miércoles, 27 de octubre de 2021

MURALES DE SAN ISIDRO

 




“En Orihuela, su pueblo y el mío”, tal y como escribió Miguel Hernández en uno de sus poemas más conocidos, se encuentran los “Murales de San Isidro”. Se trata de pinturas sobre los muros de las humildes casas del populoso y obrero barrio oriolano de San Isidro.


Vista de Orihuela desde el río Segura.


El mural que da la bienvenida al barrio lo encontramos en una fachada que hace chaflán y está dedicado al cuadro “El Guernika” de Pablo Picasso.



Siempre he pensado que Picasso quiso reflejar el horror de la guerra representado principalmente en las mujeres, que son las protagonistas de la pintura.


Este mural reproduce uno de los versos de la elegía a la muerte de Ramón Sijé.  Y se pueden ver varias cabras dado que el poeta fue pastor de cabras en su adolescencia.

"Volverás a mi huerto y a mi higuera".


La cronología de estos murales es la siguiente:

En mayo de 1976 llegaron a Orihuela, procedentes de muy diversos lugares de nuestra geografía, pintores, escritores y músicos que, en un contexto de transición incierto y difícil, reclamaban la libertad de la que hasta entonces se había carecido. En aquella cita histórica se acercaron hasta la cuna del poeta para realizar varios actos como “Homenaje de los pueblos de España” a Miguel Hernández. A lo largo de aquel acto se pintaron varios murales.

En 2012, se recuperaron algunos de aquellos murales de la mano de artistas locales y, desde entonces, cada mes de marzo, se van incorporando nuevas pinturas a las fachadas de las humildes casas del barrio de San Isidro.

El resultado es sorprendente, un museo pictórico y literario al aire libre que puede visitarse tranquilamente, con pausa y sin prisa, para disfrutar de las imágenes, relacionadas mayoritariamente con el poeta oriolano, y algunos de sus más famosos y sentidos versos, escritos a lo largo de su vida tanto en libertad como durante su presidio, fruto de la represión franquista, que se alargó desde el final de la guerra civil hasta su muerte en 1942.

“La mano es la herramienta del alma, su mensaje

y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente.

Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.

Ata duro a ese hombre, no le atarás el alma.

Son muchas las llaves, muchos cerrojos, injusticias,

no le atarás el alma.”


“Tristes guerras

si no es amor la empresa.

Tristes. Tristes.

Tristes armas

si no son las palabras.

Tristes. Tristes.

 Tristes hombres

si no mueren de amores.

Tristes. Tristes.”

“El sol, la rosa y el niño
flores de un día nacieron.
Los de cada día son
soles, flores, niños nuevos.

Mañana no seré yo:
otro será el verdadero.
Y no seré más allá
de quien quiera su recuerdo.

Flor de un día es lo más grande
al pie de lo más pequeño.
Flor de la luz el relámpago,
y flor del instante el tiempo.

Entre las flores te fuiste.
Entre las flores me quedo.”


- Carmen Conde Abellán fue una escritora y maestra. Perteneciente a la generación del 27 y la primera mujer académica de número de la Real Academia Española. Fue gran amiga de Miguel Hernández tras su paso por la Universidad Popular.

- María Zambrano Alarcón fue una escritora que entabló una buena amistad con Miguel Hernández en las tertulias literarias que se celebraban en Madrid durante la segunda república. Fue también amiga íntima de Antonio Machado.

- Ana María Gómez González, conocida por el nombre artístico de Maruja Mallo, fue una pintora de reconocido éxito que reveló al pastor de Orihuela las dulzuras de la carne femenina cuando el tímido “perito en lunas” era todavía inexperto en temas amorosos. Algunos biógrafos del poeta achacan a estos amores o a su influencia el poemario “El rayo que no cesa”, publicado en 1936.

- María Cegarra Salcedo tenía una bien definida afición: la poesía, por lo que se codeó con la intelectualidad de la época. Sin embargo, iba a encontrar su vocación en la química. Se convirtió en la primera mujer española licenciada en Ciencias Químicas. Gracias a su afición a la poesía mantuvo una estrecha relación con Miguel Hernández.

- Josefina Manresa Marhuenda fue la esposa de Miguel Hernández y su principal fuente de inspiración. Gracias a su trabajo se han salvado gran parte de los textos del poeta oriolano que se hubieran perdido para siempre durante el régimen franquista.


Versos del poema “Andaluces de Jaén”, popularizado en los años 70 por el grupo Jarcha. He aquí una de las estrofas del famoso poema:

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.


Del poemario "Perito en Lunas": "Gitanas".

 "¡LUNAS! Como gobiernas, como bronces,
    siempre en mudanza, siempre dando vueltas.
    Cuando me voy a la vereda, entonces
    las veo desfilar, libres, esbeltas,
    Domesticando van mimbres, con ronces,
    mas con las bridas de los ojos sueltas,
    estas lunas que esgrimen, siempre a oscuras,
    las armas blancas de las dentaduras
."


Del "Cancionero y romancero de ausencias": 

Por las calles voy dejando,

algo que voy recogiendo:

pedazos de vida mía,

venidos desde muy lejos.

Voy alado a la agonía,

arrastrándome me veo,

en el umbral, en el fundo,

latente de nacimiento.



El último poema de Miguel Hernández:

“Eterna sombra”.

 

"Yo que creí que la luz era mía

precipitado en la sombra me veo.

Ascua solar, sideral alegría

ígnea de espuma, de luz, de deseo.

Sangre ligera, redonda, granada:

raudo anhelar sin perfil ni penumbra.

Fuera, la luz en la luz sepultada.

Siento que sólo la sombra me alumbra.

Sólo la sombra. Sin rastro. Sin cielo.

Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles

dentro del aire que no tiene vuelo,

dentro del árbol de los imposibles.

Cárdenos ceños, pasiones de luto,

dientes sedientos de ser colorados.

Oscuridad del rencor absoluto.

Cuerpos lo mismo que pozos cegados.

Falta el espacio. Se ha hundido la risa.

Ya no es posible lanzarse a la altura.

El corazón quiere ser más de prisa

fuerza que ensancha la estrecha negrura.

Carne sin norte que va en oleada

hacia la noche siniestra, baldía.

¿Quién es el rayo de sol que la invada?

Busco. No encuentro ni rastro del día.

Sólo el fulgor de los puños cerrados,

el resplandor de los dientes que acechan.

Dientes y puños de todos los lados.

Más que las manos, los montes se estrechan.

Turbia es la lucha sin sed de mañana.

¡Qué lejanía de opacos latidos!

Soy una cárcel con una ventana

ante una gran soledad de rugidos.

Soy una abierta ventana que escucha,

por donde va tenebrosa la vida.

Pero hay un rayo de sol en la lucha

que siempre deja la sombra vencida."


LAS ABARCAS DESIERTAS

 

Por el cinco de enero,

cada enero ponía

mi calzado cabrero

a la ventana fría.

 

Y encontraban los días,

que derriban las puertas,

mis abarcas vacías,

mis abarcas desiertas.

 

Nunca tuve zapatos,

ni trajes, ni palabras:

siempre tuve regatos, 

siempre penas y cabras.

 

Me vistió la pobreza,

me lamió el cuerpo el río,

y del pie a la cabeza

pasto fui del rocío.

 

Por el cinco de enero,

para el seis, yo quería

que fuera el mundo entero

una juguetería.

 

Y al andar la alborada

removiendo las huertas,

mis abarcas sin nada,

mis abarcas desiertas.

 

Ningún rey coronado

tuvo pie, tuvo gana

para ver el calzado

de mi pobre ventana.

 

Toda gente de trono,

toda gente de botas

se rió con encono

de mis abarcas rotas.

 

Rabié de llanto, hasta

cubrir de sal mi piel,

por un mundo de pasta

y unos hombres de miel.

 

Por el cinco de enero,

de la majada mía

mi calzado cabrero

a la escarcha salía.

 

Y hacia el seis, mis miradas

hallaban en sus puertas

mis abarcas heladas,

mis abarcas desiertas.



Del cancionero y romancero de ausencias: “Nanas de la cebolla”:

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre
escarchaba de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Le dedicó estas “canciones de cuna” a su segundo hijo, Manuel Miguel, mientras el poeta se encontraba preso en la cárcel de Torrijos (lo que hoy es la calle del Conde de Peñalver, esquina con la calle Juan Bravo). 

Después de que el poeta recibiera una carta de su mujer, donde contaba que solo tenían pan y cebolla para comer, escribió las Nanas de la cebolla, que mandó como respuesta.


Elegía por Ramón Sijé.

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería)

Yo quiero ser llorando el hortelano

de la tierra que ocupas y estercolas,

compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas

y órganos mi dolor sin instrumento,

a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.

Tanto dolor se agrupa en mi costado,

que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,

un hachazo invisible y homicida,

un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,

lloro mi desventura y sus conjuntos

y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,

y sin calor de nadie y sin consuelo

voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,

temprano madrugó la madrugada,

temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,

no perdono a la vida desatenta,

no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta

de piedras, rayos y hachas estridentes

sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,

quiero apartar la tierra parte a parte

a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte

y besarte la noble calavera

y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:

por los altos andamios de las flores

pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.

Volverás al arrullo de las rejas

de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,

y tu sangre se irán a cada lado

disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,

llama a un campo de almendras espumosas

mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas

del almendro de nata te requiero,

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero.

(10 de enero de 1936, "El rayo que no cesa")





Siendo Miguel Hernández uno de los muchos intelectuales republicanos represaliados por la dictadura franquista, en varios de los murales de San Isidro se encuentran los colores de la república, rojo, amarillo y morado, bien camuflados, bien de forma explícita:



Fragmento del poema “La Boca”: 

Boca que arrastra mi boca:
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.

Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos fúlgidos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.




Imágenes tomadas en Orihuela, su pueblo, el mío, el de todos los amantes de la literatura, el 24 de octubre de 2021 por Luis J. Martín.



5 comentarios:

  1. Magnífico, Luis. Enhorabuena por el artículo porque es brillante.

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  2. ......
    "Fue en Arévalo, ¡bardas de cal ensimismada!,
    cuando por las desiertas calles avileñas
    nos daban comunión albas paredes
    entre lucientes voces castellanas.
    Entonces no pensaba,
    Miguel, en una rama,
    que de olivo, al olivo la platería mengua;
    disminuyendo al verde, las hojas que coronan
    la tierra de tus sienes enterrada."
    ......
    Lorenzo Varela

    DUELO EN TRES CANTOS POR LA MUERTE DE MIGUEL
    HERNÁNDEZ
    (Recordando la última que se vieron, probablemente durante unas misiones pedagogicas)

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    1. Gracias por su interesante comentario.
      Sinceramente, desconocía este poema.

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    2. Precioso artículo el publicado en la Llanura, muchas gracias. Hay un pequeño matiz, Miguel no estuvo en una única misión (aquella declaración de hecho se desconoce su fecha), sino a día de hoy se conocen 4.
      https://www.diariodeleon.es/articulo/revista/hernandez-misiones-pedagogicas/201002280500001086824.html

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