jueves, 5 de noviembre de 2026

LA GRAN FARSA DE LA CLASE MEDIA




Uno de los mayores logros del capitalismo es la invención de la clase media.

Piénselo usted bien, amigo lector, para la gente poderosa, convencer a una parte de la clase trabajadora que pertenece a la “clase media” es toda una victoria ideológica y social. Porque el trabajador que se cree perteneciente a esa supuesta clase media, piensa que está más cerca de la clase alta: la de los yates, los cochazos, las mansiones, las joyas y los lujos. Y, lo que es peor, se cree superior a sus compañeros trabajadores que ganan menos o que se encuentran en una situación económica delicada, pues los considera de clase baja y, por lo tanto, inferiores.

Una artimaña redonda la del capitalismo que, poniendo en práctica el “divide y vencerás”, logra convencer a una parte de la clase trabajadora que se encuentra cerca de la élite y que con un poco más de esfuerzo y sacrificio, incluso, pueden mejorar y pertenecer a la clase alta, equipararse con ellos, cosa que nunca pasará. Aunque, lógicamente ese sacrificio suponga recortes tales como perder varios de sus derechos laborales, conseguidos a lo largo de muchos años de lucha obrera por sus compañeros.

Esta fantasía ha sido muy bien pertrechada por la élite rica para evitar enfrentamientos con los trabajadores y “domesticarlos”. Y lo han puesto en práctica a través de sus cómplices: políticos de derechas e, incluso, de izquierdas tibias y amaestradas. Consiguiendo que una buena parte de la clase trabajadora renuncie a sus derechos y que se vuelva contra los compañeros que intentan mejoras laborales, las cuales beneficiarán también a los que pretenden saltar de clase pisando las cabezas de sus hermanos obreros.


Entonces, que no le cuenten cuentos, amigo lector, solo existen dos clases: una clase trabajadora, formada por la inmensa mayoría de la población, que tiene que trabajar para vivir, es decir depende de su propio trabajo, y una clase alta acomodada, una élite muy minoritaria cuyos privilegios dependen del rendimiento laboral de la clase trabajadora.

Amigo lector, si tu vida depende de tu trabajo, no te dejes engañar, perteneces a la clase trabajadora. Que no te cuenten milongas.

No te quepa duda, es la élite privilegiada la que ha rediseñado el falso sistema de clases:

- Clase alta, muy minoritaria y elitista, a la que solo pertenecen ellos, cuya riqueza depende del trabajo ajeno, protegida por leyes a medida que les permiten usar cláusulas leoninas que solo benefician, de forma descarada y abusiva, a una parte, ¿imaginan ustedes a cuál? Sobre esto, Oxfam Internacional afirma que el 1% de la población posee más riqueza que el 95% de la población mundial, lo que les convierte en explotadores.

- Clase media, a la que pertenecen trabajadores con algo más de sueldo que el salario mínimo interprofesional o todo tipo de trabajadores autónomos y funcionarios. Aquí el capitalismo, incluso, pretende librarse de una gran parte de los funcionarios, porque los consideran una carga innecesaria para un sistema que quiere eliminar una buena parte de los impuestos con los que los funcionarios cobran sus salarios (médicos, profesores, policías, administrativos, etc.).

- Clase baja o pobre, a la que pertenecen los que menos cobran, los que no llegan a fin de mes, los que se encuentran cerca o por debajo del umbral de la pobreza, que son y han sido exprimidos por el sistema capitalista y aborrecidos por la clase alta y políticos, generalmente, de extrema derecha que los tacha de vagos, sucios y peligrosos.


Pero, querido lector, recuerde, solo existen dos clases sociales:

- Clase alta.

- Clase trabajadora.

Usted sabrá en cual se encuentra.

Ahora la clase alta, la élite, los privilegiados, influyen sobre los políticos fachas para que se dediquen a pregonar que, “por el bien de todos”, los ricos deben pagar menos impuestos, que la clase trabajadora tiene que hacer sacrificios,  que se deben implantar políticas y leyes que recorten derechos sociales en salarios, jornadas, bajas laborales, pensiones, vacaciones, paro, vivienda, sanidad, educación, igualdad de género, violencia machista, memoria histórica, dependencia, aborto, eutanasia, sindicalismo… vamos, un retroceso de cincuenta años que solo beneficia a los mismos de siempre: a unos pocos privilegiados que verán aumentar más y más su riqueza a costa de castigar y empobrecer, de nuevo, a los trabajadores de los que depende directamente su fortuna. En Argentina con el ultraderechista Milei ya está pasando.

Hay varios partidos conservadores de la derecha o de la extrema derecha que defienden los intereses de los más ricos y promueven un gran retroceso social: PP, VOX, Junts, UPN… han votado siempre en contra de todas las leyes que pretendían mejorar la situación de la clase trabajadora, y lo han hecho, simplemente, porque supuestamente perjudicaban a la élite capitalista. Para ello utilizan argumentos que llegan a ser deleznables, como intentar enfrentar, por ejemplo, a los jóvenes con los pensionistas. Algo completamente innecesario, irrespetuoso y fuera de lugar. Son partidos que pretenden cargarse la sociedad del bienestar, siguiendo los pasos de políticos nefastos y peligrosos como Trump, Bolsonaro o Milei, cuyas políticas sociales han resultado un enorme retroceso y empobrecimiento para la inmensa mayoría de los trabajadores.


Hay varios partidos progresistas que, por el contrario, defienden los intereses de la clase trabajadora y los beneficios de lo público sobre lo privado, en sectores, por ejemplo, como educación y sanidad. Han intentado legislar para que la vida de los trabajadores, la inmensa mayoría de la población, mejorara con la revalorización anual de las pensiones con arreglo al IPC (subida del coste de la vida), la subida del salario mínimo interprofesional desde los 736 € con el último gobierno del PP, hasta los 1.221 € que se encuentra en la actualidad tras ocho años de gobiernos progresistas. Por poner dos ejemplos concretos, pero también han legislado para mejorar la situación en educación, vivienda, paro, afiliación a la Seguridad Social, empleo, becas, igualdad…  

Los mantras repetidos hasta la saciedad por los partidos de derechas para deslegitimar los dos últimos Gobiernos de coalición progresista del PSOE con Podemos o Sumar: etarra, comunista, bolivariano, golpista, separatista, ilegítimo… no han hecho otra cosa que dificultar la convivencia. Pero lo cierto es que ETA, afortunadamente, ha desaparecido hace más de dieciocho años, que España acoge con cariño a miles de refugiados venezolanos, que la integridad del territorio nacional está mucho más asegurada que con el último gobierno del PP, cuando el gobierno de Cataluña declaró la independencia. Y que los pactos, completamente legítimos, entre partidos siempre han sido necesarios para legislar, además, en estos últimos años para bien, para mejorar la situación de la inmensa mayoría de españoles. Las cifras oficiales, como puede comprobar en los cuadros que acompañan al texto, son contundentes.

 

No nos dejemos engañar, España ni se rompe ni se vende. Es un país fuerte en el panorama político internacional, un referente en medidas sociales, humanas y solidarias. Un ejemplo de que un gobierno progresista se puede imponer, con el sentido común y la legalidad en la mano, al fascismo neoliberal, al capitalismo salvaje que arruina la vida de millones de trabajadores y pensionistas por todo el mundo.

Por todo ello, amigo lector, piense usted bien a quien vota. Porque hay dos opciones claras: Seguir progresando o retroceder más de cuarenta años.

El futuro está en tus manos.

 

Noviembre de 2026.

Luis J. Martín.