martes, 30 de octubre de 2018

ARCOS HERMANOS




Hay en Arévalo, dos monumentos representativos del arte mudéjar, magníficos ambos, pero con distinto grado de conservación, reconocimiento, atención, mantenimiento.

Si enseño esta imagen:


Con total seguridad todos sabrían decirme que se trata de la puerta o arco del Alcocer o de la cárcel, pues de las dos formas se la conoce. También, casi todos sabrán situarlo entre la plaza del Arrabal y la del Real. Así mismo, muchos sabrán que es la única puerta que nos queda de la muralla. Bastantes sabrán datar la construcción de la muralla en el siglo XII y unos pocos conocerán que el aspecto actual es del siglo XVI, momento en que se recrecen los torreones de la puerta para construir la cárcel.
En cambio, si enseño esta otra imagen:


Solo algunos sabrán que pertenece al puente de Valladolid, o del Cementerio o de San Pedro. Muchos desconocerán que se trata de un puente de origen romano. Algunos sabrán que la factura actual es mudéjar, posiblemente del siglo XIV, pero con varias restauraciones importantes, como la que se llevó a cabo durante el reinado de Carlos III en el siglo XVIII, según quedó grabado en una placa de granito abandonada a su suerte en el suelo, donde puede leerse: “«Reinando Carlos III y siendo su corregidor de esta villa don Juan Antonio de Ueinza y Abad se reedificaron estas obras a las que contribuyeron los pueblos de 30 leguas encontorno. Año de 1781.»

Pero estos dos monumentos tienen mucho más en común de lo que a primera vista pueda parecer.
Comparemos ahora estas dos imágenes:


Puerta del Alcocer

Séptimo arco del puente de Valladolid.

La primera, pertenece al arco sur del Alcocer. La segunda, al séptimo arco del puente de Valladolid. En ambas se aprecia el arco ojival o apuntado de los dos monumentos:

Arco del Alcocer

Séptimo arco del puente de Valladolid.

Pero aún tienen más parecido, acerquemos un poco más las imágenes:

Detalle del arco del Alcocer

La primera pertenece al Alcocer, se aprecia la arquivolta formada por tres arcos y el alfiz que enmarca al arco, rematado por un doble friso de esquinillas en la parte inferior y sardinel en la superior, separados por una doble hilera de ladrillos.

Detalle del séptimo arco del puente de Valladolid por su cara de río abajo.

La segunda pertenece al séptimo arco del puente de Valladolid y se aprecia la arquivolta formada, en este caso, por dos arcos y el alfiz rematado, de forma casi idéntica al del Alcocer, es decir: por un doble friso de esquinillas en la parte inferior y sardinel en la superior, separados por una doble hilera de ladrillos.
Como se puede apreciar en las imágenes son arcos hermanos, coinciden en que pertenecen al más puro estilo mudéjar y de factura prácticamente idéntica. Y, también, en que ambos deberían ser declarados Bien de Interés Cultural, como ya lo son, por ejemplo, el castillo o el puente de Medina.
Lo que los diferencia de forma drástica es su grado de conservación, que se podría considerar adecuada en el Alcocer y de abandono total en el puente de Valladolid. Porque les he enseñado la cara “buena” del puente que es la de río abajo, en cambio, la de río arriba presenta este otro aspecto:


Arriba y abajo: Estado del séptimo arco del puente de Valladolid por su cara río arriba.


El patente abandono ha convertido en ruina a uno de los mejores monumentos del mudéjar civil arevalense. Por la cara de contra corriente se ha derrumbado el muro y con él buena parte del arco de ladrillos con su doble arquivolta, su alfiz y su doble friso de esquinillas y sardinel, aunque aún se aprecia la impresión en negativo de los mismos en el alma de tierra del interior del puente.
Esperemos que las administraciones con competencias en materia de arte y patrimonio se pongan las pilas y acometan, más pronto que tarde, las obras de restauración necesarias para que este importante monumento, seguramente uno de los más antiguos de la ciudad, ya que según Rodríguez Almeida se remonta a la época romana, no acabe definitivamente en el lecho del Adaja.

En Arévalo, a veinticuatro de octubre de 2018.
Luis José Martín García-Sancho

BIBLIOGRAFÍA:

- Cervera Vera, L. (1992) Arévalo (Ávila). Editorial Alpuerto, S.A.

- Díaz de la Torre (1999) Un reino de ladrillo y adobe. Asodema.
- Guerra, R; Oviedo, C; Ungría, R; Delgado, P; Del Río, P.C. (1993) Arévalo y su Tierra. Imcodávila, S.L.
- Guerra Sancho, R. (2003) Las murallas de Arévalo, Obra social Caja de Ávila.
- Montalvo, J.J. (1928) De la Historia de Arévalo y sus Sexmos. Institución Gran Duque de Alba.
- Rodríguez Almeida, E. (2015) Puentes históricos de la provincia de Ávila. Diputación de Ávila.

En internet:
- Hispania Nostra: Lista Roja del Patriminio. LISTA ROJA
- Martín García-Sancho, L.J. (2017) EL PUENTE DE VALLADOLID, EL GRAN OLVIDADO
- Martín García-Sancho, L.J. (2017) EL PUENTE ROMANO
- Martín García-Sancho, L.J. (2016) MUDÉJAR CIVIL AREVALENSE
- Perotas Muriel, M. El puente de Valladolid, del Cementerio o de San PedroLa Llanura
VERSIÓN IMPRIMIBLE EN PDF:
EL PUENTE DE VALLADOLID, PDF

ENLACES RELACIONADOS:
ROMANCE DEL PUENTE OLVIDADO




miércoles, 24 de octubre de 2018

ES INÚTIL




Es inútil
que pare un rato y escriba,
es inútil
que idee versos y rimas,
es inútil
que hable del agua y la vida,
es inútil
que escuche a la oropéndola
en la ribera tranquila.
Es inútil.
Seguiréis cortando el árbol,
seguiréis callando al pájaro,
seguiréis cazando al corzo,
seguiréis despoblando pueblos,
seguiréis contando cuentos,
seguiréis matando al aire,
seguiréis secando el río.
Y yo, impasible,
seguiré estudiando,
seguiré escribiendo,
seguiré hablando,
con el convencimiento de que
es inútil.

En Arévalo, a tres de octubre de 2018.

Luis José Martín García-Sancho.







lunes, 15 de octubre de 2018

EL OTOÑO DEL RASTROJO

Collalba gris en un rastrojo.


Hoy he estado un par de ratos en el campo…
Cortos pero intensos.
Los colores se multiplican en las riberas y los caracoles han salido a verlos después de la lluvia con sus ojos elevados.

Espino albar en el río Arevalillo.

A finales de verano los rabilargos se juntan en pequeños grupos familiares por los bosques del corredor del Adaja. Según se consolida el otoño, estas familias se agrupan formando bandadas más grandes para pasar juntas el otoño – invierno, veo una ruidosa bandada de 35-40 rabilargos que se mueven por las copas de los pinos.
A un par de kilómetros, un solitario buitre negro descansa en la copa de uno de los pinos más altos situado en lo alto de una duna, iluminada por una luz que promete agua.

Luz de agua en las copas de los pinos.

Los corzos se muestran nerviosos, los disparos de la media veda les han recordado algunas bajas. Se cruzan y desaparecen deprisa, los machos sin corona, las hembras seguidas de algún corcino, ya tan grande como ella.
El principio del otoño es una época donde aún permanecen algunas aves estivales, pero también van llegando las invernales.

En un rastrojo, una de las últimas collalbas grises de la temporada.

Después, desde el pinar, recorro el norte de la provincia de Ávila desde Arévalo hasta Moraleja de Matacabras y, a pesar del fuerte viento del oeste, junto a las últimas collalbas grises o sisones de la temporada también se pueden ver a los primeros esmerejones, bisbitas pratenses, aguiluchos pálidos...

Grupo de siete sisones en un barbecho junto a los restos de una vieja parcela de alfalfa.

... milanos reales recién llegados del norte, que revolotean al caer la tarde sobre su dormidero sin decidirse a posarse en la alameda aislada en la llanura...

Milanos reales agrupándose en una alameda que utilizan de dormidero invernal.

El campo, enormes rastrojos y grandes parcelas recién aradas, parece desierto pero, poco a poco voy viendo a las cogujadas comunes, ratoneros, calandrias, cernícalos vulgares, estorninos negros y pintos, tórtolas turcas, torcaces, zuritas… todas estas especies se extienden por los rastrojos predominantes en el paisaje, pero a los que poco a poco van ganado terreno las parcelas aradas y recién sembradas.

Campesino con su tractor durante las tareas de la siembra.

El aire, fuerte del oeste, levanta el polvo.
El ciclo campesino comienza de nuevo.
A muchos este paisaje otoñal de la Tierra de Arévalo no les gusta... hay gustos para todo.

Los pastores aprovechan los rastrojos y barbechos como zonas de pasto.
Uno de los usos tradicionales de un medio rural que se apaga. Este pastor tendría a su cargo más de quinientas ovejas.

Echo de menos a la avutarda que no se ha dejado ver, también a las ortegas, a algún pequeño bando de alcaravanes, y a grupos más numerosos de sisones agrupados por decenas en alguna alfalfa. Solo he visto siete, y gracias, el año pasado en este mismo recorrido no vi ninguno.
Tengo que buscar en serio a la ganga ibérica, hace años que no la encuentro.
El declive de algunas especies es muy patente, donde en la década de los 90 se veían 30 ó 40 sisones en esta época del año, ahora no se ve ninguno.

Grupo de siete sisones en vuelo

Es curioso, al mismo tiempo que se despuebla el campo, también desaparecen algunas especies… y no es este fuerte viento del oeste el que se las ha llevado.

En Arévalo, a trece de octubre de 2018.
Luis J. Martín.

El rastrojo es el paisaje predominante.

Un ratonero en una parcela recién arada

Milanos reales que se agrupan en su dormidero al caer la tarde.

Los caracoles han salido a ver los colores otoñales con sus ojos elevados.

Bidón de pesticida abandonado junto a un camino.





martes, 9 de octubre de 2018

ENTRE LA BROCHA Y LA PALABRA




El 23 de septiembre pasado, por tercer año consecutivo, varios miembros de la Alhóndiga estuvimos acompañando al escritor arevalense Segundo Bragado para conocer de primera mano los murales que lleva años pintando en puertas y paredes de su finca. 
Nada más llegar, Segundo me preguntó que si había visto a la garza en el pilón de regadío de una de las tierras cercanas. Le contesté que no. Me dijo que estaría por detrás. Me subí a lo alto del pilón y, efectivamente, ahí estaba la garza aseándose el plumaje en una postura nada convencional.
Le enseñé la foto y le dije que aunque la había cazado con mi cámara, la garza seguía viva:



Luego pasamos y nos enseñó los murales que ha pintado a lo largo del último año. Destacan, en esta ocasión, los que ha dedicado a escritores arevalenses: Nicasio Hernández Luquero, Emilio Romero, Eulogio Florentino Sanz, Marolo Perotas, Julio Escobar y el propio Segundo Bragado.

También ha retratado a inmortales escritores de ámbito nacional como Francisco de Quevedo, Fray Luis de León, Lope de Vega, Gustavo Adolfo Becquer, Rosalía de Castro y José de Zorrilla. 

También ha realizado en este último año otros dedicados a su propia creación literaria, a la labranza, a la caza o la naturaleza. 

Nos acompañó a la amistosa velada poética Vitorio Canales, pastor poeta amigo del pintor poeta, que a sus 92 años mantiene una memoria prodigiosa.

Un año más, desde La Alhóndiga, queremos agradecer a nuestro compañero Segundo su amabilidad y su perseverancia creativa.

FOTOS DE LA JORNADA:


Obras literarias del pintor poeta.


Aquí ha querido retratar a Félix Rodríguez de la Fuente con este texto de León Felipe:
"Un hombre cualquiera puede ser naturalista o poeta... 
y el poeta es el hombre que llama a la poesía sin miedo."

"Ara y canta labrador
traza recta la besana
que en la punta de tu reja 
un pan cada dís nacerá."


"Todos los perros cazan.
Cazan los mastines
 y el perro del pastor
Hay perros de muestra,
de rastreo, de madrigueras
y perro perseguidor,
pero el mejor de todos
es el que respetando
a su antecesor a distancia
te hace la muestra,
patrón."


LA COMETA
"Cuando miro el cielo,
a las nubes yo anhelo.
Cuando en mí siento el viento,
cometa yo quiero."

Participaron en la jornada: 


Segundo Bragado

Vitorio Canales

Fabio López

Juan Carlos López

Javier Sánchez

Y el que suscribe.

En Arévalo, a veintitrés de septiembre de 2018
Luis J. Martín.





miércoles, 3 de octubre de 2018

PASEOS OTOÑALES





Con el otoño recién estrenado, reproduzco el artículo "Paseos otoñales" que escribí durante el otoño del pasado año y sirve de muestra de lo mucho que puede hacerse durante esta interesante estación, donde todo acaba para empezar de nuevo.

PASEOS OTOÑALES

“Dónde está el agua
que se llevó la hoja del chopo
aquel otoño tan rojo
verde bronce y amarillo.”
(LJM)

El otoño es una estación contradictoria.
Para muchos es triste porque los días se acortan, hay menos horas de luz, supone el fin de un ciclo de la vida, los visitantes estivales ya se han ido, los árboles pierden la hoja, se van quedando desnudos.
Para otros es alegre, el colorido se intensifica, la luz se matiza, las lluvias vuelven, los visitantes invernales se agrupan en la llanura y en las lagunas, supone el inicio del nuevo ciclo de la vida, natura prepara el renacimiento.
Es cierto que el colorido en otoño se intensifica y el paisaje toma un aire especial. Principalmente en los sotos de ambos ríos se pueden contemplar matices únicos, propios de la paleta del más consagrado pintor. Para ser testigos de estos paisajes otoñales, son varias las actividades que se han realizado a lo largo del último mes:
El pasado 15 de octubre la Asociación de Cultura y Patrimonio la Alhóndiga de Arévalo organizó un paseo para contemplar el paisaje otoñal del río Adaja a su paso por Arévalo. El recorrido comenzó en la plaza del Arrabal para bajar hasta la Isla por las cuestas de Foronda, tras un breve paseo por la Pesquera y la Isla, un lugar cercano y privilegiado para disfrutar de natura siempre con respeto, se siguió el curso del Adaja aguas abajo por el sendero abierto recientemente por la Asociación organizadora. El colorido de las hojas tanto en los árboles como en el suelo, formando mullidas alfombras vegetales, estaba en su punto álgido. Se recorrió el sendero hasta los jesuitas y desde allí al del puente de Valladolid para cruzar por este histórico monumento el río y subir desde allí a la Loma.

Abandonando el camino de la Loma y andando por el mismo borde de las cuestas, se obtienen, seguramente, las mejores vistas de Arévalo, las siete torres, el castillo y todo el caserío elevándose por encima de los chopos, del río con un intenso color amarillo que contrasta con el verde oscuro de los pinos de la ladera. La paleta la completan los diferentes matices de los álamos, fresnos, sauces, majuelos, escaramujos, cornejos y frutales. También espectacular el colorido del conjunto de chopos columnares que parecen sujetar el paisaje urbano con sus copas.
Tras un breve recorrido por la loma se descendió por el camino que zigzaguea entre las tierras y que nos aproxima nuevamente a la Pesquera, donde se volvió a cruzar el río para así cerrar el círculo. Un paseo agradable, para disfrutar con los cinco sentidos.
Por otra parte, el pasado 29 de octubre, por iniciativa de la Asociación de Senderismo los Pinares de Arévalo, se organizó una quedada para recorrer las riberas del Arevalillo y del Adaja. Partiendo de la calle de los Lobos se bajó al Arevalillo por el puente del Cubo para remontar el río por su margen derecho, a través de un sendero que ha sido limpiado recientemente por esta asociación.
Al llegar a la altura de Párraces se cruzó por los pinares de la Cañada hasta el puente de San Julián por donde se descendió hasta el Adaja para recorrer su ribera río abajo por su margen derecho hasta la Pesquera. En la isla, se pasó a su ribera izquierda para seguir hasta el puente de Valladolid y hasta la Junta.
Desde allí se remontó el río Arevalillo por el paseo fluvial hasta el puente de los Lobos donde se cerró el círculo. Una vez más un paseo para disfrutar de los paisajes y parajes con que natura nos regala a todos aquellos que queramos o sepamos disfrutarlos.

Por último, el pasado diez de noviembre, tuve el placer de acompañar a alumnos y profesores del Centro Rural Asociado “Llano Alto” de Ataquines, en un paseo didáctico por las riberas del Adaja y Arevalillo, desde la Isla en el Adaja hasta el puente de los lobos en el Arevalillo, para que los alumnos de primaria de este colegio disfrutaran de una mañana en el campo y aprendieran a conocer su entorno inmediato para así saber valorarlo, respetarlo y conservarlo.
Durante el interesante recorrido, fueron acompañados en todo momento por varios padres y profesores. Yo hice las veces de guía local y les enseñé las principales especies de flora y fauna que pueden verse en este entorno natural tan escaso e importante dentro de la gran llanura cerealista castellana.
Una interesante jornada en la que niños y niñas disfrutaron de la naturaleza y, seguramente, aprendieran a valorar lo más cercano que, al fin y al cabo, es lo que hace un poco más agradable nuestra existencia.
Como podemos comprobar, en un breve espacio de tiempo, se han realizado tres actividades abiertas al público, en las que hemos podido disfrutar del espectacular color de los árboles de la ribera, del olor de la alfombra vegetal al ser pisada, del rumor de la corriente del Adaja o de las hojas al caer, del sabor de alguna mora tardía y del tacto húmedo y suave de los musgos que crecen en algunos troncos sombríos.

No me canso de decirlo, todo está ahí, a nuestro alcance, para conocerlo, para respetarlo, para valorarlo, para defenderlo, para conservarlo.
Natura no cobra ni levanta alambradas.

En Arévalo, a cinco de noviembre de 2017.
Luis José Martín García-Sancho.
Artículo publicado en el número 102 de La Llanura de noviembre de 2017.

Fotos : Luis J. Martín.