martes, 10 de noviembre de 2020

¡Muerte a la canalla marxista!

 



Toda generalización suele ser exagerada, a veces, absurda e, individualmente, irreal. A pesar de ello, con demasiada frecuencia, se tiende a generalizar:

- “Los de derechas son ricos, selectos y educados. Pueden vivir en urbanizaciones de postín y comer mariscadas con buen vino, sus principios se lo permiten. Están a favor de la tauromaquia, de la la caza y son católicos convencidos”.

- “Los de izquierdas son pobres, vulgares y groseros. Deben vivir en un pisito de cuarenta y cinco metros cuadrados en un barrio obrero, su condición obrera no les permite comer mariscadas con buen vino. Van en contra de los toros, de la caza y de la religión”.

Entonces, saltan todas las alarmas cuando a una persona de izquierdas se le ocurre, por ejemplo, romper estos patrones preestablecidos y se va a vivir a una urbanización cara, o se mete entre pecho y espalda un festín regado con un gran reserva en el restaurante más selecto del momento.

Todo esto me recuerda a una conversación que tuvimos mi padre y yo hace dos o tres años. Mis padres son personas religiosas y practicantes, viven en un chalet con terreno alrededor, en una zona bastante céntrica de Arévalo. Y sí, tranquilos, con ellos no se rompe el estereotipo, son conservadores, vamos, de derechas.

Hace años que mi madre perdió la memoria debido a una demencia senil. Actualmente, necesita asistencia y cuidados constantes, hay que ayudarla a caminar, asearla, acostarla, alimentarla y medicarla. Hasta hace poco dependía al cien por cien de mi padre, hasta que él también empezó a necesitar ayuda.

Los domingos solemos turnarnos mi hermana y yo para quitar algo de peso de las espaldas del bueno de César. Mi padre sabe que no soy de derechas. Aunque esto no ha sido nunca causa de enfado, sí, de enriquecedor debate. Pues bien, antes de que empezara esta maldita pandemia, acudían todos los domingos a misa a los Salesianos. Yo les acompañaba hasta la puerta de la iglesia y luego me volvía.

Uno de esos domingos tuvimos esta conversación:

- Como nos acompañas a misa –me dijo señalando alrededor-, se va a pensar la gente que te has hecho bueno y que vas todos los domingos a misa.

Yo me reí. César siempre ha tenido una fina ironía, no comprendida por todo el mundo.

- No hace falta ni ir a misa ni ser religioso para ser bueno –contesté sin acritud-. De hecho hay gente que va a misa a diario y no les llamaría buenas personas, al contrario.

- Ahora que lo dices –contestó César intentando recordar-, me contó mi padre una anécdota… no logro recordar el nombre de la mujer. Él decía que era la peor persona que había conocido en su dilatada vida, y mira que tu abuelo Domingo fue viajante en sus tiempos mozos y conoció a un montón de personas de todo tipo y clase social.

- Pues bien, me contaba tu abuelo –continuó César-, que nada más estallar la guerra civil, esa mujer, cuyo nombre no recuerdo, salió a la calle gritando como una energúmena: “¡Muerte a la canalla marxista!”. Y lo repetía una y otra vez, roja de ira, apretando los puños con fuerza y con los ojos desorbitados. Era una de las mayores beatas de Arévalo, de misa diaria, de rosario vespertino y de escapularios y relicarios al cuello. Pertenecía a todas las cofradías habidas y por haber y en su casa, cada cierto tiempo, tenía un altar portátil de la virgen del Carmen o de cualquier otra que se llevara semanalmente de casa en casa.

- No conocía esa historia -le contesté muy interesado-. Eso demuestra que la bonhomía no se logra asistiendo a misa, sino con tu manera de ser o de tratar a los demás ¿No recuerdas quién era?

- No me acuerdo del nombre, creo que era pariente de tu tío Ezequiel.

- Mira, el ejemplo contrario –le contesté-. Me contó abuelo que, al principio de la guerra, los falangistas le fueron a buscar a la tienda y le hicieron subir a un camión para “darle el paseo”. Tío Ezequiel que, por lo visto, era uno de los jefes locales de falange, había sido compañero de abuelo en su etapa de viajante. Afortunadamente, se enteró de que se llevaban a su amigo Domingo. Entonces, uniformado de falangista, se acercó al camión y les obligó a que dejaran bajar a abuelo, que ya veía sus horas contadas, diciendo: “Domingo se baja, yo me hago cargo de él”. Felizmente, obedecieron y lo dejaron bajar. Me decía que, si no hubiera sido por Ezequiel, seguramente, no nos hubiéramos conocido.

Domingo, en el centro junto a su hijo César, a su biznieto David y a su nieto Luis. De haberle dado el "paseo" esta foto no hubiera sido posible. Imagen de 1987.

Tío Ezequiel era una persona muy religiosa y practicante. Abuelo se reía cuando me contaba que, muchos años después, Ezequiel le preguntaba que si se había confesado recientemente porque ya iban teniendo una edad y debían estar preparados. A lo que abuelo le contestaba que no hacía falta porque, que él supiese, no había vuelto nadie después de muerto para decirle si le iba bien en el cielo o si estaba ardiendo en el infierno por sus malos actos. A lo que abuela, seguramente para quitarle hierro decía: “¡Huy Domingo!, qué cosas dices”.

- Sí, es cierto –dijo mi padre-. Yo tenía cuatro años por entonces, tu tío Emilio, cinco, Lolita, meses y tu tío Javier aún no existía. Luego se fue a pasar una temporada a Párraces de Segovia con tu bisabuelo Emilio para evitar represalias. Por lo visto, el bisabuelo Emilio también acogió a mucha gente durante la guerra en Párraces, finca de la que era el administrador.

Con esto llegamos a la puerta de la iglesia, me despedí de mis padres, y volví sobre mis pasos muy conforme, preguntándome por qué no tendríamos conversaciones de este tipo, con mayor frecuencia, y por qué no habría hablado con mi abuelo más a menudo de este tipo de historias cuando aún vivía. Historias verdaderas relatadas en primera persona por sus protagonistas. 

En Arévalo, a veinticuatro de septiembre de 2020.

Luis J. Martín.

Artículo publicado en La Llanura número 137 de octubre de 2020.

 

Sentados: Domingo y Dolores.
En pie: César y Candelas.
En brazos: David
Autor de la foto: Luis J. Martín.
Cuatro generaciones en 1987.

César y Candelas. Foto actual.

 

 


miércoles, 28 de octubre de 2020

POSEER LA BELLEZA

 



 

Poseer indica poder, apoderarse, adueñarse. Pero, ¿se puede poseer la belleza?

La especie humana lo intenta desde la noche de los tiempos, pues está claro que, como especie, somos bastante posesivos. Nos creemos dueños de aquello que nos rodea.

Lo peor, que, por regla general, cuando el hombre, como especie, como sociedad, se apodera de la belleza, esta deja de serlo, al menos, para el resto de las personas. Pues la individualidad del ser humano suele hacer suyo lo que antes no pertenecía a nadie y, por lo tanto, todos podíamos disfrutar de ello.

Si hablamos de belleza, quizás a muchos de ustedes se les vengan a la cabeza varias imágenes, casi seguro que una de ellas será una flor, pues representa una belleza simple, sencilla, natural.

La flor de la imagen es la Sternbergia lutea una flor emparentada con el narciso, símbolo de belleza, incluso en la mitología clásica. Esta flor rastrera, pero indudablemente bella, no pasa desapercibida. Su color, su textura, su brillo, su época de floración otoñal, cuando la mayoría de las flores ya se han marchitado, hacen que sea atractiva para la vista, incluso a quien no le gusten las flores.

Se trata de una flor que crece de forma silvestre, tanto en la ribera del Adaja como en la del Arevalillo. Cualquiera puede admirar su belleza, pues crece en el campo en otoño, generalmente formando corros. No tiene dueño, dueño humano me refiero, pues, en realidad, todos pertenecemos a natura.

Pero el afán de posesión humana no tiene límites y es capaz de adueñarse de aquello que no le pertenece o de aquello que nos pertenece a todos.

Entre las fotos que muestro a continuación solo pasó una semana.

entre estas dos imágenes solo pasó una semana.


Alguien, provisto con un azadón, se apropió de varias plantas Stembergia lutea, también conocido como narciso de otoño.

Corros de Narciso de otoño en la ladera del Arevalillo a su paso por Arévalo.

En esta imagen se aprecia cómo quien se adueñó de los narcisos de otoño, destruyó varios bulbos.

Lo que antes podíamos disfrutar todos, ahora solo lo disfrutará la persona o las personas que arrancaron las flores. Pues se han apoderado de ellas. Poseer algo, para nuestra especie indica poder y si es bello el poder se incrementa.

Esto es un pequeño ejemplo de lo que implica el afán de la especie humana por poseer la belleza, privatizar, individualizar lo que antes pertenecía a la colectividad. Pero pasa lo mismo con paisajes o parajes. Un lugar, en natura, suele ser bello, sencillamente, porque es natural, porque la especie humana no ha intervenido. Pero el afán de posesión nos hace, una y otra vez, destruir esa belleza, adulterarla, modificarla para nuestro disfrute personal o grupal. Para ello levantamos, urbanizaciones, campos de golf o cualquier otra construcción, en lugares hermosos, por lo que automáticamente dejan de serlo, pierden su esencia. O los Hacemos accesibles con carreteras, autovías, cómodas pistas, por lo que un espacio hermoso y tranquilo deja de serlo por la masificación y lo que ésta conlleva: basuras, desperdicios, degradación, extinción o desaparición de especies…

Lo que empieza con poseer una simple flor, con privatizar su hermosura, se convierte en poseer todo el espacio donde crece, adueñarse de paisajes prístinos.

Salvo excepciones, cuando la especie humana se apodera de la belleza, también, la hace desaparecer como tal. Arranca todas las flores de una ladera, con lo que la ladera, hermosa por las flores, pierde belleza. Construye una urbanización en un paraje natural bello, con lo que el paraje natural pierde su belleza original.

Me pregunto si seremos capaces algún día de disfrutar de la belleza sin más, sin tener la necesidad de poseerla, de destruirla.

No soy optimista con la respuesta.

Lástima.

 

En Arévalo, otoño de 2020

Luis J. Martín.

 

Gracias a F. de Sande y a J. García por poner nombre a esta flor.





sábado, 17 de octubre de 2020

VOTO FEMENINO Y GOBIERNO DE LOS JUECES

 


 

Cuando allá por 1931, en la segunda república, Clara Campoamor, elegida diputada por Madrid por el partido Radical, defendió en el Parlamento español el sufragio femenino, es decir, que las mujeres pudieran votar en todas las elecciones, muchos parlamentarios de distintas ideologías y partidos políticos se la echaron encima, como Victoria Kent o Roberto Novoa, porque pensaban que una buena parte del voto femenino estaría dirigido o influenciado por la iglesia católica y, por tanto, sería un voto de derechas y contrario a la república.

Finalmente, la propuesta quedó aprobada por una mayoría simple: 161 votos a favor, 121 en contra y 188 abstenciones, una abstención muy superior a la de los votos favorables. Al parecer, había muchas dudas sobre si la mujer era capaz de elegir libremente a los representantes políticos.  De esto no hace ni noventa años, hoy en día, nadie duda de la capacidad de la mujer para elegir, entre otras cosas, porque poner en duda esa capacidad de libertad de las mujeres es anticonstitucional.

Clara Campoamor

Pero ustedes se estarán preguntando qué tendrá que ver el voto de la mujer con el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), es decir, con el órgano de gobierno de los jueces y, por tanto, de uno de los tres poderes del Estado: el Judicial, así reconocido en la Constitución de 1978, que en el punto 2 de su primer artículo dice lo siguiente:

“La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.”

No dice que la soberanía nacional resida en los partidos políticos, ni que de estos emanen los poderes del Estado. Dice, de forma clara, que reside en el pueblo español, es decir en usted, en mí, en todos y cada uno de nosotros. Entonces, según el artículo 117 de la Constitución: “La justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del poder judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley.”

La clave constitucional está, entonces, en que la justicia emana del pueblo y en la independencia de los jueces y magistrados respecto a los otros dos poderes del Estado, el legislativo y el ejecutivo.

Es cierto que, a los miembros del poder legislativo, es decir, diputados y senadores, los elige el pueblo español, pero el pueblo español no elige al gobierno de los jueces, al CGPJ. Para muchos, como a los parlamentarios los elegimos nosotros, si los parlamentarios eligen a los miembros  del órgano de gobierno de los jueces, es como si los estuviéramos eligiendo nosotros mismos. Que para qué tantas elecciones, que nos vamos a cansar de votar, que no somos capaces de discernir qué juez o qué jueces deben ser los que dirijan el poder Judicial, y que, por lo tanto, los diputados y senadores deben encargarse de elegir, puesto que ellos sí entienden y, al fin y al cabo, han sido elegidos por el pueblo español.

Sinceramente, creo que negar a los españoles de a pie la capacidad de saber o de poder elegir a uno de los poderes del estado es hacernos a todos de menos. Lo comparo con el querer negar el voto a la mujer, hace 90 años, porque sería incapaz de elegir libremente y podría estar manipulada.

Por otro lado, la clave está en la palabra “independientes”. Difícilmente, uno de los poderes del estado, el judicial, será independiente de los otros dos, legislativo y ejecutivo, si a los miembros del poder judicial los eligen miembros de los otros dos poderes. Esta táctica, pactada entre partidos políticos, que se ha venido produciendo durante todo el periodo democrático, lo único que ha conseguido es prostituir la independencia del poder judicial. Si los partidos eligen a los jueces que deben dirigir el CGPJ, ¿dónde coños está la independencia judicial?, ¿dónde cojones está “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.”?

Repito una vez más, pensar que el pueblo español no está preparado para elegir al gobierno de los jueces, es hacernos a todos de menos, igual que se hacía de menos a las mujeres por no permitirlas votar hasta la segunda república, hasta bien entrado el siglo XX.

No se debe tener miedo a las elecciones, a los sufragios, a los referéndums, pues una sociedad que no se atreve a elegir su destino es una sociedad acomplejada y, por supuesto, menos libre.

En Arévalo, a diecisiete de octubre de 2020.

Luis J. Martín. 



lunes, 12 de octubre de 2020

APRENDIZ

 

89.-

APRENDIZ

Cuanto más aprendo,

más pequeño me siento.

Otros, en cambio,

se creen sabios

porque han oído algo

alguna vez.

Miro a natura desnudo,

vacío y me empapo

de su saber.

Todo me parece nuevo,

diferente,

observo como el niño

que empieza a ver.

Con ojos limpios,

oídos atentos,

sin atavismos

que contaminen

el estar y el ser.

Así,

formo ser y sentimiento,

el deseo de aprender,

y cuanto más aprendo,

más pequeño me siento.

 

En Arévalo, a veintitrés de noviembre de 2019.

Luis J. Martín.



sábado, 26 de septiembre de 2020

DESDE LA RAMA DE ESPINO

 

Una noche vino el día

desde la rama de espino.

El sol se quedó enganchado

entre tu huerto y el mío.


Y se hizo el día eterno,

cerca de pueblos vacíos,

eterna luz de rastrojos,

muertos, vivos y perdidos


Miramos quitameriandas,

de pétalos ennegrecidos

por la luz del sol de noche,

con los ojos encendidos.


Y maduraron los frutos

de zarzamoras y endrinos,

escaramujos, saúcos,

majoletas y durillos.


Cambroneras apretadas

cornejos enrojecidos

enebros, cárdenas bayas,

dorada luz del membrillo.


Nadie se quedó en el campo.

Ni en tu huerto, ni en el mío,

donde el sol quedó enganchado

en la rama del espino.


En Arévalo, a veintiséis de septiembre de 2020.

Luis J. Martín.

 


 

 

domingo, 20 de septiembre de 2020

PATRIMONIO AREVALENSE DECLARADO BIC

 ¿Has visto Arévalo?



    Luis J. Martín


    Arévalo atesora un vasto y precioso patrimonio.

    La historia de la ciudad ha ido dejando huella a lo largo de los siglos en sus calles, en sus plazas, en sus monumentos, en el entorno que nos rodea.

    Algunos de los elementos más representativos y valiosos de la ciudad se han ido protegiendo a lo largo del último siglo de forma oficial, para evitar su pérdida o su degradación, pasando a formar parte del catálogo de Bienes de Interés Cultural.

    Es responsabilidad de todos cuidarlos y respetarlos. Pero, especialmente, son las distintas administraciones con atribuciones en materia patrimonial las que se deben de encargar de su conservación porque es muy costosa, aunque necesaria para que el acervo cultural heredado de nuestros antepasados no se pierda y perdure en el tiempo.

Arévalo tiene ocho elementos declarados Bien de Interés Cultural (BIC):


1: Castillo de Arévalo:

Fecha de declaración: 22/04/1949



Categoría: CASTILLO.

Enlace al castillo de Arévalo en el buscador de Bienes de Interés cultural de la Junta de Castilla y León:



2: Puente de Medina:

Fecha de declaración: 19/10/1983



Categoría: MONUMENTO.

Enlace al puente de Medina en el buscador de Bienes de Interés cultural de la Junta de Castilla y León:

FICHA PUENTE DE MEDINA.

Imágenes:








3: Murallas de Arévalo:

Fecha de declaración: 22/04/1949


Categoría: CASTILLOS.

Enlace a la muralla de Arévalo en el buscador de Bienes de Interés cultural de la Junta de Castilla y León:









4: La parte antigua de la ciudad:

Fecha de declaración: 31/03/1970


Categoría: CONJUNTO HISTÓRICO.

Enlace a la parte antigua de Arévalo en el buscador de Bienes de Interés cultural de la Junta de Castilla y León:

FICHA DE LA PARTE ANTIGUA DE LA CIUDAD.

Imágenes:








5: Iglesia de Santa María de la Lugareja:

Fecha de declaración: 03/06/1931



Categoría: MONUMENTO.

Enlace a la Iglesia de Santa María de la Lugareja en el buscador de Bienes de Interés cultural de la Junta de Castilla y León:

FICHA DE SANTA MARÍA DE LA LUGAREJA

Imágenes:









6: Iglesia de Santa María la Mayor:

Fecha de declaración: 26/01/2006


Categoría: MONUMENTO.

Enlace a la Iglesia de Santa María la Mayor en el buscador de Bienes de Interés cultural de la Junta de Castilla y León:

FICHA DE LA IGLESIA DE SANTA MARÍA LA MAYOR.

Imágenes:








7: Iglesia de San Martín:

Fecha de declaración: 03/06/1931


Categoría: MONUMENTO.

Enlace a la Iglesia de San Martín en el buscador de Bienes de Interés cultural de la Junta de Castilla y León:

FICHA A LA IGLESIA DE SAN MARTÍN.

Imágenes:








8: Iglesia de San Miguel:

Fecha de declaración: 24/10/1991.


Categoría: MONUMENTO.

Enlace a la Iglesia de San Miguel en el buscador de Bienes de Interés cultural de la Junta de Castilla y León:

FICHA A LA IGLESIA DE SAN MIGUEL.

Imágenes:









         Podemos asegurar sin temor a equivocarnos que son todos los que están, pero no están todos los que son.

         No cabe duda alguna de que son muchos más los elementos patrimoniales que atesora Arévalo que podrían pertenecer a esta lista. Muchos de los monumentos presentes en el municipio tienen el valor histórico y artístico más que suficiente para ser declarados BIC.

         Este es el caso de cuatro de los puentes más antiguos de la ciudad: El de la Loma, el de San Julián, el de Valladolid y el de los Barros.

         También varios palacios renacentistas, como el de Sedeño, Gutierrez-Altamirano, Valdeláguila, Osorio, Cárdenas o la portada de Ballesteros-Ronquillo.

         Varias de las iglesias como el Salvador, Santo Domingo o San Juan, esta última construida sobre la muralla medieval que ya fue declarada BIC en 1949. Igualmente, San Nicolás y el antiguo colegio de los Jesuitas.

         Igualmente, el corredor de los ríos Adaja y Arevalillo como sitio histórico, por la cantidad de restos de molinos medievales que se encuentran en sus aguas y por tratarse de un entorno natural privilegiado en la meseta castellana.


   
      ¿Has visto Arévalo?

Pasea por sus calles, plazas, parques y ríos.

Compra en sus comercios tradicionales.

Chatea en sus bares.

Come en sus restaurantes.

Descansa en sus alojamientos…

Porque Arévalo es una ciudad de Interés Cultural.


¿A qué esperas para conocerla?




Todas las imágenes son propiedad de Luis J. Martín