miércoles, 28 de enero de 2015

PASEOS EN LA NATURALEZA CERCANA (4)


Contados en Radio Adaja

Propuestas para enero:

INVIERNO EN LA ESTEPA CEREALISTA:
 Agustín García y Fabio López observando aves.
Enlace a Radio Adaja:

 
HABITANTES DE LA NOCHE:
Lechuza. Foto: David Pascual
 Enlace a Radio Adaja:

 
HABITANTES DE LA NOCHE (2):
Alcaraván. Dibujo: Antonio Ojea
 Enlace a Radio Adaja:

 

lunes, 19 de enero de 2015

LA CIUDAD DE LAS TORRES


 
Cigüeña blanca. Foto: David Pascual Carpizo

 
         Amanece. El sol comienza a calentar el aire en la laguna del Hoyo. Un velo de vapor se eleva sobre la somera lámina de agua parcialmente helada. La escarcha se acumula en mi plumaje. He pasado toda la noche sobre la pata derecha, con la cabeza y el pico escondidos entre las plumas del pecho. Empiezo a desperezarme con calma. Me atuso el plumaje del dorso con las pinzas rojas de mi pico. Estiro la pata izquierda y el ala derecha, luego repito la operación con las extremidades opuestas. Me sacudo, un escalofrío me recorre espalda ahuecando las plumas y facilitando que el aire fresco de la mañana oree mi piel.
          Me llamo Ciconia y llevo varios días en este humedal descansando y reponiendo las fuerzas perdidas tras regresar de África. El destino final está muy cerca. Sobre la espadaña del pueblo cercano se oye el crotorar de una pareja que declara a los cuatro vientos la propiedad de su nido. Sin saber muy bien por qué, decido continuar viaje. El incipiente sol provoca una columna de aire que se eleva sobre la laguna. Con una decena de aleteos adquiero la altura necesaria para planear describiendo círculos ascendentes. En muy poco tiempo me remonto lo suficiente como para poder observar el río que parte en dos la llanura por la que serpentea apacible hacia el norte acompañado por pinares, únicos bosques existentes entre las inmensas tierras de cultivo. Me dejo caer planeando, siguiendo el cauce del río.
          Enseguida diviso mi destino: La ciudad de las torres. Entro planeando sobre la amplia avenida. Hacia el alba se alzan dos depósitos de agua, uno de ellos coronado por un nido. Pero no es el mío. Comienzo a aletear para mantener altura. La gran torre del Salvador se alza en medio de la ciudad sobre una pequeña plaza. Donde antes se encontraba el único nido de la localidad, ahora se levantan otros cinco. Alguno de ellos ya está ocupado. Tampoco es mi destino. A pocos metros de allí la pequeña torre de Santo Domingo, que se abre hacia la gran plaza, acoge otros tres nidos. Antes hubo dos más sobre la espadaña de su entrada principal pero hombres, ayudados por grúas, los derribaron y pusieron en su lugar unos alambres que dan calambre. Para justificar su acción, dijeron que las cigüeñas allí instaladas manchaban y molestaban.
Vista de Arévalo, "La ciudad de las torres". Foto David Pascual Carpizo.
 
           Recorro toda la plaza hasta llegar a la torre de San Juan donde hay otro nido muy destartalado que aún no está ocupado. Prosigo por la estrecha calle de los viejos palacios. Sobre las ruinas de uno de ellos una pareja de compañeras crotora agresivamente al verme sobrevolar su hogar.
           Ya estoy muy cerca. Aleteo con fuerza para elevarme hasta mi destino: la torre de Santa María, coronada por otros cinco nidos. Descuelgo las patas, abro la cola en abanico para posarme con suavidad en el nido de la esquina noroeste donde Cigo, mi joven compañero, me espera crotorando con alegría. Ambos abrimos ligeramente las alas, levantamos la cola y castañeamos el pico una y otra vez hundiendo la cabeza en el dorso. Es reconfortante llegar a casa después de un largo viaje y comprobar que alguien te espera. Proclamamos una y otra vez nuestro amor y la propiedad de nuestro pequeño territorio. Cigo me acaricia suavemente con su pico las plumas de la cabeza y del cuello. Yo le dejo hacer, erizando el plumaje en señal de aceptación.
          Luego nos dejamos caer hacia el castillo, donde se juntan dos ríos, para atrapar todo tipo de peces, ranas e invertebrados tanto en el cauce como en sus orillas y alamedas. Enseguida empezaremos a retocar el nido. Continuarán las cópulas, sonoras y apasionadas, que darán comienzo a una nueva temporada de cría. Después de poner entre tres y cinco huevos, Cigo y yo nos turnaremos en la incubación que durará unas cinco semanas. Cuando los pollos hayan eclosionado, seguiremos con los relevos para no dejarlos solos en ningún momento pues, al principio, necesitan nuestro calor y protección. Mientras uno va en busca de comida el otro se queda regurgitando lo que lleva en el buche para alimentar e hidratar a nuestros hijos.
          Esto que ahora parece fácil, al principio no lo fue tanto. Hace años que Geñín, mi primer compañero, murió en tierras africanas. En realidad, Geñín y yo fuimos la segunda pareja que anidó en esta ciudad. Nos costó trabajo pues Blanco y Alba, la única pareja residente por aquel entonces, intentaba expulsarnos. Cada vez que colocábamos los primeros palos de nuestra casa, llegaban ellos y, con gran agresividad, nos atacaban y arrojaban las ramitas al vacío. Eran crueles y solitarios, querían toda la ciudad para ellos. Fueron tiempos difíciles. Tuvimos que construir el nido en la esquina noroeste de la torre de Santa María porque era el único punto que no se veía desde el suyo, situado en el chapitel de la Torre del Salvador.
          Después se fueron instalando más y más parejas hasta que la agresividad de Blanco y Alba disminuyó. Hasta seis nidos llegó a tener mi torre. Uno de ellos estaba ocupado por la ladrona. Era una cigüeña que se había instalado en el chapitel de la torre. Era vaga y tenía la mala costumbre de no ir a recoger ramitas al campo como hacemos todas. Esperaba a que, con el ir y venir de sus vecinos en busca de material para retocar nuestros hogares, uno de los nidos de la torre se quedara vacío para robar las ramas frescas y recién colocadas. Un día, mi compañero Cigo la pilló con el pico en las ramas de nuestro hogar y la dio tal paliza que no volvió a aparecer por la torre, su nido acabó perdiéndose y ahora sólo hay cinco nidos en Santa María: uno en cada esquina y otro en el chapitel, donde antes había dos.
         Hace tan sólo 25 años, las cigüeñas estuvimos a punto de desparecer de la ciudad de las torres. Sólo sobrevivía una pareja. Ahora, afortunadamente, nos hemos recuperado y somos 17 las parejas que nos reproducimos en este bello rincón de la llanura. Pero esto no significa que estemos fuera de peligro y que la situación pueda darse la vuelta en cualquier momento.
           En los altos campanarios ya no tañen las campanas. Su sonido se diluye en el pasado. Afortunadamente, el crotorar de las cigüeñas, que también estuvo a punto de perderse, permanece vivo para recordarnos que en la ciudad de las torres, hace muchos años, cigüeñas y campanas cantábamos a dúo. Ahora, quieren silenciar también a las cigüeñas porque dicen que dañamos a las torres. Primero dejaron que las campanas enmudecieran, ahora quieren que nosotras también callemos. Tal vez, pretendan convertir a la ciudad de las torres en la del silencio.

        

En Arévalo, a 11 de enero de 2012.

Por: Luis José Martín García-Sancho.

Publicado en "La Llanura de Arévalo" Nº 33 de febrero de 2012.

sábado, 17 de enero de 2015

DE LA POESÍA

Detalle de "El Cuaderno Azul". Luis J. Martín


Podría estirar mis frases

a lo largo de estas hojas

a modo de versos

pero yo no soy poeta.

Podría buscar las rimas

adecuadas o recurrir

a palabras musicales

pero yo no soy poeta.

                                       Podría, no obstante,

                                       sentirme poeta

                                       e intentar serlo

                                       pero yo no soy poeta.

                                       Podría, sin embargo,

                                       lograr hacer una poesía

                                       algún día

                                       pero yo no soy poeta.

Soy un hacedor de prosa

ridícula e inútil

que llena estas hojas con palabras

pero lo que no soy es poeta.

No obstante, me siento bien

y reconozco que es difícil

ser poeta.

domingo, 11 de enero de 2015

TRAS LA NIEBLA



          Por fin se esfuma la niebla,

          ya se logra abrir el cielo,

          los tendederos se llenan

          desde el tejado hasta el suelo.

Arévalo, a 11 de enero de 2015
Por Luis José Martín García-Sancho

jueves, 1 de enero de 2015

AMANECER EN ARÉVALO

Amanecer en Arévalo. 1 de enero de 2015. Foto Luis J. Martín

Clarea en el horizonte,
amanece en la llanura,
una leve niebla esconde
el agua de la laguna.
Se marchan gansos y grullas
a comer a tierras donde
reverdece la cultura
de cultivos y de hombres.
También pinares sin nombre
se pierden tras de la bruma
oscureciendo los montes
entre riberas y dunas.
Sobre dos ríos se aúpa
Arévalo de mis dolores,
la luz acaricia algunas
fachadas, casas y torres,
en sombra el Adaja esconde
al molino de la Luna.
El sol sobre el horizonte,
ya es de día en la llanura.

Arévalo, a uno de enero de 2015.
Por: Luis J. Martín García-Sancho.
Amanece un nuevo año,
que el 2015 nos sea propicio.

Enlace relacionado:
http://arevaceos.blogspot.com.es/2012/01/atardecer-de-arevalo.html


martes, 30 de diciembre de 2014

PASEOS EN LA NATURALEZA CERCANA (3)


Rutas contadas en Radio Adaja:

PROPUESTAS PARA DICIEMBRE:

- CORTADOS ROJOS DEL ADAJA:



 
Enlace a Radio Adaja:
http://www.radioadaja.es/fonoteca/2014-12-02/los-cortados-rojos-del-adaja

 

- LAGUNA REDONDA Y LAVAJO DE ORTIGOSA:
Enlace a Radio Adaja:

 

- LA FUENTE DE LOS LOBOS:
Enlace a Radio Adaja:

 

- PEÑA MINGUBELA Y CAMPO AZÁLVARO:
 
Enlace a Radio Adaja:

 

- RIBERAS DEL ADAJA Y AREVALILLO:

viernes, 19 de diciembre de 2014

H C, no H P


Dicen desde Sanidad que no se pueden gastar 60.000 euros por cada enfermo de Hepatitis C para administrarle el fármaco que les sana.

Veamos:

- En el rescate bancario se han gastado 100.000.000.000€ (Cien mil millones de euros)
Enlace a bancos:
http://www.elconfidencial.com/empresas/2014-03-30/cinco-anos-y-100-000-millones-despues-historia-del-rescate-de-la-banca-espanola_109053/

- A la empresa privada ACS de Florentino Pérez la van a pagar 1.350.000.000€ (mil trescientos cincuenta millones de euros) por un negocio fallido en el almacén de gas CASTOR.
Enlace a Gas:
http://www.eldiario.es/economia/Castor-indemnizacion-millones-pagara-consumidor_0_309719554.html

- A una de cada tres autopistas privadas, por negocio deficitario, las van pagar la mitad de la deuda unos 1.800.000.000€ (mil ochocientos millones de euros)
Enlace a Autopistas:

Solo estas tres "ayuditas" suman 103.150.000.000€ (ciento tres mil ciento cincuenta millones de euros).
Si esta cifra la dividimos por 60.000€ que cuesta cada tratamiento nos da la cifra de 1.719.167 enfermos de hepatitis C que podrían recibir el tratamiento (un millón setecientas diecinueve mil ciento sesenta y siete personas, que no gas, que no banco, que no asfalto).
Estamos hablando de vidas humanas, de personas con una historia, una familia, miles de tragedias individuales al ver que tienen al alcance de la mano la salvación pero el abusivo precio puesto por las farmacéuticas y decisiones políticas desacertadas pueden producirles la muerte.
Si una decisión política provoca la muerte de varios miles de personas, pudiéndose evitar, ¿se podría considerar asesinato?. 
 
 

jueves, 18 de diciembre de 2014

SI TE DICEN QUE ME VAYA


CÉSAR Y CANDELITAS. Foto: Luis J. Martín

Si te dicen que me vaya,
déjame que me entretenga
si me dices que me vaya.
Piensa en que jamás me olvidas
y que me recuerdas siempre
si tu memoria te falla
y te dice que me vaya.
Los olmos de los recuerdos
de los patios y las tapias
desaparecieron todos,
que tu mano en la camilla
con venas como sus ramas
recuerde aquellas caricias
que me hacías si lloraba
y luego con una sonrisa
desvanecías el miedo,
no había rabia canalla.
Que no se haga de noche
en tu cabeza escarchada
y los ecos de tus besos
sean la letra de mis gracias
si tu memoria me olvida
y te dice que me vaya.
Si en el día claro y limpio
o en la tarde oscura y larga,
aunque me tengas delante,
no llegas a ver mi cara,
volveré a contarte todo
siempre que a ti te haga falta
si tus recuerdos se marchan
y te dicen que me vaya.
Cuando no me reconozcas,
si tu memoria me olvida
y te dice que me vaya,
déjame que me despida
para decir que te quiero
para escuchar que me amas,
si te dicen que me vaya.



A mi madre.

Arévalo, febrero de 2014.

Luis José Martín García-Sancho. 

Poema publicado en en nº 61 de La Llanura de Arévalo en junio de 2014
Candelas García-Sancho con Ana y su nieto David en la sillita, con un gran Olmo centenario al fondo en amarillo otoñal. Foto tomada en noviembre de 1986.

viernes, 12 de diciembre de 2014

SALIDA 207


 Luis José Martín García-Sancho
 
Aminoro un poco, hasta que el velocímetro se pone a 110.
Esta área de servicio me pilla a mitad de camino. En un par de horas estaré en casa, así que es el sitio ideal para hacer una parada. Doy el intermitente de la derecha y reduzco a cuarta en el carril de deceleración. Me dirijo a la cafetería. Hay muchos aparcamientos libres, aminoro hasta segunda y, cuando me dispongo a aparcar en batería, un coche que viene de la gasolinera se cuela bruscamente en el sitio que ya había elegido. Tengo que frenar en seco para no colisionar.
Me dispongo a pitar pero pienso que no merece la pena, ha sido un día duro, lo único que quiero es mear, tomar un café, estirar un rato las piernas y llegar a casa cuanto antes. Aparco justo delante de la puerta, desciendo y cierro mientras subo la rampa de la entrada. Coincido con un grupo de personas que salen, me aparto para que pasen y me encamino directamente a los servicios.
Un hombre de mediana edad se seca las manos. Doy las buenas tardes, no obtengo respuesta. Me dirijo a los urinarios y me pongo a mear. Cuando estoy en ello, el aire deja de salir por la tobera y el hombre se va. Cuando me la estoy escurriendo la luz se apaga. Mis ojos tardan un rato en acostumbrarse a la penumbra. Voy despacio hacia los lavabos pero nada, la luz no se enciende, muevo los brazos como saludando a un fantasma, la luz sigue apagada. Me lavo a oscuras y me refresco el rostro con las manos húmedas. Cuando me estoy secando entran un padre y un hijo, la luz se enciende automáticamente. Me quedo mirando el sensor con extrañeza y salgo.
Pido un café con leche en la barra, insisto en que la leche esté templada. El camarero parece asentir pero mira hacia la máquina tragaperras. Me giro un instante, una mujer parece regañar al camarero. Me entretengo un rato mirando una vitrina con llaveros. Cuando vuelvo a la barra encuentro un café humeante, voy a protestar pero el camarero sigue intentando dialogar con la mujer de la máquina tragaperras. Echo un poco de azúcar, tan solo unos granos, doblo el sobre y lo dejo en el plato, agito enérgicamente con la cucharilla, soplo un rato y comienzo a beber a pequeños sorbos.
Una pareja joven se acerca a la barra piden un café con leche y un descafeinado de máquina con leche templada. El camarero deja al instante lo que está haciendo para preparar los cafés. Veo perfectamente como añade un poco de leche fría a la jarra de leche caliente. Los pone con cuidado sobre la barra al lado de la pareja recién llegada.
Acabo el café y pregunto qué se debe. Nada, ni caso, el camarero sigue discutiendo con la mujer de la tragaperras. Insisto sin resultado. Espero un momento intentando no perder la paciencia. En ese instante la pareja pide la cuenta, el camarero se acerca inmediatamente sonriente y dice: “Dos veinte, por favor”, mientras deposita el recibo en la barra. Me quedo mirándole con signos evidentes de enfado. “¿Me cobra, por favor?”. Grito una vez más casi delante de su cara. Pero retoma la discusión con la de la tragaperras.
Iba a dejar un euro con diez en la barra, pero pienso: “Que le den por culo”, y me marcho sin pagar. Antes de llegar a la puerta me giro. Veo a la mujer de la tragaperras agitando la cucharilla en la taza que yo acabo de beber, lo sé por el sobre de azúcar que he dejado doblado en el plato. Me acerco a la puerta pero no se abre, casi me estrello contra el cristal. Retrocedo y vuelvo a intentarlo, nada. Después de realizar el tercer intento, la pareja que ha estado en la barra se aproxima y la puerta se abre automáticamente. Salgo deprisa sin entender nada.
Subo al coche y, como de costumbre, llamo a casa.

- Dígame -contesta Sonia al otro lado.
- Hola cariño –respondo muy contento-, en un par de horas estoy allí. Estoy deseando llegar. Ha sido un día duro y extraño. Ya te contaré.

Un largo silencio me incomoda.

- ¿Cariño? –repito-, ¿estás ahí?
- No tiene gracia –oigo por fin a Sonia enfadada- ¡Richar, ponte un momento!

Por un instante escucho a Sonia hablar con alguien.

- Pero Sonia –insito-, si yo soy Richar.
- No sé quién eres tú –dice una tercera persona- pero te aseguro que Richar soy yo.

Cuelgo estupefacto. En la voz que he escuchado me reconozco a mí mismo.
Entonces, ¿quién soy yo?

Arévalo, a 11 de diciembre de 2014.


 

 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

PASEOS EN LA NATURALEZA CERCANA (2)


Rutas contadas en Radio Adaja:

PROPUESTAS PARA NOVIEMBRE:

Lagunas de El Oso:


Laguna de los lavajares y Lavajo Salado:
Laguna de los lavajares. Luis J. Martín

 Otoño en el adaja:
Río Adaja en otoño. Luis J. Martín

 Reserva Natural Lagunas de Villafáfila:
Salina grande desde Otero de Sariegos. Foto Miguel Ángel Madrid.

 

sábado, 22 de noviembre de 2014

INTERINOS

Otoño en el Adaja. Luis J. Martín.
 
        En el campo, el otoño es momento de cambios importantes.

        Me choca mucho cuando nuestros políticos afirman que para paliar la crisis hay que suprimir a los interinos de las instituciones públicas. Seguramente, dos de las más dañadas serán Educación y Sanidad. Tanto en centros públicos de enseñanza: colegios, institutos y universidades, como en centros públicos de asistencia sanitaria, es decir, ambulatorios y hospitales.
        Por lo tanto, es posible que volvamos a ver aulas con más de treinta alumnos en nuestros colegios y listas de espera para consultas o intervenciones quirúrgicas que agoten la paciencia del pobre paciente, nunca mejor dicho. Dicen que lo hacen para ahorrar ante la crisis pero, lo curioso del caso, es que se dan situaciones en las que pacientes, con una determinada dolencia, son citados para hacerse las correspondientes pruebas costosas, o muy costosas, con tal retraso que la dolencia ha desaparecido. Gasto innecesario, entonces, y posible fallo del sistema de prevención.
        Mal vamos.
        En la naturaleza esto no pasa así, cada cual tiene su puesto y todo encaja perfectamente. Tomando como ejemplo el mundo de las aves, las hay que tienen puesto fijo: Estas son las especies sedentarias, también llamadas residentes. Hay otras que sólo “trabajan” durante la primavera y el verano: Se trata de las especies estivales que acuden a esta tierra nuestra a reproducirse para así perpetuar la especie. Cuando las especies estivales nos abandonan, su lugar lo ocupan otras aves que vienen del frío y lejano norte  o de las montañas a pasar el invierno en las campiñas castellanas: Son las especies invernantes.

Grulla común. Dibujo de Anotio Ojeda
 
        Estas especies que no tienen “plaza en propiedad” se pueden considerar como interinas pero, como veremos, sus estancias se suceden y encajan perfectamente. Hay casos muy curiosos en los que el “interino” estival y el invernal ocupan el mismo espacio y utilizan el mismo recurso alimenticio. Por citar un ejemplo: El aguilucho cenizo, llega del continente africano, allá por el mes de marzo/abril y se alimenta de pequeños roedores entre los campos de cereal, dando para ello vuelos rasantes, con los que parece acariciar las mieses con las puntas de sus alas. Entre agosto y septiembre regresa a África. Lo curioso es que cuando el cenizo se va, llega del norte su primo mayor, el aguilucho pálido, que ocupa el mismo territorio y se alimenta también de roedores y con el mismo sistema de vuelo. Este es sólo un ejemplo pero hay decenas de ellos: El cernícalo primilla o el alcotán son sustituidos por el esmerejón. Al bisbita campestre lo reemplaza el bisbita pratense. A las cigüeñas las grullas. Lavandera boyera por lavandera cascadeña. Collalba gris por pinzón real o lúgano…
 
Hembra de aguilucho cenizo. Luis J. Martín

        La avutarda, por ejemplo, se alimenta todo el año de granos, plantas e invertebrados entre las llanuras cerealistas, pero en otoño llega la grulla y, ambas especies, comparten el mismo nicho ecológico y el mismo tipo de alimentación. No hay peleas, ni ceses, ni despidos. Hay campo para todas ellas, no pasa nada. Incluso se suma a este trabajo temporal el ganso común para suplir el espacio dejado por el sisón o el alcaraván que hace poco marcharon a tierras extremeñas. Como podemos comprobar, todo vuelve a encajar de nuevo.

Aguilucho cenizo macho. Dibujo Antonio Ojeda
        Incluso, se da el caso de que algún interino decide hacerse fijo y tampoco pasa nada. La naturaleza es sabia y sabe asimilar todos estos cambios sin inmutarse. Este es el caso, por ejemplo, de la cigüeña blanca. Normalmente, estas simpáticas zancudas, abandonan torres y campanarios, campos, lagunas y ríos a finales de agosto. Pero, últimamente, unas cuantas cigüeñas se resisten a abandonarnos y se quedan en nuestros pueblos y lagunas. Hace ya bastantes años que las torres de Santa María o del Salvador, acogen a alguna cigüeña que se queda a dormir o a descansar en la época en la que sus compañeras han partido hacia África, atravesando el desierto del Sahara en un vuelo épico. Supongo que dirán: “para qué pasar calamidades en tierras tan inhóspitas cuando tenemos asegurada la comida en casa”.
        Algunos ecólogos achacan este cambio en la conducta de las aves migratorias al calentamiento global. La clave, entonces, parece estar en estos “interinos” de la naturaleza. A una gran mayoría nos asalta una duda: Este cambio climático evidente, ¿es producido por el hombre o se trata de un ciclo térmico completamente natural? Sin buscar polémica, me resulta acertada la teoría de que los cambios climáticos se vienen produciendo de forma cíclica desde la noche de los tiempos. Pero, y ahí entramos los humanos, todas las actividades realizadas por la especie humana, especialmente desde finales del siglo XIX, han producido la aceleración del proceso.
        Esto de eliminar interinos para paliar la crisis que pretenden hacernos tragar nuestros políticos, no es más que eso: Un mal trago innecesario. Podemos aprender de las aves, del campo, de la naturaleza. Señores representantes de la voluntad popular, con un poco de colaboración se soluciona: Dos o tres mensualidades sin pagar a todos nuestros políticos y esta maldita crisis se suaviza. Además, sin la necesidad de prescindir de buenos profesionales interinos, convirtiendo en fijos a los mejores para que nuestro sistema sanitario o educativo no se resienta. Igual que lo hacen bisbitas y lavanderas desde hace decenas de miles de años. Antes incluso de que los autodenominados hombres que piensan hubiéramos aparecido sobre esta tierra que nos acoge y que algunas mentes pensantes consideran suya.
        A menudo miramos pero no vemos. Oímos, pero no escuchamos. Respiramos, pero no olemos. Tragamos, pero no saboreamos. Tocamos, pero no acariciamos. Andamos, pero no avanzamos ni un milímetro, más bien retrocedemos. La naturaleza es sabia. Realmente, pienso que nos da cien vueltas. Creemos que dominamos la tierra, pero no es más que un sueño. Porque, en realidad, la tierra no nos pertenece. Al contrario, nosotros pertenecemos a la tierra.
        Es sencillo, aprendamos de ella. 

En Arévalo a 25 de octubre de 2011.
Por: Luis José Martín García-Sancho.
       

Artículo publicado en La Llanura de Arévalo en noviembre de 2011