miércoles, 9 de noviembre de 2016

LA CAZA EN EL QUIJOTE


Luis José Martín García-Sancho.

"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor".
Esta es seguramente una de las frases más famosas de la literatura universal con la que Cervantes empieza El Quijote y describe las pertenencias del protagonista de la historia, todavía Alonso Quijada pues no habían empezado sus aventuras y desventuras como caballero andante. Al citar a un galgo corredor, quiere hacer referencia la caza de la liebre, en la que, seguramente, don Alonso seguiría el desarrollo de la persecución desde su rocín flaco, al que más adelante bautizaría para la eternidad con el nombre de Rocinante.
Pero avanzando tan solo unos párrafos, Cervantes confirma la afición a la caza de don Quijote: "Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza". Solo unos párrafos después; Cervantes ratifica la afición a la caza del hidalgo manchego al referirse al inicio de su locura: "Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda". Como ven, Cervantes pone en primer lugar el ejercicio de la caza al de la administración de sus pertenencias.
caza de liebre con galgos (foto Reuters)

También la nobleza dedicaba una buena parte de su tiempo a la caza, según lo describe Cervantes en boca de Dorotea cuando se sintió engañada por don Fernando, hijo del duque Ricardo: "Pero no vino otra alguna, si no fue la siguiente, ni yo pude verle en la calle ni en la iglesia en más de un mes; que en vano me cansé en solicitallo, puesto que supe que estaba en la villa y que los más días iba a caza, ejercicio de que él era muy aficionado".
En la peculiar historia de amor entre Anselmo, Camila y Lotario, Cervantes hace nuevamente referencia a la afición a la caza de los "caballeros ricos y principales" tal y como los describe el autor: "Bien es verdad que el Anselmo era algo más inclinado a los pasatiempos amorosos que el Lotario, al cual llevaban tras sí los de la caza...".
También narra algunas técnicas curiosas o peculiares de caza como cuando describe como capturar al armiño: "Cuentan los naturales que el arminio es un animalejo que tiene una piel blanquísima, y que cuando quieren cazarle, los cazadores usan deste artificio: que, sabiendo las partes por donde suele pasar y acudir, las atajan con lodo, y después, ojeándole, le encaminan hacia aquel lugar, y así como el arminio llega al lodo, se está quedo y se deja prender y cautivar, a trueco de no pasar por el cieno y perder y ensuciar su blancura, que la estima en más que la libertad y la vida".
O esta otra que sucede en la pastoril Arcadia: "Llegó, en esto, el ojeo, llenáronse las redes de pajarillos diferentes que, engañados de la color de las redes, caían en el peligro de que iban huyendo."
En este párrafo perteneciente a la estancia de don Quijote en la cueva de Montesinos, hace referencia a la caza con señuelo comparándola con la hermosura de una mujer: "La hermosura, por sí sola, atrae las voluntades de cuantos la miran y conocen, y como a señuelo gustoso se le abaten las águilas reales y los pájaros altaneros.”
Águila Real (Aquila chrysaetos) estudio en acuarela de Juan Varela.

En las bodas de Camacho, Cervantes enumera los manjares que componían el fastuoso almuerzo, entre los que también se encontraban piezas de caza: "... las liebres ya sin pellejo y las gallinas sin pluma que estaban colgadas por los árboles para sepultarlas en las ollas no tenían número; los pájaros y caza de diversos géneros eran infinitos, colgados de los árboles para que el aire los enfriase..."
Por la manera de describir la caza, se podría decir que Cervantes la había practicado y que, por tanto, era aficionado a esta actividad o, al menos, perfecto conocedor de sus lances. No obstante, muchas de las referencias que hace son bastante más críticas, especialmente con las clases acomodadas que la practican, a diferencia de las personas más humildes que practicaban otro tipo de caza.
Antes de enfrentarse al caballero del bosque, su escudero se refiere al ejercicio de la caza como una actividad más suave que andar por los caminos: "Harto mejor sería que los que profesamos esta maldita servidumbre nos retirásemos a nuestras casas, y allí nos entretuviésemos en ejercicios más suaves, como si dijésemos, cazando o pescando; que, ¿qué escudero hay tan pobre en el mundo, a quien le falte un rocín, y un par de galgos, y una caña de pescar, con que entretenerse en su aldea?".
A lo que le responde Sancho de forma crítica: "A burla tendrá vuesa merced el valor de mi rucio, que rucio es el color de mi jumento. Pues galgos no me habían de faltar, habiéndolos sobrados en mi pueblo; y más, que entonces es la caza más gustosa cuando se hace a costa ajena".
En esta misma línea, Cervantes, a través de don Diego de Miranda, el caballero del verde gabán, hace referencia al ejercicio de la caza como una actividad principal entre las clases con mayor poder económico: "Yo, (...) soy más que medianamente rico y es mi nombre don Diego de Miranda; paso la vida con mi mujer, y con mis hijos, y con mis amigos; mis ejercicios son el de la caza y pesca, pero no mantengo ni halcón ni galgos, sino algún perdigón manso, o algún hurón atrevido".
Pero este gusto por la caza, que llega a definir como principal actividad entre la nobleza, caballeros principales o, incluso, entre gente acomodada, es criticada de forma sutil por Cervantes, generalmente en boca se Sancho.
El primer encuentro que tienen en Aragón don Quijote y Sancho con los Duques es, precisamente, a través de un lance de caza: "(...) tendió don Quijote la vista por un verde prado, y en lo último dél vio gente, y, llegándose cerca, conoció que eran cazadores de altanería. Llegóse más, y entre ellos vio una gallarda señora sobre un palafrén o hacanea blanquísima (...) En la mano izquierda traía un azor, señal que dio a entender a don Quijote ser aquélla alguna gran señora, que debía serlo de todos aquellos cazadores (...)"
Azor (Accipiter gentilis). Foto de David Pascual Carpizo

Más adelante hace saber que la caza de altanería o volatería hoy conocida como cetrería, está reservada a la nobleza y, por tanto un tipo de caza elitista sólo permitida a las clases acomodadas "para reyes y grandes señores". También hace referencia a este tipo de caza algo más adelante: "como hace el sacre o neblí sobre la garza para cogerla, por más que se remonte." Siendo sacre (Falco cherrug) y neblí (Falco peregrinus) dos especies de halcones.
Abundando en la cetrería, altanería o volatería, Cervantes utiliza otra especie de halcón, el gerifalte (Falco rusticolus), o girifalte como le llama Sancho, tanto para referirse a la caza utilizando esta rapaz, como a rango o autoridad, especialmente en esta frase en la que une ambas acepciones: "Y, cuando se cumpliere el escuderil vápulo, la blanca paloma se verá libre de los pestíferos girifaltes que la persiguen, y en brazos de su querido arrullador."
Durante su estancia en el palacio de los duques, al parecer ubicado en Pedrola, son invitados a una montería, donde narra con gran detalle los lances de esta modalidad de caza: "le llevaron a caza de montería, con tanto aparato de monteros y cazadores como pudiera llevar un rey coronado (...), y repartida la gente por diferentes puestos, se comenzó la caza con grande estruendo, grita y vocería, de manera que unos a otros no podían oírse, así por el ladrido de los perros como por el son de las bocinas (...) Apeóse la duquesa, y, con un agudo venablo en las manos, se puso en un puesto por donde ella sabía que solían venir algunos jabalíes. Apeóse asimismo el duque y don Quijote, y pusiéronse a sus lados; Sancho se puso detrás de todos, sin apearse del rucio (...) Y, apenas habían sentado el pie y puesto en ala con otros muchos criados suyos, cuando, acosado de los perros y seguido de los cazadores, vieron que hacia ellos venía un desmesurado jabalí, crujiendo dientes y colmillos y arrojando espuma por la boca; y en viéndole, embrazando su escudo y puesta mano a su espada, se adelantó a recebirle don Quijote. Lo mesmo hizo el duque con su venablo; pero a todos se adelantara la duquesa, si el duque no se lo estorbara. Sólo Sancho, en viendo al valiente animal, desamparó al rucio y dio a correr cuanto pudo, y, procurando subirse sobre una alta encina (...) Finalmente, el colmilludo jabalí quedó atravesado de las cuchillas de muchos venablos que se le pusieron delante.
Jabalí (Sus scrofa) F. Herrera

Ante este acontecimiento razona Sancho de la siguiente manera: "Si esta caza fuera de liebres o de pajarillos, seguro estuviera mi sayo de verse en este estremo. Yo no sé qué gusto se recibe de esperar a un animal que, si os alcanza con un colmillo, os puede quitar la vida". Y sigue Sancho con su crítica defendiendo al jabalí como un animal que no ha cometido delito alguno para ser abatido por el ejercicio de la caza: "Eso es lo que yo digo que no querría yo que los príncipes y los reyes se pusiesen en semejantes peligros, a trueco de un gusto que parece que no le había de ser, pues consiste en matar a un animal que no ha cometido delito alguno."
A lo que contesta el conde reforzando la condición elitista de esta modalidad de caza al estar reservada a reyes y grandes señores, a diferencia de la de liebres y pajarillos: "(...) el ejercicio de la caza de monte es el más conveniente y necesario para los reyes y príncipes que otro alguno. La caza es una imagen de la guerra: hay en ella estratagemas, astucias, insidias para vencer a su salvo al enemigo (...) y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de nadie y con gusto de muchos; y lo mejor que él tiene es que no es para todos, como lo es el de los otros géneros de caza, excepto el de la volatería, que también es sólo para reyes y grandes señores. Así que, ¡oh Sancho!, mudad de opinión, y, cuando seáis gobernador, ocupaos en la caza y veréis como os vale un pan por ciento."
A lo que responde Sancho nuevamente de forma muy crítica: "¡Bueno sería que viniesen los negociantes a buscarle fatigados y él estuviese en el monte holgándose! ¡Así enhoramala andaría el gobierno! Mía fe, señor, la caza y los pasatiempos más han de ser para los holgazanes que para los gobernadores."
Es curioso cómo Cervantes termina su más famosa obra literaria, pues la última escena que contempla don Quijote en el campo antes de quedar definitivamente recluido en su casa es una metáfora a su libertad perdida, algo que él realizaba con asiduidad en plena naturaleza antes de emprender sus aventuras: la caza con galgo, la que practicaba el pueblo llano: "por aquella campaña venía huyendo una liebre, seguida de muchos galgos y cazadores, la cual, temerosa, se vino a recoger y a agazapar debajo de los pies del rucio. Cogióla Sancho a mano salva y presentósela a don Quijote".
Grabado de F. Muntaner

En Arévalo, a 29 de febrero de 2016

Luis José Martín García-Sancho.

Artículo Publicado en La Llanura de Arévalo nº 82 de marzo de 2016.

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