, es nuestro querido Arévalo. No dan crédito, ¿verdad?
Arévalo en su conjunto y, en especial, su casco histórico está flanqueado por los valles y riberas de los ríos Adaja, por el este, y Arevalillo por el poniente, que forman un espacio natural de incalculable valor pero que, desgraciadamente, pasa desapercibido para la mayoría de los habitantes habituales y de los visitantes ocasionales. En Arévalo no hemos sabido o no hemos querido aprovechar este auténtico cinturón verde, a pesar de que hemos visto como otras ciudades, menos afortunadas ambientalmente, inventaban o creaban algo parecido a lo que nosotros poseemos desde siempre, para que sus habitantes o turistas puedan pasear tranquilamente, resguardados de los fríos y los calores, disfrutando de la naturaleza. En estas ciudades su Ayuntamiento apostó por la naturaleza y ganó: en prestigio, reconocimiento, calidad de vida. Absurdo, ¿verdad? Arévalo posee lo que otras ciudades ansían tener pero lo ignora, lo menosprecia, lo deteriora, lo ningunea.
Río Arevalillo en la primavera de 2013

Las riberas de los ríos Adaja y Arevalillo son todo un espectáculo de colorido cambiante, un museo natural con diferentes exposiciones temporales según la época del año. Un auditorio abierto a todo tipo de conciertos naturales donde solistas como ruiseñor, mirlo, petirrojo, chochín o curruca capirotada son acompañados por una sinfonía de jilgueros, verderones, verdecillos, pardillos, pinzones, carboneros, herrerillos… Todo ello acompañado por el arrullo de la corriente y el aire entre el follaje. Y los olores…
Desde la Alhóndiga propusimos hace años incorporar este espacio verde, que la naturaleza nos regala de forma gratuita, para ofrecer a propios y extraños una mayor oferta de ocio, deportiva o turística. Presentamos al Ayuntamiento una iniciativa de rutas eco-deportivas que irían paralelas al cauce de los dos ríos. Pero parece que la propuesta, como tantas otras, cayó en el saco roto de la inacción municipal. Tenemos la naturaleza en estado puro al alcance de la mano pero la damos la espalda.
Lástima.


Artículo publicado como Editorial en número 59 de La Llanura de Arévalo, en abril de 2014.
P.D.: Parece que algo se va logrando. Todavía queda mucho por hacer... raciones enormes de paciencia. 
río Adaja en primavera de 2013 desde el castillo de Arévalo

Aspecto deteriorado del Adaja justo debajo del mirador en el año 2013 


jueves, 6 de octubre de 2016

RIMAS QUE NO RIMAN


Diputados, senadores
que os movéis como compaña
pensando que sois mejores
que el pueblo llano de España.
Luego decís que os extraña
estar tan mal valorados
y volvéis a hacer campaña
por cientos, cientos de lados.
Aunque sois privilegiados
mentís igual que bellacos
y os sentís muy despechados
tratándonos como patacos.
Poneros a mover sacos
tal vez así hagáis historia,
oleros después los sobacos
a ver si huelen a gloria.
Solo queréis la victoria
que os deje gobernar solos
y abrir puerta giratoria
mejor que un pleno en los bolos.
No pactáis con protocolos
y mal os salen las cosas,
sois peor que los pipiolos
ni con gaviotas, ni rosas.
Las masas no están furiosas,
eso es lo que más me extraña,
cosas de las más curiosas
del pueblo llano de España.

En Arévalo, a seis de octubre de 2016.
Luis José Martín García-Sancho.

martes, 27 de septiembre de 2016

MUDÉJAR MONASTERIAL AREVALENSE I

MUDÉJAR MONASTERIAL AREVALENSE

Restos de las capillas del convento de San Francisco

- I : CONVENTO DE SAN FRANCISCO


Según la tradición, fue fundado por el propio San Francisco de Asís en el año 1212 cuando pasó por Arévalo en peregrinación hacia Santiago de Compostela, y según otras fuentes en 1214. Reedificado en el siglo XV durante el reinado de Juan II, el padre de Isabel I de Castilla, bajo la protección de su primera esposa, María de Aragón, concediéndole el título de Convento Real. Ocupó una gran superficie de la que, con el tiempo, se fueron segregando partes para edificar otros conventos como Montalvas, Aldonza o Encarnación. A este conjunto de conventos se le denominó "campo santo". El rey de Castilla Enrique IV, hijo del Juan II y hermanastro de Isabel I, celebró Cortes en este edificio.
Tenía una extensa huerta, dos claustros, iglesia con varias capillas y fue utilizado por la Casa Real y la nobleza arevalense para realizar sus enterramientos.
En la actualidad, el convento como tal ha desaparecido y tan solo quedan algunos vestigios y pequeñas ruinas Entre el callejón de la Esperanza y la calle Adoberas. Debió de ocupar el espacio comprendido entre el callejón de la Esperanza por el norte, la calle Arco de Ávila por el este, calle Adoberas por el sur, plaza de Fray Juan Gil, calle capitán Luis Vara y plaza de San Francisco por el oeste.

Hace unos años se restauró un pequeño espacio perteneciente a las capillas de la iglesia del convento con una subvención europea en las que se conservaron tres grandes arcos de ladrillo. La mayoría de los restos se encuentran entre estas capillas, la casa que se conoce como de "Nena Barrado", el almacén de materiales de construcción de Ricardo Jiménez y lo que fue el corral de los Muleteros, hoy plaza de Isabel de Barcelos y calle de Isabel de Portugal.
Espacio restaurado de lo que fueron capillas de la iglesia del convento, donde se han conservado tres arcos de ladrillo mudéjar de grandes dimensiones, dos de medio punto y uno rebajado.
Placa de la capilla restaurada


Detalle de uno de los grandes arcos de medio punto de las capillas restauradas.

Ruinas de la casa conocida como Nena Barrado

Aspecto exterior de las capillas hacia el callejón de la Esperanza.

Aspecto exterior de una de las capillas sin restaurar

Aspecto interior de la capilla anterior

Detalle de adorno de ladrillos en esquinilla

Detalle de friso de ladrillos en sardinel colocados en esquinilla

Antiguo farol que se conserva en un lateral de la capilla

Espacio que debió de ocupar la iglesia del convento


Gran arco carpanel de ladrillo mudéjar que debió pertenecer a alguna dependencia del convento

conjunto de pesebres realizados en ladrillo mudéjar después de que el convento fuera abandonado.

En los pocos restos que se han salvado de la fachada sur destaca esta pared en la que se conservan arcos adintelados con arco superior de descarga y de medio punto:
Detalle de la fachada sur del convento desde la calle de Isabel de Portugal.

Detalle de tres arcos adintelados  dos completos y uno incompleto

Detalle de un original arco adintelado con arco rebajado de descarga.

detalle de dos arcos de medio punto

Detalle de uno de los dos arcos anteriores de medio punto, como puede apreciarse es abocinado

Detalle de un arco adintelado con un original arco superior de descarga con una finalidad más ornamental que funcional.

Vista general de las fachadas sur y este desde la calle de Isabel de Portugal

Vista parcial de la fachada este a la plaza de Isabel de Barcelos

Vista parcial de la fachada este, abierta a la plaza Isabel de Barcelos, con dos arcos adintelados que daban a las huertas y cajones de mampostería separados por verdugadas de ladrillos, modo de construir característico del arte mudéjar.

Detalle de una de las antiguas ventanas de la fachada este

Vista parcial de la fachada este desde la plaza de Isabel de Barcelos

Arévalo, a 25 de septiembre de 2016. 

Luis José Martín García-Sancho

Bibliografía consultada:
- Guerra, R.; Oviedo, C. Hungría, R.; Delgado, P.; del Río, P.: 1993. Arévalo y su Tierra. Imcodavila, S.A.
- Artículos de La Llanura de Arévalo: DE CONVENTOS Y ABADÍAS
- Artículos de Arevaceos: MUDÉJAR CIVIL AREVALENSE