lunes, 31 de octubre de 2011

LA HUCHA DE TOMÁS



Por Ignacio Martín García-Sancho

La hucha de mi hijo era una pequeña caja fuerte. Recuerdo la sonrisa de Tomás cuando atesoraba pacientemente todo el dinero que le proporcionaban amigos y familiares mientras estaba enfermo. Nunca me confesó que quería comprar. Sus esperanzas inmediatas se centraban en lo que iba a comer cuando saliera del hospital y en las películas con las que pretendía amenizar los largos días de monótona convalecencia. Tenía una pequeña libreta en la que apuntaba todo ello, derrochando una imaginativa generosidad a la hora de escribir con faltas de ortografía. En cuanto a sus anhelos más trascendentales, a Sonia, la chica de la Fundación Pequeño Deseo, la confesó, tras varias semanas de terco silencio, que quería tirarse en paracaídas.
No disfrutó del tiempo suficiente como para cumplir su sueño. Cuando murió y conseguí abrir su hucha, tras un puñado de meses de doloroso aplazamiento, me encontré con 752 euros. Deseaba que la memoria de mi hijo perdurara más allá de mí propia vida y concebí un proyecto para fomentar la investigación en Oncología Pediátrica. Lo nombré "La Hucha de Tomás". Nunca sabré si mi hijo aprobaría este propósito, pero en la hucha también había una cartera en la que se escondía su carnet de identidad. Hallé el rostro inmortalizado de Tomás justo antes de enfermar por segunda vez. En sus ojos descubrí la madurez de un niño que ha derrotado al cáncer en una ocasión y la sonrisa grave de un adulto que confía en sí mismo.
           
El Microrrelato titulado "La Hucha de Tomás" de Ignacio Martín García-Sancho ha ganado el concurso "Escribe Vida" patrocinado por el Centro Comercial Sexta Avenida a beneficio de la Fundación Cris. Espero que os guste.
ENLACE A LA HUCHA DE TOMÁS:
 http://www.lahuchadetomas.com/


sábado, 22 de octubre de 2011

OTOÑO


Estaba extasiado mirando al sol poniente.
Los colores proyectados encendían nubes que antes fueron blancas. Convertían en filón de oro la pequeña chopera del arroyo.
Sobre su cabeza cientos de grullas volaban en uve hacia la laguna. Sus alegres gritos rompían el silencio de la tarde. Parecían felices por haber alcanzado un lugar de descanso. Mientras, el potente graznido de la hembra de azulón, celebraba el encuentro.
Olía a menta.
Sonrió.
¿Quién ha dicho que el otoño es triste?

domingo, 16 de octubre de 2011

AMEAL: EL LÉXICO OLVIDADO

Hay palabras de uso habitual que no vienen registradas en el diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

Algunas son comúnmente utilizadas por personas de diferentes provincias. Otras son de uso más local o comarcal. Pero hay palabras que pertenecen a un determinado oficio que desaparecerán probablemente con él:

Telena”, es una palabra de uso muy extendido pero que no existe en el DRAE. Yo creo que todos sabemos lo que significa: membrana que se forma en la leche caliente o en la sopa al enfriarse. Incluso cuando nos referimos a las cataratas, si alguien dice: “El abuelo tiene una telena blanca en los ojos”, creo que todos sabremos a qué se está refiriendo.
Panija”, es otra de las palabras que no recoge el DRAE. Utilizada en el medio rural para definir la porción de alimento en forma de grano o harina que, mezclado con agua, se da de comer al ganado. Parece de uso extendido por Castilla, especialmente en Ávila y Segovia, donde es de uso común. Si alguien dice: “Voy a echar la panija a los cerdos”, Entenderemos perfectamente que los va a dar de comer.

Ameal”, una palabra preciosa utilizada en las diferentes serranías y valles abulenses para definir a un pajar al descubierto formado por un montón de heno o paja que se aprieta alrededor de un palo vertical y que se suele rodear de un murete de piedra para evitar que el ganado acceda a él. De hecho, uno de los picos más famosos y hermosos de la Sierra de Gredos, el Ameal de Pablo, cumbre de 2489m. muy buscada por los escaladores, recibe este nombre por el parecido que tiene con este pajar utilizado por las gentes del campo desde tiempos ancestrales. En este caso, el DRAE sí recoge una palabra para definir este uso agropecuario: “almiar”. Pero como abulenses debemos reivindicar el uso de ameal para que esta hermosa palabra no desaparezca.
Ameal en Navalperal de Tormes (Ávila). Foto: Luis J. Martín
 
La leche caliente, siempre hará telena al enfriarse. Afortunadamente, gracias al tirón del cochinillo de Arévalo, las marranas seguirán comiendo su correspondiente panija. Pero en los pueblos de las serranías abulenses, ya casi no se hacen ameales. La gente de los pueblos envejece y con ellos desaparecen muchos usos y costumbres ancestrales que, a pesar de los siglos que llevan realizándose, nadie ha reparado en que una determinada palabra, extendida por una amplia zona, ni siquiera existe en nuestro diccionario. Lástima que los abulenses seamos tan pocos y con escaso apego a nuestras raíces. Lo peor de todo es que este uso ganadero tradicional desaparecerá en pocos años y la palabra ameal, repito preciosa, sólo será un recuerdo de lo que pudo ser pero que nunca fue.