miércoles, 20 de diciembre de 2017

FRÍO CASTELLANO


FRÍO CASTELLANO

Gélida la jara y la genista
Gélido este paisaje mudéjar
Gélidos los pajares y trojes
Gélidos rastrojos sin ovejas
Gélido el gemido en la jauría
Gélidas las gentes que no cejan
Gélidos parajes que son viejos
Gélido este quejido sin queja.

En Arévalo, a 20 de diciembre de 2017.
Luis José Martín García-Sancho.

ENLACES RELACIONADOS:
PAISAJE CASTELLANO
DECIDME


sábado, 9 de diciembre de 2017

EL PUENTE ROMANO


EL PUENTE ROMANO (*)

“Impune et vindice nullo”
(Impunemente y sin que nadie se oponga ni reclame)

Puente de Valladolid sobre el río Adaja en la localidad de Arévalo.

El profesor Emilio Rodríguez Almeida no vio publicado su último trabajo de investigación arqueológicaPUENTES HISTÓRICOS DE LA PROVINCIA DE ÁVILA”, pues murió unos meses antes de su publicación. Nacido en 1930 en Madrigal de las Altas Torres, licenciado en Arqueología en el Instituto Pontificio de Arqueología Cristiana de Roma, doctorado en epigrafía, dedicó una buena parte de su vida al estudio e investigación de la antigüedad clásica y la arqueología romana.
Fue profesor o impartió clases en multitud de prestigiosas universidades: Roma, Bari, Viterbo, Perugia, Madrid, Barcelona, Santander, Sevilla, Aix-en-Provence, Marsella, Berna, Basilea, Lausana, UCLA, UC Irvine, Stanford, Berkeley, Pennsylvania…
Es autor de multitud de publicaciones relacionadas con sus trabajos de investigación. Fue miembro de número del Instituto Arqueológico Alemán, entre otras instituciones. Doctor honoris causa por la Universidad de Sevilla en 2001 y Premio de Castilla y León de Ciencias Sociales y Humanidades en 2011. Falleció el año 2016 en Valladolid.

Emilio Rodríguez Almeida en el año 2011. (foto El norte de Castilla)

En su libro sobre los puentes de Ávila, aparte de una descripción detallada de más de 200 puentes, nos habla de su estado actual y, también, de cómo la administración actúa en ocasiones en contra de la conservación del propio monumento, poniendo, además, el clarísimo ejemplo del Puente de Valladolid o de “San Pedro“ en Arévalo, haciendo un llamamiento urgente de esta manera:

“Es más, a ellos (los puentes) en general y singularmente, habría que dotar por parte de las administraciones regionales o, al menos, provinciales de un particular título BIC que obligue a todos a su preservación a ultranza. Todo lo que esté por debajo de esta medida conducirá seguramente en el futuro a otras lamentables pérdidas monumentales que no podemos permitirnos.”

La obra del profesor Rodríguez Almeida merece estudio, respeto y reflexión por parte de todos, especialmente de aquellos que por su cargo o estudios pueden hacer algo para preservar un determinado monumento y no lo hacen.
Como el capítulo dedicado a los puentes de Arévalo tiene múltiples fallos de edición (con graves erratas y el texto se hace casi ilegible e incomprensible debido a los saltos que da entre diversos puentes, mezclando párrafos de unos donde se debería hablar de los otros), a continuación reproduzco de forma íntegra el texto relacionado con el Puente de Valladolid de Arévalo de esta magistral, aunque mal editada, obra del Profesor Rodríguez Almeida:


“Una última palabra para las plazoletas de acceso y espera. Los puentes antiguos gozan de anchos de vía (ya lo hemos dicho anteriormente) relativamente reducidos incluso para el tráfico rodado del tiempo en que fueron concebidos; son anchos que van de los 12-14 pies romanos (3.6-4.20 m) a los 18 (5.4 m). El tráfico simultáneo de dos vehículos en direcciones contrarias resultaba poco menos que imposible en la generalidad de los casos. Por esta razón era necesario regular el tráfico alternando y ceder la preferencia: una necesidad que obligaba a dotarlos, como mínimo, de ensanches entrombados a los extremos y, en los mejores casos (puentes largos), de verdaderas plazoletas sobre uno o sobre ambos lados de la vía, cuando esta era perfectamente visible de extremo a extremo. Un caso abulense bien observable es el puente de Valladolid o de San Pedro, puente plano (sin lomo) con ensanches y plazoletas dobles (una desaparecida por agresión de la carretera moderna al extremo norte) a ambos extremos.”


Dibujo del profesor Rodriguez Almeida del puente de Valladolid, fachada contracorriente y vista superior con las plazoletas de acceso.

(…)
“No hablemos de la amencia de intervenciones agresivas, violentísimas, que no pueden contar con una mínima justificación sino en rarísimas, prácticamente inexistentes eventualidades. Hablo de las nuevas obras, privadas y, sobre todo, públicas (como las grandes carreteras), que en vez de evitar males semejantes con soluciones las más de las veces de modesto empeño económico, agreden descaradamente, destruyen más o menos parcialmente, afean gravísimamente monumentos de gran belleza y valor histórico. Tres casos que representan otros muchos.
En Arévalo, el magnífico puente de Valladolid o “de San Pedro”, una obra de origen (testimoniado arqueológicamente) romano, de grandísima monumentalidad, dignificado por una inscripción de Carlos III conmemorativa de una restauración importante, gravemente lesionado por enormes desprendimientos de la fachada contracorriente (en total, más de 60 de los 110 metros de su longitud), debilitado gravemente por la exposición a la intemperie de su “alma” o relleno interno de adobe, para colmo de las desgracias, aparece atacado  gravemente a uno de sus extremos por el “choque” violento de una nueva carretera que hubiera podido evitarlo sin mayores problemas. Fomento, en este caso, ha obrado impune, la administración comunal y provincial han asistido al desastre sin mover un dedo, vindice nullo, Una situación demencial, Una, entre tantas.”
(…)
“1.2.2 Puente de Valladolid (o de San Pedro) y pontón mudéjar frente al cementerio.
Cada uno de estos puentes tiene nombres de diverso significado. A veces el de su destino o dirección; otros, de una iglesia o ermita cercana; otras de sus características físicas; en el caso que nos ocupa, el de “San Pedro”, se refiere a una iglesia desde la que se descendía (cercanías del castillo; hoy la iglesia no existe, pero en el pasado, tal vez por la presencia de una inscripción romana, se interpretó que se encontrase sobre los restos de un templo de Minerva); el tercer nombre “del cementerio”.
El puente de Valladolid es el de “San Pedro”, el más espectacular puente por sus dimensiones, forma y características constructivas constatables, así como por su origen que podemos calificar sin la menor duda como romano (veremos luego por qué). Es largo, 138 m, ancho 5.5 entre parapetos, con los parapetos 6.
Desde el punto de vista constructivo, aparentemente hay muy pocas diferencias respecto al anterior: Estructura de fachadas en rajuela con recursos de ladrillo, en fajas de 0.8 m y “tiras” de doble ladrillo intermedias. Como en el caso anterior, los dos ojos mayores en el eje de corriente están contenidos lateralmente por altos rodrigones dentados de ladrillo al centro y a los extremos. Los parapetos aparecen “cosidos” a la cima de pared y a los parapetos con pilas de ladrillo altas 2 m, no llevando línea ladrillada “de recurso” en la cima, porque el embrague latericio de la fachada no supera los 10 m sobre el pelo del agua y faltando al coronamiento casi cinco.
Dos (en diverso estado de conservación) son los restos de las plazoletas de espera a los extremos (los parapetos se abren afuera a “forceps”). En la del S, cubierta de hierbas que la han salvado, se conserva la inscripción dedicatoria de restauraciones de Carlos III, que debería ser fijada nuevamente al muro (se encuentra en tierra y llevársela es tan fácil como “goloso” para los cazadores de souvenir). Dice así:
REINADO/ CARLOS III/ Y SIENDO SU COR(RE)G(IDO)R DE/ ESTA VILLA D(O)N JUAN/ ANT(ONI)O DE UEINZA Y ABAD/ SE REDIFICARON/ ESTAS OBRAS A LAS/ Q(U)E CONTRIB(UYERO)N LOS PUE/ BLOS DE 30 LEGUAS/ EN CONTORNO AÑO/ DE 1781.
Véase el dibujo 29. Y nótese, de paso, que la inscripción, dado el valor jurídico-administrativo, nos enseña hasta qué punto los territorios afectados favorablemente por la presencia del puente estaban gravados económicamente en su manutención.

Dibujo del profesor Rodríguez Almeida sobre la placa abandonada en el Puente de Valladolid.

He tenido ocasión, en diversas circunstancias y sedes, de ocuparme del lamentable estado en que este puente, tal vez el más bello y más interesante, se encuentra. Pero veámoslo primero en sus características constructivas, para darnos luego cuenta de sus fallos estructurales y su penoso estado. El puente es largo, unos 107 m; incluidas las plazoletas, unos 138 m; ancho unos 5 m, con la calzada cubierta y en mal estado.
La estructura consta de dos fachadas altas sobre el pelo del agua en magra cerca de 17 m (aunque hoy, debido a la falta de limpieza y a la abundante e inculta vegetación el cauce encenagado haya ganado en altura hasta más de 4 m) y su longitud, como hemos notado más arriba, llega a los 138 m. Los fondos de sus pilares son de cantería de buena calidad, al menos en 5 de sus siete arcos; de ellos se alzan los pilares de ladrillo a diversas alturas, lo que demuestra que la estructura actual se eleva sobre soportes no suyos, esto es, anteriores; lo cual, visto que el resto de la obra es gótico-mudéjar de los siglos XIII-XIV, no puede más que ser romana. Una característica que otros detalles menores confirman, por ejemplo, el hecho de que en los arcos mayores vemos que el ladrillo que parte de los pilares se apoya sobre dovelas notablemente movidas, no a plomo con el resto del dovelaje inferior. Otra: los dos últimos arcos al E tienen en sus apoyos inferiores una sillería del todo particular no usada en la Edad Media. Son bloques, aparte de perfectos, almohadillados, a la manera clásica, de nulo uso hasta el Renacimiento (y es impensable que las partes mudéjares hayan sido superpuestas después de la época renacentista). Por tanto, es evidente que estos pilares almohadillados demuestran un origen romano de la estructura pontual.

Sillares de granito almohadillados en el séptimo arco del puente de Valladolid.

Aparte de lo dicho para su antigüedad, el resto de las características de las fachadas es sustancialmente el mismo que el del Puente de Medina ya visto: arcos apuntados de mandada de ladrillo ligeramente reentrante en la baja y más pequeña, cada uno de ellos envuelto en un alfiz (los dos centrales los han perdido en sucesivas restauraciones, pero quedan acá y allá sus restos visibles). Entre ellos, los consabidos recursos de doble línea de ladrillo dividiendo el haz de la fachada en fajas de casi 1 m de altura (no sabemos cuánto y qué signifiquen, a efectos de cronología, las diferencias de anchura de las cajas de rajuela entre recursos planos de ladrillo, pero valdría la pena investigarlo). En el coronamiento, entre el cuerpo de la fachada y los parapetos, encontramos a intervalos distanciados de 2.5 metros de media, pilarcillos de ladrillo de “costura” con los parapetos y, a intervalos irregulares, por debajo del pavimento de la calzada, gárgolas de desagüe en piedra, características, sobre todo, de los puentes planos y sin “lomo de asno”. Quedan leves testimonios de los viejos tajamares, pero tan reducidos que son casi inobservables con el necesario detenimiento.

Pilarcillos de ladrillo que cosen el parapeto al muro.

Los arcos de alivio (3) se encuentran al lado O y están situados, parece ser, sobre dintel continuo de ladrillo (hoy no visible). La pendiente del margen O, menos rígida que la contraria, ha provocado un progresivo enterramiento, ya notado como un peligro al momento de las restauraciones del siglo XV.
La fachada a monte presenta una característica (seguramente idéntica en los grandes puentes) particularmente peligrosa para la estabilidad: el “alma” entre “hojas de fachada” es un tapial de adobe. No existiendo (al parecer) elementos tirantes entre las fachadas, el adobe, hinchado por la lluvia ha ido empujando progresivamente la fachada contra corriente abriendo dos grandes brechas; a sudoeste, una (peligrosísima) de hasta 38 m de longitud por siete de profundidad (hasta las cervices de los arcos). Al lado nordeste hay otra de 26 m de longitud por una profundidad aún mayor (12 m) que la de la precedente, debido, probablemente, a la mayor rapidez y empuje de las crecidas sobre una vertiente más vertical que la opuesta (dibujo 30).
Teniendo en cuenta esta situación y la cegazón total de los arcos de alivio, es de notar que, en caso de grandes crecidas, se crea contra el puente una presión poco menos que insoportable para la estructura, de modo que el peligro de ruina total de este espléndido monumento es, no solo real, sino a todas luces, no lejano en el tiempo, si bien las presas reguladoras especialmente de “Las Cogotas”, en Cardeñosa, han limitado mucho este peligro.
También para este puente constan reparaciones en 1547 y 1549.”
(FIN DE LA TRANSCRIPCIÓN)


La década de los años setenta del pasado siglo se puede considerar como el decenio negro para el patrimonio cultural, histórico y artístico de Arévalo: demolición y desaparición del Palacio Real donde Isabel I de Castilla vivió su infancia y parte de su adolescencia. Desaparición de las casas palaciegas del fondo noreste de la plaza del Real y construcción de viviendas subvencionadas irrespetuosas en forma y altura con el conjunto del interior de la muralla. O el ejemplo del puente que nos ocupa que se destruyó una buena parte de su estructura al empotrar contra él el nuevo puente del cementerio, sumiendo en el abandono y en la ruina a uno de los monumentos más importantes y antiguos con que cuenta la ciudad. 
Cronistas e historiadores han hablado siempre de la presencia romana en Arévalo sin encontrar en el casco urbano los restos arqueológicos que así lo atestiguaran: un posible templo a Minerva, después reconvertido en iglesia de San Pedro ya desaparecida, piedras romanas reutilizadas en muros y esquinas de iglesias... y en las cercanías: el pontón romano de la Vega cerca de la estación, restos de asentamientos romanos por las inmediaciones de Arévalo, la presa romana del Arevalillo a ocho kilómetros de la ciudad... cuando en realidad los restos romanos siempre han estado ahí, en el puente de San Pedro o de Valladolid. El profesor Rodríguez Almeida así lo vio y así lo expuso en su trabajo sobre los puentes históricos de Ávila: la estructura gótico mudéjar de los siglos XIII-XIV del puente de Valladolid se levanta sobre las ruinas de un puente romano, perfectamente visibles en el tercio inferior del monumento.

(*) Que las palabras y reflexiones del profesor Rodríguez Almeida nos hagan pensar y llevar al Puente de Valladolid a su definitiva restauración y a su merecidísima declaración como Bien de Interés Cultural, por ser un puente medieval de factura gótico mudéjar, pero de origen, testimoniado arqueológicamente, romano. Todo lo demás es hacerle de menos.

En Arévalo, a ocho de diciembre de 2017.
Luis José Martín García-Sancho.

ENLACES RELACIONADOS:

Puente de Valladolid y puente nuevo del cementerio "comiéndose" los últimos metros del monumento. (Foto: David Pascual Carpizo)

lunes, 27 de noviembre de 2017

EL OSO, TODO UN EJEMPLO.





El Oso es un pequeño municipio del norte de la provincia de Ávila, perteneciente a la comarca de La Moraña. Tiene una superficie pequeña, de 18,49 kilómetros cuadrados y una población también pequeña, solo 176 habitantes. En la década de los cuarenta del pasado siglo contaba con 624 habitantes, por lo que es un claro ejemplo de la despoblación que sufren los pueblos de la región, uno de los principales y más graves problemas a los que se enfrenta el mundo rural.


Vista de El Oso desde la torre del centro de interpretación

Se encuentra en medio de la llanura cerealista castellana, su extensión mayoritaria son las tierras de cultivo, destinadas principalmente a los cereales de secano. También, como otros muchos municipios de la comarca, cuenta con pinares isla y pequeñas choperas aisladas en el cauce de algún arroyo. Como la mayoría de los pueblos de la zona, cuenta con algunas zonas húmedas de escasa extensión, en forma de saladares, lagunas y lavajos.
Por tanto, en cuanto al aspecto físico del municipio, no hay nada especial que le diferencie del resto los municipios de la comarca. Excepto por una salvedad: tiene agua y el agua es sinónimo de vida.


Laguna del Hoyo (Foto: Pepe Rodríguez)

Una buena parte del municipio de El Oso se considera una zona de descarga del acuífero. Varios pozos artesianos y manantiales no dejan de manar, incluso, en épocas de prolongada sequía. Esto ha hecho que varias zonas húmedas mantengan agua durante casi todo el año. El conjunto de humedales conocidos como las Lagunas de El Oso, sí son un rasgo diferenciador del municipio, especialmente la laguna del Hoyo, la mayor de todas ellas y la más interesante por su variada fauna y flora acuática.
Esta peculiaridad no pasó nunca desapercibida a grupos conservacionistas, como ADECAB, que realizaron censos periódicos de aves acuáticas, algunos de los cuales fueron incluidos en los censos nacionales de aves acuáticas invernantes coordinados por la SEO. Tampoco pasó desapercibida para la fundación alemana “El camino hacia Doñana”, cuando se puso en contacto con ADECAB para recuperar o preservar algunas lagunas de La Moraña con una parte de los beneficios obtenidos por el pabellón alemán durante la Expo de Sevilla 92. Esta fundación invirtió dinero en la laguna del Hoyo, en un observatorio, y en recuperar un pequeño lavajo cercano al pueblo para convertirlo en una especie de centro de interpretación.


Grupo de visitantes durante la visita de 26/11/2017

También hay que decir que el Ayuntamiento creyó desde el principio en el proyecto, en el potencial del agua, de sus manantiales, de sus lagunas y lavajos y apostó fuerte por su conservación y, también, por un incipiente turismo ornitológico. Delimitó la zona inundable y llegó a acuerdos con cazadores y ganaderos para que se respetara el ciclo de la vida asociado a la laguna del Hoyo creando una zona de reserva, cuando todavía la ceguera o la falta de reflejos de la administración autonómica no había incluido tan siquiera a este importante humedal en el catálogo de zonas húmedas de interés especial. Eso, afortunadamente, llegó unos años más tarde, después de la insistencia de varios grupos ecologistas y del propio ayuntamiento de El Oso.
El dinero de la Expo de Sevilla 92 destinado a medio ambiente del pabellón alemán se agotó unos años más tarde, pero no las ganas del ayuntamiento de El Oso de seguir conservando la laguna, su fauna, su flora y en mantener el enorme interés que había suscitado en el mundo de la ornitología. Ahora El Oso estaba en el mapa, en un mapa mundial, gracias a la laguna y a las citas y publicaciones de muchos ornitólogos. Por lo tanto, no se amedrentó y llegó a un acuerdo con SEO Birdlife y Diputación Provincial para seguir por un camino que ya se estaba consolidando, el de un pequeño pueblo volcado en la conservación de la vida silvestre y su entorno natural como una apuesta de futuro.


Nuevo observatorio de la chopera de la fuente.

Se contrató a personal especializado en materia medioambiental para que, desde el ayuntamiento, se trabajara en mantener lo ya conseguido y, a ser posible, mejorarlo y aumentarlo. Se abrieron dos nuevos observatorios, se instaló una cámara de vigilancia en la Laguna y se contó con personal voluntario para realizar estudios periódicos de aves acuáticas en la laguna. Así, poco a poco, El Oso fue ocupando el lugar que le correspondía en el mundo de las aves y empezó a aparecer en estudios y listados internacionales. 
Y el proyecto continuó sin flaquear, contando con aportaciones como Global Nature, y la implicación, ahora sí, de la Junta de CyL. Hace poco, esta primavera, se ha inaugurado un magnífico espacio cultural que con el nombre de “Lagunas de La Moraña” es un centro de interpretación de la naturaleza señero y de referencia, no solo del municipio de El Oso, sino de toda la comarca e incluso, me atrevería a decir, de toda Europa.


Centro de interpretación "Lagunas de La Moraña".

Las Lagunas y el entorno de El Oso cuentan con poblaciones de importancia internacional para varias especies de aves. Importancia que está reconocida por organizaciones nacionales y europeas. No así, para la administración autonómica que no pasa de la figura de “zona húmeda catalogada”, a todas luces insuficiente, y no da el paso siguiente, completamente necesario y merecido, que es solicitar la declaración de una Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).


Bandada de grullas en El Oso el 26/11/2017.

El Oso es un municipio pequeño con una superficie destinada mayoritariamente a los cereales de secano y que, a pesar de haber quedado fuera del área de regadío de la Cogotas, ha sabido encontrar y encaminar su futuro ligado a la conservación de espacios y especies naturales y, ciertamente, parece que con un éxito rotundo.
Otros municipios que agonizan mirando al cielo y dando la espalda a natura, tal vez deberían preguntarse si este no es un ejemplo a seguir.

En El Oso, a veintiséis de noviembre de 2017.

Luis José Martín García-Sancho.

Fotos: Pepe Rodríguez y LJM (Luis J. Martín)

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sábado, 25 de noviembre de 2017

DESPROTECCIÓN DE RIBERAS



Las riberas del Arevalillo y, especialmente, las del Adaja son las zonas con mayor biodiversidad de la comarca de la Tierra de Arévalo. Al ir acompañadas de extensos pinares, hace que el espacio conocido como el corredor del Adaja sea uno de los más valiosos para la flora y fauna de las llanuras castellanas que se extienden tanto al norte como al sur del padre Duero.
En una estrecha franja de terreno podemos encontrar todos los hábitats presentes en la comarca:
- El casco urbano de Arévalo se asoma como a un balcón a ambos ríos que, a lo largo del tiempo han excavado profundos valles. Los pueblos, creados por y para el hombre, tienen una fauna y una flora propia ligada a zonas rurales y urbanas, por lo tanto aportan su granito de arena a esta diversidad biológica.

- El propio cauce del río, ya sea permanente como en el Adaja o intermitente como en el Arevalillo, aporta la vida acuática: Invertebrados, peces, crustáceos, moluscos, anfibios, reptiles, mamíferos, aves, plantas… suman especies al cesto de la vida.

- Los bosques de ribera, o sotos, aumentan notablemente el número de especies animales o vegetales que utilizan este hábitat para reproducirse, alimentarse, viajar, esconderse, descansar… en definitiva vivir.
- Los pinares que acompañan a ambos ríos son el último reducto forestal de entidad que queda en la comarca. En ellos hay muchas más especies vegetales que a las que a primera vista parece. Alguna de ellas amenazadas o escasas no solo en la comarca sino en España. También son el lugar elegido por un buen número de especies de fauna forestal o ligada a los árboles, alguna de ellas seriamente amenazadas a nivel mundial o, incluso, en peligro de extinción.

- Por último, todo este cóctel de biotopos, está rodeado de extensas llanuras cerealistas donde, a duras penas, sobrevive uno de los grupos faunísticos más amenazados a nivel europeo, las aves esteparias o aves de llanura, que dependen fundamentalmente del buen hacer del agricultor y de los ciclos agrarios tradicionales.
Por tanto, en esta estrecha franja de terreno tenemos especies urbanas, acuáticas, forestales, riparias, rupícolas, campestres y esteparias. Todo un récord.
Las riberas de ambos ríos, periódicamente, se han plantado casi exclusivamente con chopos como monocultivo forestal, para ser talado para su aprovechamiento maderero. Cada quince o veinte años los chopos plantados en hileras se talan a matarrasa, es decir se cortan todos los pies existentes, pero también los arbustos y otros árboles que a lo largo de los años han ido apareciendo de forma espontánea diversificando el monocultivo inicial.
TALA A MATARRASA EN EL RÍO ADAJA EN EL AÑO 2017.

Para esta práctica tan radical, de forma generalizada, se han venido concediendo las correspondientes autorizaciones tanto por parte de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) como por la Junta de Castilla y León (JCyL) para que las cortas se realizaran y, además, hasta el mismo borde del río. En este aspecto, el colectivo ecologista exigía que se respetaran los metros correspondientes de dominio público hidráulico y que, en ningún caso, se permitiera que se talase hasta el mismo cauce, dejando una banda de protección a cada lado del río para que se preservarse una mínima parte del importante corredor biológico que suponen los bosques de ribera.
Pues bien, actualmente estas prácticas están prohibidas por el REAL DECRETO 1/2016, de 8 de enero por el que se aprueba la revisión del plan hidrológico de la parte española de la demarcación hidrográfica del Duero (entre otras cuencas). Publicado en el BOE número 16 de 19 de enero de 2016.
En el Anexo IV: DISPOSICIONES NORMATIVAS DEL PLAN HIDROLÓGICO DE LA PARTE ESPAÑOLA DE LA DEMARCACIÓN HIDROGRÁFICA DEL DUERO; el punto 2 del art. 17 referente a las bandas de protección de los ríos ordena:
2. Bandas de protección de la morfología fluvial de los cauces:
a) Con la finalidad de mejorar la protección de la morfología fluvial ante la incidencia ecológica desfavorable de los aprovechamientos de áridos, de pastos y de vegetación arbórea o arbustiva, el establecimiento de puentes o pasarelas, embarcaderos e instalaciones para baños públicos, y en particular, a los efectos de su autorización o concesión, en función de su importancia y magnitud, los ríos de la cuenca del Duero se clasifican en:
- Clase 1: Ríos principales de la cuenca, con largos recorridos, importantes caudales y extensas formaciones de ribera. La banda de protección para estos ríos se fija en 15 m en cada margen.
En el apéndice 10.1 de este Real Decreto quedan reflejados todos los ríos de clase 1, es decir, ríos principales de cuenca con importantes bosques de ribera. En la provincia de Ávila solo hay dos ríos que merezcan esta protección, uno es el Tormes y el otro el Adaja:
Por lo tanto, las talas que se han realizado recientemente en el Adaja tanto en Arévalo a su paso por el casco urbano, como en Orbita a la altura de los Merenderos, como en El Fresno, cerca de Ávila, entre otras, al haberse talado la ribera a matarrasa hasta el mismo borde del río, no respetan la banda de protección, por lo que incumplen el reglamento y tanto CHD como JCyL no deberían haberlo autorizado.
TALA A MATARRASA HASTA EL MISMO BORDE DEL RÍO ADAJA EN VERANO DE 2017 EN EL TÉRMINO MUNICIPAL DE ORBITA

Según el Real Decreto, esta banda de protección se reduce a cinco metros en el caso del Arevalillo, pero también debe respetarse.
Esperemos que en el futuro desde la CHD y la JCyL se cumplan las normas jurídicas establecidas a la hora de conceder autorizaciones para aprovechamientos forestales de ribera y se respeten los 15 metros obligatorios como banda de protección en el Adaja y los cinco en el Arevalillo.
La diversidad aumenta. La vida gana. Ganamos todos.

En Arévalo, a cuatro de agosto de 2017.
Luis José Martín García-Sancho.

MIENTRAS TANTO EL CORREDOR DEL ADAJA SIGUE AMENAZADO Y DESPROTEGIDO.

Artículo publicado en el número 99 de La Llanura de Arévalo en el mes de agosto de 2017.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

QUE BONITAS SON LAS FLORES





Que bonitas son las flores
que nacen en primavera,
que bonitas son las flores
que tapan toda la mierda.
Si solo vemos colores
que atenúan las miserias,
gritemos como tenores,
aunque asome la tragedia
¡Qué bonitas son las flores!
***
En medio del vertedero
nació una sola flor.
En aquel estercolero
la flor creció
y lo llamaron jardín.

En Arévalo, a ocho de noviembre de 2017.
Luis José Martín García-Sancho.





viernes, 3 de noviembre de 2017

MIÉRCOLES DE LUGAREJA


MIÉRCOLES DE LUGAREJA

La ermita de la Lugareja o iglesia de Santa María de Sánchez Román es un monumento de arte mudéjar declarado Bien de interés Cultural (BIC), Monumento Nacional desde 1931. Se encuentra en una pequeña loma al sur de Arévalo en la carretera que va a Palacios Rubios.
Fue construida como iglesia del monasterio de canónigos regulares en 1179, el cual pasó a ser monasterio de religiosas cistercienses en 1240, hasta el año 1524 que se trasladan al tristemente desaparecido Palacio Real de Arévalo. Desde entonces y hasta 1911, es decir durante casi cuatro siglos, es parroquia del Lugarejo de Sánchez Román, anejo perteneciente al Ayuntamiento de Arévalo y, por tanto, parroquia del obispado de Ávila. En 1911 al perder la categoría de parroquia, y durante muchos años, es utilizada como ermita en casos puntuales en celebraciones religiosas como, por ejemplo, bodas y, especialmente, en la festividad de la Virgen de la Lugareja, que se solía celebrar el segundo fin de semana de junio. Durante la fiesta tenía lugar junto al monumento una alegre y bulliciosa romería que gozaba de una gran aceptación popular. Concretamente, la última vez que se celebró fue entre el ocho y el trece de junio de 2005.
Después de junio de 2005, los propietarios de la finca donde se encuentra el monumento y el poblado, prohibieron e impidieron la subida y, años más tarde, cercaron el camino de acceso impidiendo el paso a vehículos y personas de forma libre. También hicieron desaparecer el camino vecinal que unía Arévalo con la localidad de Vinaderos y que pasaba junto a la ermita.

Al ser BIC los propietarios están obligados a permitir el acceso a los turistas con un horario concreto. Desde entonces, solo se puede visitar la ermita los miércoles de una a tres de la tarde. Claramente, un día y un horario nada apropiados para la visita turística y cultural que demanda un monumento de tal magnitud, ejemplo por excelencia del arte mudéjar castellano. Todo un despropósito que lleva más de doce años sin encontrar una solución pactada que contente a todas las partes implicadas.

Por eso desde hace tiempo, todos los miércoles festivos asociaciones como la Alhóndiga y particulares como Mario Gonzalo, vienen haciendo un llamamiento a través de las redes sociales para subir a disfrutar de la Lugareja.

Como el pasado uno de noviembre fue miércoles festivo un gran número de personas interesadas por el patrimonio de Arévalo acudieron a la invitación de la Asociación de Cultura y Patrimonio la Alhóndiga de Arévalo y subieron a la Lugareja.

Estos son algunos de los momentos del paseo desde las ruinas del convento de los Trinitarios hasta la Lugareja:

- Camino de la Lugareja:





El acceso a la ermita se hace a través de la carretera Av-P-116 que une las localidades de Arévalo y Palacios Rubios. Para ir andando no hay camino ni sendero practicable, por lo que hay que ir por la cuneta de la propia carretera, peligroso acceso para un monumento tan importante.




- La Lugareja es presa:






El monumento está rodeado de alambrada para impedir el libre acceso al mismo, incluso hay vídeo vigilancia.



- La visita y los visitantes:




Entre los presentes se encontraban Julio Pascual Muñoz, y Mario Gonzalo Cachero, muy conocidos ambos por la calidad de sus fotografías






Durante la visita Juan Carlos López Pascual, presidente de la Alhóndiga de Arévalo, hizo un resumen de la historia de la iglesia, una breve descripción de su arquitectura y elementos constructivos, así como el estado en que se encuentra en la actualidad tanto el monumento como la propiedad y los litigios por recuperar el espacio para todos los arevalenses y todos aquellos que quieran visitarla o estudiarla.







- La Lugareja por fuera:







Ladrillo mudéjar, piedra caliza irregular conocida como rajuela y argamasa de cal y arena son los principales y casi únicos elementos constructivos, que consiguen unas dimensiones y formas espectaculares. Arte mudéjar primitivo y genuino en estado puro. Arte con mayúsculas.











- El interior:








La escueta decoración interior hace aún más grande al monumento. El rojo arcilloso de los ladrillos resalta sobre el blanco dominante de la cal. Las formas conseguidas por la simple alineación de los ladrillos separados por hiendas de argamasa son sencillamente únicas.








- El pueblo:
Alguno de los asistentes había vivido en el pueblo del Lugarejo, una pedanía de Arévalo, y recordaba perfectamente la casa en la que residió y a muchas familias que fueron sus vecinos o, incluso, a varios que habían nacido allí mismo.







Solo los miércoles es visitable una joya como La Lugareja. Solo los miércoles y apenas durante dos horas, de 13 a 15 de la tarde, se puede contemplar de cerca un monumento de la categoría de Bien de Interés Cultural. Uno de los mejores y más reconocidos ejemplos de arte mudéjar castellano.
Quizás sea ya el momento de que cesen los litigios y diferencias entre propietarios, obispado y ayuntamiento. Quizás sea ya el momento de recuperar como espacio público el lugar donde se asienta la Lugareja para que sea visitable de forma normal y racional, tal y como se merece. Ni más, ni menos.

En Arévalo, a uno de noviembre de 2017.
Fotos y textos: Luis J. Martín