miércoles, 20 de enero de 2021

CHEMA, UN ORNITÓLOGO DE ALTOS VUELOS

 



Chema, un ornitólogo de altos vuelos.

A sus 54 años, José María García Jiménez, “Chema”, es todo un referente en el estudio de las aves, especialmente, en Ávila. Y no me equivoco ni un ápice al decir que es uno de los más expertos ornitólogos, ya sea a nivel local, regional o nacional. Aunque él prefiere ser considerado un pajarero.

Nació en Gallegos de Altamiros en 1966 y aunque se fue a vivir a Ávila con solo un año, ciudad en la que reside actualmente, no ha perdido su vínculo con el pueblo, donde ha plantado decenas de árboles, mantiene los pequeños huertos de su padre y conserva los muros de piedra.

Profesionalmente, es técnico auxiliar de carreteras y, por tanto, personal fijo de la consejería de Fomento de la Junta de Castilla y León. Pero, en sus ratos libres, su verdadera pasión son las aves. Según dice, cuando era joven voló en parapente durante varios años para saber interpretar el vuelo de las aves veleras.

Cuenta, que el gusanillo del campo se lo inculcó su abuelo, que era un furtivo de los de aquellos tiempos. Los programas del Hombre y la Tierra de Félix Rodríguez de la Fuente y varios amigos con los que compartía inquietudes de infancia y juventud, le hicieron cambiar el tirachinas por los prismáticos.

Fue socio fundador de ADECAB, mítica asociación que, durante casi dos décadas, se dedicó al estudio y la defensa de los ecosistemas abulenses. También perteneció a ADENEX y a la Sociedad Española de Herpetología. Actualmente es miembro de la Sociedad Española de Ornitología.


Ha participado en innumerables trabajos de campo dedicados al estudio de la naturaleza, sobre buitre negro, buitre leonado, águila real, águila imperial, halcón peregrino, milano real, avutarda, aves acuáticas, migración de aves por el estrecho de Gibraltar, cigüeña blanca, cigüeña negra, grulla, anfibios y reptiles, lobo, atlas de fauna, guías de aves, zonas húmedas, arbolado, fauna atropellada… entre muchos más. En algunos casos, como destacado colaborador, en otros, como coordinador.

Desde el año 2009 censa de forma prácticamente continua las lagunas de El Oso, uno de los parajes naturales más destacados de La Moraña, con un prestigio a nivel internacional fuera de toda duda. El primer año por encargo de la fundación Global Nature para el Ayuntamiento de El Oso, con nuestro común amigo Pepe Rodríguez.  Después, como él dice, por inercia, para el blog del que es editor: “Aves Acuáticas de La Laguna de El Oso (Censos Quincenales de La Laguna de El Hoyo, El Oso, Ávila)”. Salvo contadas excepciones, ha realizado censos de la laguna del Hoyo, cada quince días y durante un periodo de once años, los cuales publica puntualmente en su blog, al que ayuda a mantener M. Cruz González. En estos censos han participado de forma puntual la flor y nata de la ornitología abulense.

Ha publicado varios artículos sobre sus trabajos de campo. El último es:  La Grulla Común (Grus grus) migración e invernada en la laguna del Hoyo, El Oso, Ávila. 2010-2020. II jornadas nacionales sobre grulla común en España. Pero tiene otras publicaciones sobre anfibios y reptiles, milano real, buitre leonado y vertebrados muertos por causas no naturales. Además, ha participado como colaborador en decenas de publicaciones. Por poner dos ejemplos cercanos: “Guía de las aves de La Moraña y Tierra de Arévalo” o “La avutarda en Ávila y Madigal-Peñaranda”.

Chema dedica a las aves todo el tiempo libre que le permiten sus obligaciones familiares o laborales. Y dice que lo que más le ha decepcionado en su relación con natura es la destrucción progresiva de sus hábitats. Reconoce que su afición le ha aportado momentos inolvidables, muchos amigos y algún que otro coscorrón con otros colegas. Confiesa que, con la experiencia vivida, no volvería a hacer ciertas cosas, pero que eso ahora no tiene sentido, pues si no las hubiese hecho no habría llegado hasta aquí, a lo que es actualmente. “El balance, por supuesto, es positivo. y disfruto como un niño con zapatos nuevos saliendo al campo y haciéndome constantemente preguntas de por qué este pájaro hace o viene o va”.

A nivel personal, he de reconocer que he tenido la inmensa suerte de contar con su colaboración en varios trabajos de campo y, desde que nos conocemos, que ya ha llovido y se ha secado, con su grata amistad, lo que nos ha llevado a compartir momentos inolvidables en plena naturaleza.

En Arévalo, a 31 de octubre de 2020.

Luis J. Martín.

(Publicado en La Llanura número 138, de noviembre de 2020)




Fotos de Pepe Rodríguez y LJM: Luis J. Martín.


viernes, 8 de enero de 2021

PÉRDIDA IRREPARABLE: MURALLA DEL RINCÓN DEL DIABLO

 

Vista de la muralla de Arévalo, monumento declarado Bien de Interés Cultural, con el Rincón del Diablo en primer término



En la foto que encabeza este artículo puede verse la muralla de Arévalo o el Arévalo amurallado, tres elementos: muralla, parte antigua de la ciudad e iglesia de San Miguel que son Bien de interés Cultural, tres de los ocho monumentos o conjuntos históricos que están protegidos y reconocidos con esta máxima distinción.

Pero de muy poco ha servido:

A las 13:30 horas del pasado cinco de enero de este recién estrenado 2021, la muralla del Rincón del Diablo cayó a las cuestas. 

No por haberlo advertido en varias ocasiones durante los últimos nueve años causa menos dolor la pérdida de patrimonio. De nuevo, una parte importante de nuestra historia se pierde para siempre. Como ya pasó con el arco ojival del Puente de Valladolid, el torreón de la puerta de San Juan y, más recientemente, el Palacio Real, por citar solo tres ejemplos.

Sobre esta última pérdida irreparable, la muralla medieval del Rincón del Diablo, La Asociación la Alhóndiga ya advirtió sobre su estado en el año 2012. Ante la pasividad institucional, hice un trabajo bastante descriptivo durante el verano de 2018, donde avisaba sobre su estado y sobre la necesidad de empezar cuanto antes las obras de restauración y consolidación para evitar que se derrumbara, cosa que, por desgracia, ha pasado. Solo se ha mantenido en pie el más oriental de los cuatro cuerpos que lo formaban, cayendo los tres restantes a las cuestas del Arevalillo.

Como este tramo del lienzo sur de muralla era uno de los pocos que quedaban de la muralla medieval original del siglo XII, por el interés histórico del monumento, repito, Bien de Interés Cultural, a continuación, reproduzco la parte descriptiva de la muralla conocida como “el Rincón del Diablo”. (No obstante, pueden consultar el trabajo completo en el enlace que se facilita al final del artículo). También publico algunas de las fotos del artículo de 2018 y las comparo con otras que muestran el estado actual en que ha quedado el monumento:

Muralla del rincón del diablo antes y después de su pérdida

“En Arévalo, con el nombre de “Rincón del Diablo”, se conoce la calle que va desde el torreón del palacio de Valdeláguila, “La Fonda”, hasta las cuestas y que hace esquina con las calles Principal de la Morería y San Juan y, también, al paraje que desde el final de la calle se abre a las cuestas del Arevalillo, justo por encima del puente de los Barros.

Este espacio se extiende desde las partes traseras del restaurante “La Posada” y del patio de “casa Hurtado” y está flanqueado, por un lado, por un magnífico tramo de muralla medieval y, por otro, por las ruinas de una de las dependencias del antiguo palacio de Valdeláguila, “Fonda del Comercio” hasta 2007.

En sus “Rimas Callejeras”, Marolo Perotas describe así el Rincón del Diablo en un romance dedicado al puente de los Barros:

 “El puente, por su estructura,

tomó el nombre de los Arcos,

y al guardián de aquella mole

que era un astuto criado

de la iracunda nobleza,

la gente llamaba «El Diablo»,

por su rara vestimenta

y por su picudo casco.

El sujeto se ocultaba

siempre en el rincón más alto

del lienzo de la muralla

por almenas flanqueado,

y desde allí vigilaba

los caminos del Oraño.

He ahí por qué al rincón

que hay detrás de casa Hurtado

el pueblo, por tradición,

le llame «El rincón del Diablo».”


Vista del puente de los barros y el Rincón del Diablo, antes y después de su pérdida.


El trozo de muralla que se encuentra en este espacio es el único y por tanto último resto perfectamente visible que sigue en pie del tramo oeste del lienzo sur de la muralla de Arévalo, que iba desde las cuestas del Arevalillo hasta la Puerta de San Juan, desaparecida en 1885 víctima de la ignorancia.

(...)

4.- El tramo que nos ocupa del Rincón del Diablo, continúa al anterior y llega hasta las cuestas. Es un resto de muralla medieval del siglo XII construida a base de ladrillo mudéjar, piedra rajuela y argamasa de cal y arena. Aunque, en una construcción que tiene más de ochocientos años, habrán sido cuantiosos los cambios o restauraciones llevadas a cabo a lo largo del tiempo como, por ejemplo, rellenar el espacio comprendido entre las almenas, quedando estas embutidas, aunque visibles, en un claro recrecimiento de la construcción, o la diferente estructura entre la parte basal y la superior, pueden ser un claro ejemplo de lo dicho. Así que lo que tenemos hoy ante nuestros ojos, con toda seguridad, no será exactamente igual que la muralla que levantaron nuestros antepasados arevalenses allá por el siglo XII.

Tramo de muralla conocido como El Rincón del Diablo, antes y después de su pérdida.

Actualmente, el tramo que se asoma al Rincón del Diablo tiene 18 metros de largo por siete metros y medio u ocho de alto. Consta de dos estructuras constructivas claramente diferenciadas: La parte inferior realizada solo a base de piedra rajuela y argamasa y la parte superior formada por cinco grandes pilares o machones de ladrillo mudéjar entre los que se forman doce cajones de mampostería a base de piedra rajuela unida por argamasa y sin revocar, los cuales se encuentran separados horizontalmente por tres verdugadas de dos o tres filas de ladrillo. En lo alto aún se distinguen, al menos, seis almenas de ladrillo mudéjar embutidas en lo que es un recrecimiento de la estructura a base de mampostería.

Detalle de las almenas embutidas en un recrecimiento de la muralla desaparecida.

El estado actual de este tramo de muralla medieval es bastante preocupante por las múltiples y profundas grietas y por el palpable desplome de algunas partes de su estructura. Hay dos grandes grietas muy evidentes, que recorren la muralla verticalmente entre los cajones de mampostería y el segundo y cuarto machón. Y, además, el desplome es muy evidente entre el cuarto machón y los cajones de su parte este y en primer machón de esquina y las paredes adosadas a la muralla por su parte interior. Graves y preocupantes desperfectos que hacen que amenace ruina, a no ser que se tomen medidas urgentes de restauración.

Arriba: Grieta que recorre la muralla verticalmente a la altura del cuarto machón.

Abajo: evidente desplome a la altura del cuarto machón.

5.- El Rincón del Diablo hace esquina con el inicio del lienzo oeste de la muralla que, desde aquí, siguiendo la loma de las cuestas del río Arevalillo, llegaba hasta el Castillo, originalmente mota defensiva. La esquina tenía un cubo semicircular o tronco cónico, ya que era más ancho en la base, realizado con piedra rajuela y argamasa. Debido a la inestabilidad del terreno de las cuestas, y tras varios deslizamientos de ladera, se ha perdido más de la mitad y se ha desplazado unos tres metros hacia abajo, dejando un gran boquete perfectamente visible en la zona donde se insertaba con la muralla.

Restos del cubo que hacía esquina y contrafuerte con el Rincón del Diablo, se aprecia perfectamente cómo se ha deslizado ladera abajo más de tres metros. Antes y después de su pérdida.


Esquina entre el lienzo Oeste de la muralla y el lienzo sur a la altura del Rincón del Diablo.

Todos los restos de muralla descritos corren serio riesgo de desaparición por ruina evidente, especialmente el tramo del Rincón del Diablo, claro exponente del mudéjar civil arevalense, ya que, durante muchos años, demasiados, no ha sido objeto de las obras de mantenimiento necesarias en cualquier construcción, especialmente en aquellas que cuentan con muchos siglos a sus espaldas y que tienen un gran valor histórico, artístico y patrimonial.

Resulta, como poco, chocante que el Plan Director de la Muralla no dé prioridad absoluta a conservar y restaurar convenientemente los pocos restos de muralla auténtica, como es el caso que nos ocupa, antes que a levantar e inventar nuevos muros con un criterio más que discutible, y con unos resultados nada satisfactorios, como es el caso de la neo muralla de San Miguel o el neo cubo, neo puerta y neo arco de las escalerillas. Sin duda alguna, mejor le vendría a la auténtica muralla de Arévalo, en lugar de inventar o crear neo estructuras, conservar y consolidar lo poco que queda pero que tiene un valor cultural incalculable.

Por todo ello:

- Dada la pasividad que han demostrado tanto el Ayuntamiento de Arévalo como la Junta de Castilla y León a la hora de conservar y poner en valor los auténticos restos de la muralla medieval de Arévalo.

- Dado el estado lamentable y preocupante en que se encuentra el tramo de muralla aquí descrito, conocido como El Rincón del Diablo.

- Dado el estado lamentable en que se encuentra el espacio descrito, por estar sucio, abandonado, intransitable, inestable, peligroso, olvidado.

- Dado que el presupuesto destinado a restauración de las murallas de Arévalo, no contempla el tramo descrito.

Desde la Alhóndiga de Arévalo, nos vemos obligados a solicitar que se incluya el tramo de muralla medieval conocido como “El Rincón del Diablo” en la Lista Roja del Patrimonio, junto a la neo muralla de San Miguel, incluida el 23 de marzo de 2014 por el riesgo de pérdida de los restos de la cimentación de la muralla primitiva del siglo XII. Todo ello por ser un claro exponente del arte mudéjar civil arevalense.

 

En Arévalo, a uno de agosto de 2018.

Luis José Martín García-Sancho.

Artículo publicado en el número 111 de La Llanura, de agosto de 2018.”

Imágenes relacionadas. Antes y después de la pérdida:








Hasta aquí los datos, saquen ustedes sus propias conclusiones.

Duele perder patrimonio.

Duele perder historia.

 

En Arévalo, a ocho de enero de 2021.

Luis J. Martín.

ENLACE RELACIONADO:

LA MURALLA DEL RINCÓN DEL DIABLO (versión bog)

EL RINCÓN DEL DIABLO (versión PDF)

 




miércoles, 30 de diciembre de 2020

UN ELEFANTE SOBRE EL PUENTE





UN ELEFANTE EN EL PUENTE

 

Sobre el puente de Medina,

un gran puente medieval,

pusieron valla de hierro,

desentona cantidad.

 

Bajando al puente pasea

un elefante triunfal,

camina, camina lento

con su correa y trompal.

 

 Mira a la valla perplejo,

mira y la vuelve a mirar,

no comprende como alguien

hizo tal barbaridad.

 

Por el arco de ladrillo

se aproxima un concejal,

el elefante se acerca

y le pregunta cordial.

 

¿A quién se le habrá ocurrido

poner valla de metal

tan cerca de un monumento

Bien de Interés Cultural?

 

Escuchad atentos todos,

escuchad sin vacilar,

así contesta aquel hombre,

así dice al animal.

 

La valla era necesaria

para poder evitar

que alguien se caiga a las cuestas

con resultado fatal.

 

El elefante cavila,

piensa y lo vuelve a pensar

y pregunta nuevamente

al edil municipal.

 

Pero es que esta valla tapa

al pretil original

hecho de piedra rajuela

unida con arena y cal.

 

¿No era más respetuoso

el murete restaurar

y, si fuera necesario,

levantarle un poco más?

 

Mas concejal se hace el sordo,

como el que oye barritar,

da la espalda al paquidermo

y se marcha hacia el pinar.

 

El elefante ahora grita,

grita alto y grita más,

agitando las orejas

hacia delante y atrás:

 

El puente de Medina es

un monumento genial,

de nuestro mudéjar civil,

el más espectacular.

 

Las obras de adecuación

sin respetar el lugar

es una labor que resta

esplendor patrimonial.

 

Mas sus palabras se pierden

por un arco ojival

de sus cinco enormes ojos,

ladrillo, rajuela y cal.

 

En Arévalo, a diecinueve de diciembre de 2020.

Luis J. Martín

(De la serie “Poemas con trompal”)


Valla Metálica levantada por delante del pretil original.

ENTRADAS RELACIONADAS:

ROMANCE DEL ÁRBOL SECO

ROMANCE DE LA PLAZA VACÍA

ROMANCE A UN PARQUE AREVALENSE

ROMANCE DEL PUENTE OLVIDADO
ROMANCE DEL RÍO SECO

- ROMANCE A LA NUEVA MURALLA EN RUINAS

- ROMANCE A UNA ESCULTURA

- DESALAMEDAR

- UN ELEFANTE EN EL PUENTE


lunes, 28 de diciembre de 2020

BRAULIO Y NAVIDAD

 




Entonces, vieron a Braulio subido al olmo y fueron hasta donde se encontraba.

Le llamaron a voces, pero no quiso bajar. Se limitó a preguntarles que qué querían de él.

Se miraron todos y, finalmente, uno de ellos le preguntó que por qué no celebraba la navidad como el resto de la gente.

Entonces, Braulio descendió hasta una de las ramas bajas y les habló así:

- Hace cientos de años un artesano escultor derribó un coloso árbol. De su tronco talló las estatuas de un Cristo, de un santo y de una virgen.

La gente se arrodilló ante ellas durante siglos, sin darse cuenta de que a quien rezaban realmente era a trozos de un árbol colosal, al que se le arrebató la vida para que las personas se sintieran redimidas de sus miedos, de sus faltas y de sus complejos, a los que llamaban pecados.

Todos se miraron sin comprender. Muchos se marcharon sin decir nada. Pero dos o tres se quedaron con la intención de quemar el olmo con Braulio incluido.

Pero desistieron porque empezó a llover.


En Arévalo, a veinticuatro de diciembre de 2020.

Luis J. Martín.


En la foto: Vladimir Mayakovsky (Autor: Alexander Rodchenko).


ENLACES RELACIONADOS:



viernes, 18 de diciembre de 2020

LA SANTA INFAMIA

 


“La Santa Infamia” es una novela escrita por José Ramón Rebollada Gil, que narra los hechos históricos del proceso inquisitorial del “Santo Niño de la Guardia”, al parecer, acaecidos en La Guardia, Toledo, a finales del siglo XV. Y digo, “al parecer”, porque, aunque esa ha sido siempre la versión oficial, los hechos nunca se probaron realmente.

Todo el proceso empieza en Astorga donde un judío converso llamado Benito García de las Mesuras es sorprendido con un pan ácimo en forma de oblea que es confundido con una hostia consagrada. Aunque Benito lo niega, es detenido e “interrogado”, bajo tortura, por la “Santa Inquisición”. Al final acaba diciendo lo que los inquisidores quieren que diga, que es un converso judaizante que lleva una hostia consagrada para hacer ritos contra los cristianos y la Inquisición. Que, también, por el mismo motivo, han secuestrado, torturado y asesinado a un niño en una cueva cercana a la localidad toledana de La Guardia. Acaba implicando hasta a once personas más que, tras el proceso inquisitorial celebrado en Ávila, son quemadas en el braseo de la ciudad, seis de ellas vivas, tres ahogadas previamente y tres en efigie porque ya habían muerto.

Hasta aquí los hechos históricos, extraídos de la documentación encontrada por el estudioso Fidel Fita sobre el proceso a Juçe Franco, uno de los encausados.

Lo cierto es que nunca fueron probados los hechos por los que la justicia asesinó a esas doce personas. Nunca quedó probado que hubiera desaparecido un niño, nunca se encontró el cuerpo del niño. Por lo que ese niño nunca existió en realidad.

Para el autor de la novela, todo el proceso fue una farsa, perfectamente maquinada por Fray Tomás de Torquemada, Inquisidor General de Castilla, y ejecutada por los inquisidores de Ávila.

Pero, ¿por qué se celebró el proceso inquisitorial en Ávila, si el primer detenido fue interrogado en Astorga y todos los implicados eran de la provincia de Toledo, menos uno que era de Zamora?

Para aclarar estas cuestiones entra en juego un molinero de Ávila, Lifardo Díaz, erudito en leyes, teología y filosofía, con un pasado muy diferente a su ocupación actual que va quedando reflejado poco a poco durante la trama. Para Lifardo el proceso no tiene ningún sentido y empieza a investigar. Poco a poco se va dando cuenta de que quien está detrás de toda esta farsa es el mismísimo Torquemada por oscuros intereses que demuestran su odio visceral hacia la población judía en general y los judíos conversos en particular.

Torquemada estructuró muy bien la forma de actuar de la Inquisición, de la que era el inquisidor general. Primero, favoreciendo las delaciones a través de una cláusula que protegía la identidad de los testigos que declarasen contra los acusados: “Lifardo el molinero sabía que con esa cláusula se daba la seguridad de que las delaciones serían anónimas, un asunto muy peligroso.” Solo con estas delaciones los inquisidores podrían argumentar que “el delito estaba semiplenamente probado” y podrían torturar al acusado.

Esto supuso un filón de oro, literalmente, para la Inquisición, pues podían apoderarse de todos los bienes de aquellos que fueran declarados culpables de herejía o apostasía, y también de la administración de los mismos. Y, aunque los bienes y derechos confiscados eran entregados a la cámara y fisco de los reyes, “Torquemada pensaba que era justo que las posesiones de los ajusticiados, se destinasen al servicio de Dios, la Iglesia y la Santa Inquisición a pesar de que era bien consciente de las necesidades de la Corona para financiar los gastos de la guerra de Granada. (…) Torquemada suplicó a los reyes que les donase a la comunidad dominicana y los monarcas accedieron.

Para que ustedes se hagan una idea tras la ejecución en la hoguera de dos encausados en otro proceso, Torquemada se hizo con la renta perpetua de unas treinta toneladas y media de cereal, noventa cestas de paja al año, una casa, una huerta, un palomar y veintiuna gallinas. Y por la ejecución quemado vivo de Gonzalo de Cuéllar, regidor de Segovia, 393.000 maravedíes, equivalentes a unos seis millones de euros. Qué duda cabe que fomentar o favorecer la delación anónima era un negocio redondo para la Santa Inquisición.

Llevando el proceso del niño de la Guardia a Ávila, lo que pretendía Torquemada era romper la convivencia armónica que existía entre las minorías de moros y judíos con los cristianos. “Torquemada se ocupó de hablar muchas veces con la reina de estos asuntos pero no parecía que se quebrase su voluntad hacia los judíos, ¿qué podía hacer? El inquisidor estaba empezando a tomar conciencia de la situación excepcional que se daba en Ávila donde judíos y moros convivían sin contratiempos con los cristianos desde hacía siglos.

Catedral de Ávila. 

 Incluso el obispo Fonseca llegó a decir en un sínodo: “Hemos visto hacer en Ávila un abuso que no hemos visto en ningún otro lugar de cristianos. Judíos y moros son admitidos a andar en procesión el Día del Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo (…) y no sabemos por qué razón y con qué ceguedad se vienen tolerando esos abusos.

Torquemada, a través de este proceso, quiso forzar a las autoridades seglares para que la convivencia entre judíos, moros y cristianos se rompiese en Ávila, pues no comprendía cómo “consentían que moros y judíos pudieran seguir desempeñando sus labores y oficios como siempre, sin restricciones de ningún tipo y otorgándoles los mismos derechos que a los cristianos.

Gracias a las torturas y delaciones, la Inquisición logró un caso perfecto para romper las relaciones amigables que se daban en Ávila: Según los detenidos de la Guardia y Tembleque se hablaba del sacrificio de un niño cristiano martirizado a la manera de Jesucristo. “Torquemada pensó que si se trajese el proceso a Ávila podría evidenciar a los vecinos de aquí, cómo actuaban en realidad los judíos y conversos, lo que podría ayudar a romper ese letargo armónico que parecía haberse asentado entre unos y otros en la ciudad amurallada.

El molinero abulense Lifardo Díaz, personaje de ficción, es crucial para el desarrollo de la novela. Gracias a su pasado y a sus conocimientos en temas legales y teológicos, va a intentar poner a Torquemada en entredicho en varias ocasiones a lo largo de la novela con diferentes resultados: “Lifardo se fue a la cama pensando que Torquemada no era tan terrible en realidad. Era obvio que conocía bien las leyes y la doctrina. Un tanto abrupto en el trato y las formas, pero había escuchado sus argumentos sin que pareciera inmutarse y, lo más importante, sin que hubiera sentido rechazo sino discusión dialéctica. La sorpresa vino a la mañana siguiente. Antes de amanecer los guardias inquisitoriales despertaron a Lifardo y le condujeron a la casa de tormentos sin darle explicación alguna. Allí estaba el propio Torquemada…

Años después, en el siguiente encuentro con el Inquisidor General, Lifardo fue mucho más precavido… pero para descubrirlo, amigos lectores, deben ustedes leer la novela. Aunque de este segundo encuentro les adelanto esta perla que José Ramón Rebollada pone en boca de su protagonista: “Le preguntaré ahora por una cuestión que me intriga. ¿Instruyó usted este proceso para convencer a los reyes de que era necesario expulsar a los judíos?

El caso es que, gracias al proceso inquisitorial que se dio en llamar “El Santo Niño de la Guardia”, Torquemada logró sus objetivos y los judíos fueron expulsados de los reinos de Castilla y Aragón. Así lo relata el autor en el caso de Ávila: “Los judíos fueron concentrándose poco a poco en la Puerta de la Malaventura, la puerta por la que todos ellos debían salir sin utilizar ninguna otra según se había ordenado. Antes de que el sol llegase a mediodía todas las familias habían atravesado esa puerta entre sollozos y lamentos.

Puerta de la Malaventura, Ávila.

En un solo día, desaparecieron familias enteras de castellanos que llevaban siglos viviendo en la ciudad, y cuyo único delito fue el no pertenecer a la mayoría católica.

La trama se enriquece y se diversifica, de forma notable, con historias paralelas que se producen al mismo tiempo que los hechos acaecidos en Ávila. Como la conquista de Granada por parte de los reyes Fernando e Isabel, con algunos pormenores interesantes, tales como las negociaciones con Boabdil, último rey de Granada, la creación de la ciudad de Santa Fe, que acogió a los reyes y su séquito durante una buena parte del proceso bélico de conquista, negociación y rendición. También, la propuesta de Cristóbal Colón de llegar a las Indias por el oeste, con sus diferentes procesos, en los que el proyecto fue rechazado en varias ocasiones, hasta su final aprobación, con la participación o mediación del obispo abulense Fray Hernando de Talavera, hombre de confianza de Isabel I y contrario a las prácticas de la Inquisición de Torquemada.

De hecho, la historia ha hecho coincidir dos fechas claves en el devenir de España tal y como la conocemos actualmente, la expulsión de los judíos de Ávila y la partida de Colón hacia su viaje oceánico desde el puerto de Palos: el 3 de agosto de 1492.

La novela, además, tiene otros regalos de la historia en forma de personajes secundarios. Personas que, según los estudios del profesor Serafín de Tapia, existieron realmente en Ávila, como es el caso de los moros Alí Moharrache y Abdalá el rico, o del judío Mosé Tamaño: “Mosé Tamaño no podía dar crédito a lo que estaba escuchando aunque todavía no era consciente del todo de la gravedad de la decisión real, solo le daba vueltas en la cabeza al dato de que debía abandonar su casa y su país antes de que finalizase julio, en tres meses, después de años y años al servicio de la Corona y de la ciudad.

El libro se estructura de la siguiente forma:

- Nota del autor, donde enumera a los autores de los muchos escritos que ha consultado o en los que ha basado el argumento y trama de la novela, en especial la publicación del historiador Fidel Fita de la única acta encontrada del proceso inquisitorial conocido como del Santo Niño de la Guardia, correspondiente a uno de los acusados, el judío Juçé Franco.

- Breve cronología de los judíos en España. Fechas y acontecimientos relacionados con la historia de los judíos en España y Europa.

- Introito. Donde se relata cómo los acusados son quemados en el Brasero de Ávila.

- Prefacio. Donde introduce en la trama de la novela a un personaje actual, Alessandra Xáteba, especialista en libros y escritos antiguos, a quien un misterioso abogado entrega un manuscrito secreto para que lo estudie.

- Libro primero. Donde se relata pormenorizadamente todo el proceso inquisitorial ocurrido en Ávila, condena y ejecución de los reos. Y donde Lifardo Díaz obtiene un gran protagonismo, al intentar investigar por su cuenta algunos pormenores del proceso.

- Interludio. Donde cuenta las averiguaciones de Alessandra Xáteba sobre el misterioso manuscrito.

- Libro segundo. Donde narra la expulsión de los judíos de los reinos de Castilla y Aragón, el final de la conquista de Granada, la aprobación y preparativos del viaje de Colón. Y donde son desveladas las averiguaciones de Lifardo Díaz sobre el proceso inquisitorial y su enfrentamiento personal con el mismísimo Torquemada. 

- Epílogo, donde Alessandra Xáteba entrega al misterioso personaje el manuscrito con el correspondiente informe… con sorpresa final.

- Otros hechos. Por último, el autor hace la cronología de hechos relacionados con este proceso o con otros de la Inquisición desde 1492 hasta nuestros días.

Imagen obtenida de Internet.

 La novela de José Ramón Rebollada es una obra basada en hechos históricos, pero con la impronta del mejor hacer periodístico, que es, sin duda, intentar buscar la verdad y denunciar la injusticia y la mentira. Seguramente, las conclusiones a las que llega Lifardo Díaz tras sus investigaciones, son las mismas a las que hubiera llegado hoy en día cualquier periodista serio. Las mismas a las que llega el autor. Las mismas que expone, de forma razonada a lo largo de la novela. 

Con "La Santa Infamia", el autor relata de forma veraz y amena una grave injusticia ocurrida en la historia de Ávila, que repercutió en la historia de España.

La lectura de la novela atrapa desde la primera página hasta la última con la misma intensidad, en especial, a cualquier persona sensible que esté a favor de la justicia y en contra de la injusticia.

En Arévalo, a dieciséis de diciembre de 2020.

Luis J. Martín.


"¡La palabra es el cristianismo y no la inquisición, ni el castigo, ni la tortura!".
La Santa Infamia, José Ramón Rebollada, julio de 2020.

José Ramón Rebollada, Jota para sus amigos y conocidos, es un periodista natural de Medina del Campo, pero muy vinculado y comprometido con la sociedad abulense, con su cultura, con su historia y con su patrimonio. Entre otros cargos y trabajos, ha sido jefe de informativos de la cadena SER en Ávila, y ha dirigido películas documentales directamente relacionadas con la historia, la cultura y la sociedad abulense, tales como "Poder contra verdad" sobre la destrucción de la antigua fábrica de harinas de la capital abulense, "Maqbara" sobre la destrucción de los restos del cementerio musulmán de Ávila y "La moral del vampiro" sobre las irregularidades para la prórroga en la explotación de la AP-6, gracias a la construcción de las autopistas AP-51 y AP-61, que unen la AP-6 con Ávila y Segovia respectivamente.

Ahora, en "La Santa Infamia", Jota utiliza sus dotes de periodista para investigar los hechos históricos que se narran y para demostrar cómo el poder puede llegar a manipular la verdad para dar por ciertos hechos que, en realidad, nunca pasaron, y que a pesar de ello, aún hoy en día, después de más de medio milenio, aún se cree en su veracidad, cuando lo cierto es que fue una tremenda infamia disfrazada de santidad por la iglesia, mediante el poder sin límites de la Inquisición castellana.