lunes, 19 de agosto de 2013

CONTRA EL EXPOLIO DEL AGUA DEL RÍO CORNEJA


COMUNICADO DE PRENSA
Asociación Navaescurial
                            17 de agosto de 2013

  

ROTUNDO RECHAZO AL EXPOLIO DEL AGUA DEL CORNEJA

 

EL SERVICIO DE INDUSTRIA DE LA JUNTA EN ÁVILA BASA EL EXPEDIENTE, PROMOVIDO POR EL GRUPO PASCUAL S.L.U.,  EN UNA LEY DE MINAS PRECONSTITUCIONAL

 
“Multitud de Asociaciones y particulares alegan en contra de este turbio asunto”
 
Molino del Tio Alberto en el río Corneja (Navacepedilla de Corneja)
 
El agua del Valle del Río Corneja está en peligro y con él todas las actividades económicas de esa zona abulense, pues todas las actividades agrícolas, ganaderas, turísticas e industriales allí existentes dependen de ese recurso que nace en las magníficas montañas de la conocida “Sierra de Villafranca”.
 
Todo ello porque el Grupo Pascual S.L.U. con sede en Aranda de Duero (Burgos) pretende quedarse con todas las aguas de los principales manantiales serranos que dan fuerza y vida a ese río y a ese magnífico valle.
 
La argucia de la que se quieren valer para expoliar el agua que no les pertenece ha sido el que la Junta de Castilla y León, a través del Servicio Territorial de Industria, Comercio y Turismo de Ávila, les facilite aplicando la Ley -preconstitucional- de Minas el anular los derechos históricos y legales que otorga la Ley de Agua vigente a las poblaciones, comunidades de regantes y demás concesiones que están registradas ante la Confederación Hidrográfica del Duero.

Tratan de que se declaren esas aguas como “minerales” y así, por medio de tubos porosos y tuberías, llevarse en cisternas el agua del Río Corneja. Por ese motivo y otros, rechazamos este expediente que inició en el año 2008 el mencionado Servicio de Industria de la Junta y que a pesar de las múltiples irregularidades procedimentales que acumula desde entonces, lo mantienen a mitad de 2013 muy vivo, pudiendo dar a entender cierto interés de este organismo para que salga adelante.
 
Desde la Asociación Cultural y Juvenil de Navaescurial nos hemos sumado a los Ayuntamientos, Asociaciones Culturales, Grupos Ecologistas y a los particulares que de forma multitudinaria han presentado escritos de rechazo ante el Delegado Territorial de la Junta de Castilla y León en Ávila para que este nefasto proyecto no prospere.
 
Y por ello animan a que se los apoye en todas sus justas reivindicaciones y se firme en la Plataforma Digital “Change.org”, donde han creado una petición para que ese Grupo Pascual no se apropie de las aguas del Río Corneja, donde alcanzan ya casi las 2000 firmas de adhesiones:

Puedes firmar la petición en CHANGE.ORG:
http://www.change.org/petitions/junta-de-castilla-y-le%C3%B3n-que-el-grupo-leche-pascual-no-se-apropie-de-las-aguas-del-r%C3%ADo-corneja

 

Sierra en la que se encuentran los acuíferos solicitados por el Grupo Pascual S.L.U. que abastecen  y sustentan la zona

 


 

viernes, 19 de julio de 2013

EL SUEÑO DE LA HORMIGA GIGANTE


El sueño de la hormiga gigante.

Segunda novela de: Juan Martín García-Sancho

 


DISPONIBLE TAMBIÉN EN:

TIENDA DOMINGO

Plaza del arrabal, 28

05200 Arévalo (Ávila)

 
«Las luces de cada sueño me cuentan lo que ya pasó y las espero con impaciencia.»

 
RESUMEN:

Atrapado en un mundo poblado por pesadillas, el protagonista no acierta a comprender ni dónde se encuentra ni por qué. Solamente los sueños poseen la textura balsámica de lo auténtico y le regalan instantes pasados y perdidos. Embarcado en una aventura absurda con seres irreales llegará a entender los motivos de su prisión cuando consiga recordar ese sueño que se le repite y se le olvida y alcance a entrelazarlo con el aquella hormiga gigante que le atrae y le repugna. Al fondo de las pesadillas y los recuerdos siempre resaltará su propia imagen pero, acaso, distinta.

Enlace a la editorial:


 Título: El sueño de la hormiga gigante

 Autor: Juan Martín García-Sancho

 ISBN: 978-84-940412-8-0

 Colección: Narrativa

 136 páginas

 Precio: 16,95 €

 
Juan Martín García-Sancho

Reseña del Autor:

Juan Martín nació en Arévalo en 1965. Es médico inmunólogo formado en Salamanca y Madrid, y trabaja desde hace años en el hospital de León.
Escribe a salto de mata rellenando los huecos libres que le dejan su profesión y su familia. Ha escrito libros de relatos, dos novelas y un guión de cine. Una buena parte de su producción permanece inédita. Con su anterior novela, Secundarios (grup Lovher, 2011) quedó entre los finalistas del premio Azorín de novela de 2002 y Río Manzanares de novela 2008.

ENTREVISTA EN RADIO ADAJA:
http://www.radioadaja.es/fonoteca/2013-07-25/'el-sueno-de-la-hormiga-gigante'-de-juan-martin-garcia-sancho

VER TAMBIÉN: SECUNDARIOS:
http://arevaceos.blogspot.com.es/2012/01/juan-martin-protagonista-con.html 

jueves, 18 de julio de 2013

¿POR QUÉ ARDEN LAS CUESTAS?

¿POR QUÉ ARDEN LAS CUESTAS?
Arévalo, 17 de julio de 2013.

Cuestas del Arevalillo.
 
¿Qué pirómano las enciende cada año? 
¿Por qué nunca se le pilla?
¿A quién le interesa que ocurra esto?
 
Al parecer el fuego empezó en la zona donde está tomada la foto anterior y se extendió primero hacia el puente de los Barros y después hacia el puente de los Lobos.
 
Zona quemada en el puente de los Barros.
 
 
Según las personas que viven muy cerca de las cuestas, el fuego empezó antes de las cuatro de la tarde y los bomberos tardaron en llegar una hora y media. Los propios vecinos tuvieron que sacar sus mangueras y arrojar agua a las cuestas por miedo a que el fuego se extendiera hacia sus casas o propiedades.
A pesar de ello, una buena parte de los pocos árboles que hay en la zona, fueron arrasados por las llamas.
Chopo calcinado por las llamas.

Pino joven calcinado por el incendio.
 
En la foto anterior se aprecia la caseta blanca y azul de gas natural, el fuego se acercó peligrosamente. Alrededor de tres hectáreas fueron pasto de las llamas. A las nueve y media de la tarde ya no había bomberos pero aún había focos humeantes.
 

Sólo algunas manchas extensas de arbustos verdes llamados cambroneras, como los de la siguiente foto, aguantaron el incendio.
En la foto se aprecian densas masas de cambroneras que se han salvado de las llamas.

Todos los años pasa lo mismo pero se sigue sin hacer nada.
¿Qué interés hay en que ardan las cuestas?
Esta vez el fuego ha llegado hasta algunas casas. Un poco más de viento y hubiera ocurrido una desgracia.
 
Los arbustos verdes hacen las veces de cortafuegos. Hace algo más de tres años hice una propuesta de intervención integral en estas mismas cuestas proponiendo cortafuegos naturales a base de arbustos:
- Por unas cuestas más bellas:

 
Hasta la fecha, nadie ha dicho nada al respecto.
 
Hasta ahora las cuestas han ardido cada año sin tener que lamentar daños personales o materiales pero, ¿y  si algún día no es así? Y si algún día el fuego se apodera de una casa, de una manzana completa.
Sólo espero que se tomen las medidas necesarias antes de que esto ocurra. Mejor actuar para prevenir, para que no haya que lamentar desgracias personales.
 
 
Luis J. Martín
 
 
En radio Adaja:
 


martes, 9 de julio de 2013

EL VUELO DE LAS OVEJAS


EL VUELO DE LAS OVEJAS  ®
 Por: Luis José Martín García-Sancho.
 
La cibeles y Puerta de Alcalá. Foto: Luis J. Martín

Acabo de llegar de Barcelona en el AVE.  El invierno se acaba en el calendario pero todavía se deja sentir con fuerza.

- Tu padre se muere -me había dicho tía Mar por teléfono entre llantos-. Ven lo antes posible, por favor.

            Aquellas palabras resuenan una y otra vez en mi cabeza como un eco.

            Desde el taxi contemplo a la Cibeles mientras la rodeamos. Al fondo se ve la puerta de Alcalá y se intuyen las copas de los árboles del retiro entre sus arcos. Cuántas veces he ido allí con mis padres cuando vivíamos en la calle Serrano, muy cerca de la plaza de Colón. Desde que me independicé, a menudo he recordado los paseos en barca por el estanque. En algunas ocasiones mi padre se tumbaba en el bote con mi hermano pequeño y nos decía que remáramos mi madre y yo, porque Sócrates y él estaban muy cansados. Muchas veces los hechos que parecen más simples son los que permanecen en nuestra memoria.
Estanque del retiro. F. Espada
            Nos vinimos a vivir aquí cuando yo tenía cinco años. Aún conservo algunos recuerdos borrosos de mi vida en el pueblo. Son como imágenes sueltas que me vienen a la cabeza de repente, sin buscarlas. Me acuerdo de mi madre lavando la ropa en la pila. En invierno me gustaba romper el hielo con una piedra. Una vez aclarada y escurrida la tendíamos en los alambres del corral que iban de un lado al otro de las tapias. Es curioso, tengo muchas imágenes de mi madre de aquellos primeros años: cómo me peinaba o me hacía trenzas... Me acuerdo perfectamente de su respiración en mi nuca mientras me cogía una coleta. En aquella etapa del pueblo su olor era algo especial. Es como si la estuviera oliendo ahora mismo. He intentado buscar aquel aroma de mi madre en cientos de perfumes y jamás lo he encontrado. Era una especie de fragancia a ropa limpia, a piel fresca y suave. Era el olor de la juventud de mi madre que se perdió cuando nos vinimos a trabajar a la portería. Ese mismo año nació mi hermano Sócrates.

            Pero no tengo recuerdos de mi padre en el pueblo. Desde que llamó mi tía los he intentado buscar en mi memoria, pero nada. De lo único que tengo certeza, es de sus palabras tras la muerte de mi madre cuando me dijo con los ojos enrojecidos y la voz quebrada que los mejores años de su vida los había vivido junto a nosotras en el pueblo. Que mi madre siempre le decía que cuando se jubilasen volverían. Pero el caso es que nunca quiso volver sin ella.

            Al llegar a La Paz me siento agitada, nerviosa. Sé que tengo que entrar a ver a mi padre, lo estoy deseando, pero no sé qué decirle, ni qué hacer. Cómo desenvolverme en esta delicada situación. Hemos compartido muchos momentos, alegres, tristes, difíciles, pero no nos educan para presenciar la muerte de uno de los nuestros.

Hospital La Paz. Foto: Ana Alas

            Al Abrir la puerta veo a un hombre tendido en la cama. Es mi padre, no cabe duda, pero está demacrado, pálido, con las mejillas hundidas. Duerme. Tía Mar me sonríe levantándose de la butaca.

- ¡Hija! –grita mi tía susurrando-. Qué pronto has venido.

- Hola tía Mar –contesto mientras nos abrazamos- ¿Cómo está?

- Ahora está tranquilo. Ha descansado muy bien desde que le han puesto morfina.

- ¿No sufre? -pregunto con los ojos humedecidos-. ¡Madre mía! Cuánto ha envejecido desde la última vez que le vi. Si no hace tanto…

            Por qué –pienso en una milésima de segundo-, por qué me fui a Barcelona cuando cerraron la empresa de Bilbao. Sabía que mi padre estaba solo. Podría haber vuelto. Pero él pareció adivinar mis sentimientos cuando empecé a preguntarle: "Padre, ¿quieres que..." Él me cortó para decirme: "No hija, no pienses en mí, tú debes hacer tu vida. Yo estoy bien. No te preocupes por mí”.

            Mi padre mueve la boca, como si estuviera masticado algo. Gira la cabeza. Entreabre los ojos.

- Hola hija -mientras me extiende una mano- ¡Qué alegría!

-Padre -contesto con la voz entrecortada.

            Nos abrazamos, nos besamos. No digo nada. No puedo. Si hablo voy a empezar a llorar y no quiero.

- ¿Qué tal están Asier y Ainara? ¿Han venido? No claro. Se habrán quedado con su padre en Barcelona.

            Asiento mientras le acaricio la mano pero no puedo decir nada. Tengo un nudo en la garganta que me impide hablar.

- Qué casualidad, ¿sabes? -dice mi padre mientras sonríe-. Ahora mismo estaba soñando contigo ¿Te acuerdas de cuando vivíamos en el pueblo y te llevaba al campo a ver avetardas? Nunca he olvidado tu sonrisa cuando señalabas hacia arriba y decías: "¿Vetadas?", mientras nos sobrevolaba alguna bandada. Aquellos instantes fueron de los más felices para mí. Durante todos estos años, nunca me he olvidado de tu sonrisa con los brazos extendidos al cielo. Esa sonrisa ha sido el mejor regalo que me has dado nunca, hija.

- Ya ves, y ahora me muero -continúa mi padre muy despacio, como si le costara concentrarse-. No, no quiero que llores. Tampoco quiero que me enterréis. Díselo a tu hermano cuando llegue de Alemania. Quiero que me quemen y que disperséis mis cenizas por los campos de nuestro pueblo un día de viento, desde lo alto del Valhondo. Allí es donde siempre me ha gustado estar. Ninguno de los muchos años que llevo viviendo aquí, ha conseguido borrar ese recuerdo. No sabes cuánto me hubiera gustado enseñar las avetardas a Asier para volver a verte a ti de niña en su sonrisa. Pero creo que ya no va a ser posible. Lástima. Siempre dejamos deseos para después, sin darnos cuenta de que ese pretendido después, se convierte en nunca.

            Me abrazo a mi padre intentando contener el llanto. No sé cuánto tiempo permanecemos así.

****     

Camino de la campiña abulense. Foto: Luis J. Martín 
Avanzamos por los caminos de la campiña castellana. Tío Paco conduce su coche lentamente hacia el Valhondo. También me acompañan mi hermano Sócrates y tía Mar. La primavera no ha hecho más que empezar pero aquí el invierno siempre tiene la última palabra.

            Por fin, después de buscar durante tanto tiempo en mi cabeza, tengo algo que recordar de mi padre en el pueblo. Él me ha dado ese regalo. Lo cierto es que, ahora que ha muerto, cierro los ojos y me vienen a la memoria imágenes y sonidos como si los estuviera viviendo ahora mismo: Con su gorra raída, su pitillo en la boca, su mano fuerte y áspera sujetando la mía por el camino de Matacabras. Escucho sus sonidos al caminar, su respiración intermitente después de cada calada al cigarrillo. La llanura ondulada repleta de campos de cereal, tan verdes, inmensos, infinitos.

            En la huerta del señor Pruden, un anciano me da guisantes verdes. Los voy pelando mientras subimos por la loma y tirando las vainas vacías al camino. Si me vuelvo a mirar, puedo ver como las cogujadas, con su cresta erecta, las picotean por si acaso me hubiera dejado algún guisante en su interior. Veo también las carreras de las liebres persiguiéndose unas a otras y golpeándose con las patas delanteras, puestas en pie, como si fueran boxeadores, mientras mi padre me dice  que están buscando novia.

            Tras una pequeña loma, aparece una gran bandada de avutardas, muy cerca del majuelo de Arecio. Son machos. Algunas son como grandes bolas blancas. Hacen la rueda para atraer a las hembras, me explica mi padre. De pronto echan a volar. Algo las ha espantado. Y pasan  todas por encima de nuestras cabezas. Puedo escuchar hasta el sonido que hacen sus grandes alas al romper el aire.

            Sí, ahora recuerdo, con la vasija apoyada en mi vientre mientras el coche avanza hacia el Valhondo. En lo alto de la loma el matacabras sopla de cara, con fuerza. Sócrates me da la mano. Abrimos la vasija. Damos la espalda al viento y vertemos las cenizas. En silencio. El viento se las lleva volando y las esparce por los campos. Hasta las calandrias han callado.

            Sócrates me mira. Nos abrazamos. No lloramos. No decimos nada. Sólo habla el matacabras.

****  

Vista de Barcelona. Foto: Luis J. Martín
 

Es Semana Santa y he decidido ir al pueblo con Asier. Mi marido no puede venir y se ha quedado en Barcelona con la pequeña Ainara.

            Nos levantamos al amanecer. Hoy parece que el invierno ha dado un respiro a la primavera. Intento recordar el camino por el que me llevaba mi padre de paseo a ver a las avutardas. Había que cruzar el cauce seco del Zapardiel por el puente y coger el camino de Matacabras. Sí, vamos bien. Dejamos a la derecha la huerta del señor Pruden, donde un anciano me daba guisantes verdes para que los fuera pelando por el camino, ¡qué ricos! Pero hoy no hay nadie.

- Mira mamá vacas blancas -me dice Asier señalando un rebaño-. Hay muchas.

- No hijo -le corrijo con suavidad-, son ovejas. Mira, aquel señor que está en lo alto de la loma con dos perros, ¿los ves?, es el pastor.

- ¿Y qué hace allí?, ¿las quiere cazar con los perros?

- No, al contrario, las está vigilando para que nadie las mate. Para que no se le escape ninguna.

- ¿Y para qué quiere tantas ovejas?
"Mira mamá vacas blancas"

- ¿Te acuerdas del queso con membrillo que comimos el otro día en casa, ese que te gustó tanto? Pues está hecho con la leche de las ovejas.

- ¡Si lo compramos en el Hipertuin! -contesta Asier con gesto incrédulo.

- Pero todo lo que compramos allí, no aparece por arte de magia. Las naranjas, las peras, vienen de los árboles. Las cebollas, los tomates, vienen de la huerta. Y el queso viene de la leche de las ovejas o de las vacas, ¿lo entiendes? Todo lo que compramos procede de algún sitio, no aparece ahí de repente.

            Asier me mira y se encoge de hombros pero no contesta.

            Subimos la larga loma mientras cientos de calandrias celebran la luz del nuevo día emitiendo sus alegres e insistentes trinos desde el aire. El sol naciente proyecta nuestras sombras hacia delante. Asier juega con la suya, levantando un pie, luego el otro, saltando, persiguiéndola mientras la sombra huye como un fantasma cobarde y gigantesco.

            Los campos interminables de cereales se extienden hasta el horizonte. Según ascendemos por la loma va apareciendo el chapitel de la torre de Madrigal como un iceberg negro en un mar verde inmenso.
Madrigal. Foto: Luis J. Martín.

              A la izquierda del camino se empieza a ver el majuelo de Arecio en lo alto del Valhondo. Un poco más lejos una parcela de colza aparece como una explosión amarilla.


- Mira mamá ovejas blancas y marrones -me dice Asier señalando al otro lado del Valhondo.

- ¿Dónde?, no las veo -pregunto poniéndome en cuclillas para estar a su altura.

- Son blancas y marrones, ¡mira, allí! –insiste Asier señalando con el dedo.

            De pronto las veo. Hay unas veinte avutardas.

- ¡No, no son ovejas, son avutardas! -le corrijo con alegría-. Y esas blancas que parecen una bola, son machos haciendo la rueda para que les vean las hembras. Ya casi no me acordaba de lo grandes que son. Sí hijo, sí, son las avutardas y están buscando novia.

- Fíjate –le digo agarrándole por la barbilla para que me mire-. Tu abuelo Antonio me las enseñaba a mí cuando era tan pequeña como tú. Y ahora te las enseño yo a ti para que te acuerdes de él.
"Mira mamá, ovejas blancas y marrones"
 

- Mamá –me dice Asier un poco serio-, me has dicho que hemos venido a ver al abuelo. Pero está muerto. Yo no le veo.

- Hay muchas formas de ver –le contesto procurando hablar despacio y claro-. Cada vez que miremos a estos campos. Cuando escuchemos a las calandrias o a las perdices. Siempre que descubramos a las avutardas, será como si le estuviéramos viendo porque nos acordaremos de él, ¿me entiendes?

            De repente, algo asusta a las aves y se levantan con un pesado pero majestuoso vuelo. El aire nos da de cara y pasan justo por encima de nosotros. Se oye hasta el sonido que producen sus potentes aleteos al romper el aire.

- Mira mamá, ¡qué grandes son! Vuelan mejor que las ovejas -grita Asier muy contento, levantando los brazos al cielo para señalarlas.
"¡Qué grandes son! Vuelan mejor que las ovejas". 

            De pronto, mirando a Asier, me reflejo en su sonrisa. Me veo a mí misma señalando a las avutardas con el dedo. Agarrada de la mano áspera y fuerte de mi padre. Por fin ya tengo el recuerdo que buscaba.

            Sonrío yo también mirando a Asier. Mientras una lágrima se desliza por mi mejilla.

- Este es el mejor regalo que podías darme hijo -le digo a Asier susurrando-. No te olvides nunca de este momento. Recuerda siempre el vuelo de las avutardas.  Este es el mejor recuerdo que tu abuelo podría darnos.

- Entonces, mamá, abuelo también vuela mejor que las ovejas, ¿verdad?

 

En Arévalo, primavera de 2013.


Enlaces relacionados:
- Alimentación de la Avutarda (Otis tarda) al sur del Duero:
http://arevaceos.blogspot.com.es/2013/06/alimentacion-de-la-avutarda-otis-tarda_27.html
- Por las mieses de Otar:
http://arevaceos.blogspot.com.es/2012/04/por-las-mieses-de-otar.html
- La avutarda (Otis tarda) en Ávila y Madrigal-Peñaranda:
http://arevaceos.blogspot.com.es/2014/01/la-avutarda-en-avila-y-madrigal.html







jueves, 27 de junio de 2013

ALIMENTACIÓN DE LA AVUTARDA (Otis tarda) AL SUR DEL DUERO

Nota del autor:
El siguente artículo es fruto de varios años de trabajo de campo estudiando a las avutardas, muchas horas detrás del telescopio. El estudio se realizó en la década de los noventa del pasado siglo, hace entre 15 y 20 años. Aunque la avutarda ha sido una de mis pasiones campestres, los datos recopilados se quedaron en el cuaderno de campo y nunca vieron la luz. He intentado en varias ocasiones escribir y publicar estos resultados porque creo que pueden ser interesantes y, quizás, aportar algo al estudio y a la conservación del ave voladora más pesada del mundo. Ahora que ven definitivamente la luz, quiero agradecer a todas las personas que me han ayudado o me han soportado pacientemente mientras contaba los picotazos y los pasos que las avutardas dan mientras se alimentan. De manera especial a mi hermano Ignacio Martín, a David Sánchez, a mis hijos David y María y a Ana García que tantas horas ha pasado y pasa conmigo en el campo, en justo reconocimiento, ella es coautora del presente trabajo. Quiero también hacer una mención especial a David Pascual Carpizo por aportar varias fotos de avutarda.

Macho de avutarda. Foto: David Pascual Carpizo

ALIMENTACIÓN DE LA AVUTARDA (Otis tarda) AL SUR DEL DUERO

Por: Luis José Martín García-Sancho y Ana Isabel García García.

 Área de estudio y antecedentes:

Se estudia la alimentación de la avutarda en Castilla y León, concretamente en el espacio conocido como tierra de Campiñas, situada al sur del Duero entre las provincias de Ávila, Salamanca y Valladolid. (Figura 1).


Figura 1: Área de estudio

Previamente, en los años 1989 y 1990 se censó la población abulense del área de estudio y en 1991 y 1992 se incluyó en el estudio poblacional la parte salmantina, lo que permitió conocer la distribución de la especie entre el norte de Ávila y el este de Salamanca en una zona que se denominó Área de Madrigal – Peñaranda. Durante el estudio también se censaron las avutardas situadas al sur de Valladolid en una estrecha franja de terreno limítrofe con estas dos provincias. (Tabla I).


PRIMAVERAL
OTOÑAL
INVERNAL
1149
959
1392
TABLA I:
Censos de avutarda realizados en Madrigal - Peñaranda entre 1991 y 1992.
(Enlace al estudio poblacional: al final del artículo)

Durante los censos también se realizaron estudios tanto del hábitat disponible en la zona de estudio, como de la utilización del medio por las avutardas. Es decir, no sólo fue un estudio poblacional por número de aves, sexos y edades, también se anotaron los diversos medios en los que se encontraban las aves, lo que daba una idea clara de los diferentes tipos de cultivos o terrenos disponibles y, también, cuáles eran los preferidos por las avutardas según la época del año. (Tabla II).


 
PRIMAVERAL
OTOÑAL
INVERNAL
MEDIA ANUAL
CEREAL
67,62
-
51,22
42,57
RASTROJO
0,44
60,69
16,24
23,23
ALFALFA
10,97
20,65
13,51
14,63
BARBECHO
7,05
2,92
3,16
4,37
PASTOS
6,53
2,82
1,01
3,31
BORDE
1,91
1,77
4,02
2,6
LABRADO
0,44
3,13
4,02
2,6
VEZA
1,48
-
4,67
2,34
VUELO
1,22
0,94
2,16
1,51
VARIOS
2,35
-
-
0,77
PERLETA
-
2,19
-
0,6
PATATA
-
1,77
-
0,49
RASTROJO QUEMADO
-
1,67
-
0,46
GIRASOL
-
0,83
-
0,23
REMOLACHA
-
0,63
-
0,17

 TABLA II:
UTILIZACIÓN del medio por las avutardas (expresada en cifras porcentuales)
(Fuente: Martín y Martín 1997)

 El estudio de población permitió conocer las mejores zonas o las de mayor querencia para la especie. Así, se eligieron determinados puntos de observación desde donde se pudiera estudiar a las aves sin causarlas molestias que alteraran su comportamiento alimenticio.


Material y métodos:

Una vez conocida la población de avutardas y su distribución por el área de estudio se realizaron seguimientos a aquellas bandadas que tenían un comportamiento mayoritario de alimentación. La observación se realizó siempre a campo abierto sin utilizar, en ningún momento, escondites fijos o móviles. Cuando fue posible, se realizaron seguimientos de 10 minutos a cada miembro de una misma bandada en actitud alimenticia. Conviene aclarar que, por causas siempre ajenas al observador, algunos individuos dejaban de alimentarse antes de los diez minutos establecidos y pasaban a otro comportamiento distinto, como el aseo del plumaje, al que dedican mucho tiempo,  el sesteo, simplemente paseo sin alimentarse o, también, exhibiciones durante la época de celo, peleas y persecuciones.

Durante el seguimiento se anotaron los pasos y los picotazos que daban, únicamente en actitud clara de alimentación. Se han elegido aquellos tipos de hábitats más representativos en el área de estudio y en los que a las avutardas les gusta alimentarse en determinadas épocas del año. El seguimiento sólo ha sido válido cuando se podían contar tanto los pasos como los picotazos.

Para los seguimientos se ha utilizado telescopio terrestre con un zoom de 20 a 60 aumentos. Se ha procurado realizarlos con la luz del sol a espaldas del observador o, en momentos nublados, con la suficiente luz como para distinguir el pico y las patas del individuo objeto de seguimiento. La distancia ha sido siempre la suficiente como para que las aves tuvieran un comportamiento normal, sin mostrar desconfianza hacia el observador o huir o alejarse de él. Con buena luz, la mejor distancia para realizar estos seguimientos a campo abierto ha sido la comprendida entre 800 y 1000 metros, distancia suficiente para que la avutarda no se muestre recelosa. Se han desechado aquellas observaciones en las que las aves huían de forma evidente del observador caminando en una actitud vigilante, con el cuello estirado, mostrándose recelosas.

Para las anotaciones se ha recurrido a dos métodos: En el caso de un solo observador, éste grababa los pasos y picotazos que contabilizaba en una grabadora. Cuando los observadores eran dos, uno de ellos contaba los pasos y picotazos por el telescopio y el otro los iba anotando.

Los medios donde las avutardas han sido observadas por orden de extensión han sido los siguientes:
Paisaje dominante en el área de estudio. Foto: Luis J. Martín

- Cereal: Es el cultivo mayoritario en la zona de estudio. No se ha distinguido entre cebada, trigo, avena o centeno. El seguimiento sólo se ha realizado desde su siembra hasta el mes de abril. En mayo y junio la altura del cereal no permite contabilizar pasos o picotazos.

- Rastrojo: Es el resultado de la siega de los cereales. El seguimiento se realiza desde el mes de julio, que es cuando se cosecha el cereal, hasta el mes de abril del año siguiente que, si no se ha sembrado, pasa a considerarse barbecho.

- Barbecho: Son las parcelas que no han sido sembradas. No se ha distinguido entre barbecho verde, que es un rastrojo de más de nueve meses o una tierra labrada sin sembrar pero con vegetación espontánea, o barbecho blanco, que es una tierra desnuda, es decir, arada pero sin vegetación espontánea.

- Girasol: El que se cultiva mayoritariamente en la zona es el destinado a la elaboración de aceite. Se siembra a finales de primavera y suele recogerse antes del invierno.

- Pastos: Determinadas zonas no han sido cultivadas nunca y son utilizadas para que el ganado, que es mayoritariamente ovino, paste a diente. La vegetación que aquí crece es natural y/o ruderal. A veces estos pastos están asociados a zonas húmedas.

- Veza: Algunas parcelas son plantadas de esta pequeña leguminosa como abono natural ya que este grupo de plantas fijan el nitrógeno al suelo y, por tanto, no es necesario abusar de los abonos nitrogenados que pueden llegar a contaminar el acuífero.

- Borde: Son estrechas franjas de terreno con vegetación natural tales como linderos entre parcelas o cunetas de los caminos. En muchas zonas, demasiadas, tanto los linderos como las cunetas o han desaparecido o están reducidos a la mínima expresión. Una lástima si tenemos en cuenta que en el área de estudio es una de las pocas zonas donde existe la escasa vegetación natural que se ha salvado de los herbicidas. Estos bordes también son usados por la fauna silvestre como lugar de cría, cobijo o refugio.

- Alfalfa: Leguminosa forrajera por excelencia. Su cultivo en el área de estudio es escaso y se limita a pequeñas parcelas. Las avutardas suelen mostrar una gran querencia invernal hacia este cultivo.

En la tabla III se relacionan todos los medios disponibles en el área de estudio y la superficie que ocupan en términos porcentuales.

 
invierno
primavera
verano
otoño
media anual
cereal
70
71
23,7
11,7
44,1
rastrojo
15,5
5,2
47,3
56,3
31,1
barbecho
7,8
10,4
11,7
16,9
11,7
remolacha
1
4,5
6,7
6,1
4,6
girasol
0
3,2
4,9
3,3
2,8
pastos
2,6
2,6
2,6
2,6
2,6
veza y otras leguminosas
1,1
1,1
1,1
1,1
1,1
borde
1
1
1
1
1
alfalfa
0,6
0,6
0,6
0,6
0,6
patatas y hortalizas
0,3
0,3
0,3
0,3
0,3
viña
0,1
0,1
0,1
0,1
0,1

Tabla III:
Variación estacional de la DISPONIBILIDAD de los distintos sustratos.
(Durante los años del estudio poblacional: 1991 y 1992. Fuente consejería de agricultura de la Junta de Castilla y León)(en Martín y Martín 1997)

 

Rastrojo en el mes de julio. Foto: Luis J. Martín.
Resultados y discusión.
Los resultados resumidos en la tabla IV sirven para establecer los medios preferidos por las avutardas para alimentarse y aquellos que energéticamente son más rentables para la especie. Es decir, si las aves dan muchos pasos y pocos picotazos en un determinado medio durante la actividad de alimentación, eso significa que el medio estudiado es poco rentable energéticamente para la especie.

Se han realizado seguimientos a cientos de individuos distintos de avutarda, sumando un total de 1122,5 minutos de observación. Durante este tiempo se han contabilizado 30.834 pasos y 26.972 picotazos. Lo que da una media de 27,47 pasos por minuto durante la actividad de alimentación, 24,03 picotazos por minuto y 0,87 picotazos por paso. El medio al que más tiempo se ha dedicado ha sido el cereal con 367,5 minutos, por ser el cultivo más extenso en el área de estudio, donde ocupa una superficie media del 44,1% a lo largo del año, con un máximo del 71% en primavera (tablas III y IV). Por esta razón, es donde se encuentran el mayor número de bandadas, especialmente durante el invierno y la primavera.

Según los resultados obtenidos, los medios más apropiados para la alimentación de la avutarda son las leguminosas: alfalfa y veza, seguidos de sustratos con vegetación natural tales como los pastos, las cunetas, los caminos y los linderos, estos tres últimos recogidos en la tabla IV como “borde”.


 
minutos (1)
picotazos
(2)
pasos (3)
PIC/PAS (4)
PIC/MIN (5)
PAS/MIN (6)
alfalfa
213,5
7463
3028
2,46
34,96
14,18
veza
98
3908
1638
2,39
39,88
16,71
pastos
103
2572
1880
1,37
24,97
18,25
borde
27,5
786
935
0,84
28,58
34,00
cereal
367,5
7075
11430
0,62
19,25
31,10
girasol
66,5
953
1590
0,60
14,33
23,91
barbecho
146,5
3043
6110
0,50
20,77
41,71
rastrojo
100
1172
4223
0,28
11,72
42,23
total
1122,5
26972
30834
0,87
24,03
27,47

 Tabla IV
Actividad de la avutarda durante la ALIMENTACIÓN:
1: minutos de observación
2: picotazos dados por las aves durante la actividad de alimentación.
3: pasos dados por las aves durante la actividad de alimentación.
4: picotazos que las aves dan por cada paso durante la actividad de alimentación.      
5: picotazos que las aves dan por minuto durante la actividad de alimentación.
6: pasos que las aves dan por minuto durante la actividad de alimentación.

 A continuación se comentan los resultados obtenidos por sustratos, ordenados de mejor a peor eficacia alimenticia, es decir aquellos en los que las avutardas han dado más picotazos y menos pasos para alimentarse, serían mejores que aquellos en los que las aves han dado muchos pasos y pocos picotazos:

- Alfalfa: Leguminosa destinada a la alimentación del ganado. En el área de estudio, generalmente, es de regadío. Se siega varias veces al año y las parcelas se pueden destinar a este cultivo durante varias temporadas consecutivas. Aunque la alfalfa es un cultivo minoritario que sólo ocupa el 0,6% del área, según el estudio poblacional realizado entre 1989 y 1992 la utilización que las aves hacen de él es muy elevado con una media anual del 14,63% (Tablas II y III). Es decir de cada 100 avutardas observadas, casi 15 se encontraban en un sustrato que ocupa menos del 1% del área objeto de estudio.
En las parcelas de alfalfa se han realizado 213,5 minutos de seguimiento a avutardas distintas. Durante la observación dieron 7463 picotazos y 3028 pasos, lo que implica una frecuencia de picotazos de 2,46 por paso y de 34,96 por minuto, cifras muy por encima de la media que son de 0,87 y 24,03 respectivamente. El número de pasos por minuto en actitud de alimentación es de 14,18, en este caso inferior a la media que es de 27,47. Esto significa que las avutardas que se alimentan en alfalfa tienen que caminar menos para comer más que en otros sustratos donde en número de pasos es muy superior y, en cambio, el de picotazos es muy inferior (Tabla IV). Lo que hace a la alfalfa el medio energéticamente más eficaz para la alimentación de la especie.
Macho de avutarda en alfalfa. Foto David Pascual Carpizo.

- Veza: leguminosa muy similar a la alfalfa. En realidad la veza no es un cultivo en sí, se utiliza para acondicionar determinadas parcelas para futuros cultivos, ya que las raíces de esta planta fijan el nitrógeno al suelo y, por eso, no es necesario utilizar tanto fertilizante químico u orgánico en sucesivas siembras. Sirve, entonces, para preparar el terreno para futuros cultivos, como remolacha, maíz u otros cereales. Ocupa el 1,1% de la zona y fue utilizada por el 2,34% de las aves (Tablas II y III).
En las parcelas de veza se han realizado 98 minutos de seguimiento a diferentes avutardas. Durante la observación las aves dieron 3908 picotazos y 1638 pasos, lo que supone una frecuencia de picotazos de 2,39 por paso, cifra muy por encima de la media que es de 0,87. También es significativo en número de picotazos por minuto que es de 39,88, superior incluso al de la alfalfa (Tabla IV). Esto puede ser debido a que las hojuelas de la veza son de menor tamaño. Respecto al número de pasos pasa algo parecido a la alfalfa, es decir, las  avutardas que se alimentan en veza tienen que caminar menos para comer más que en la mayoría de los sustratos donde en número de pasos es muy superior y, en cambio el de picotazos es muy inferior (Tabla IV).

- Pastos: Las zonas destinadas a pasto para el ganado son cada vez más escasas en el área de estudio y ocupan una superficie pequeña, sólo en 2,6%, en cambio, la utilización que las aves hacen de él es algo mayor con una media del 3,31% (Tablas II y III).
En los pastos de la zona se han realizado 103 minutos de seguimiento a diferentes avutardas. Durante este tiempo las aves dieron 2572 picotazos y 1880 pasos, lo que implica una frecuencia de 1,37 picotazos por paso y de 24,97 por minuto, cifra ligeramente por encima de la media que es de 0,87 y 24,03 respectivamente (Tabla IV). El número de pasos por minuto es de 18,25 cifra muy inferior a la media, lo que significa que, aunque las avutardas se alimenten algo menos en los pastos que en las alfalfas o vezas, la rentabilidad energética y alimenticia de este sustrato sigue siendo elevada.

- Borde: Caminos, cunetas y linderos, se han agrupado bajo el nombre de borde. Como en el caso anterior, tanto pastos como bordes son cada vez más escasos en la zona que nos ocupa, debido a que muchos agricultores se van comiendo linderos, cunetas e, incluso, los caminos en sucesivas aradas. Se les ha dado una extensión fija del 1% aunque, a lo largo de los años es difícil de cuantificar de manera exacta. En cambio la utilización que las aves hacen de este medio es del 2,6% (Tablas II y III).
Se han realizado 27,5 minutos de seguimiento a diferentes avutardas. En este caso, casi siempre inferiores a los 10 minutos establecidos porque las aves se salían del borde en pocos minutos. Durante la observación dieron 786 picotazos y 935 pasos lo que da unas frecuencias de 0,84 picotazos por paso, algo inferior a la media, y de 28,58 picotazos por minuto, en este caso, superior a la media (Tabla IV). El número de pasos por minuto en borde durante la alimentación es de 34, número superior a la media que es de 27,47. Esto puede ser debido a que tanto las plantas como los invertebrados que pueden llegar a capturar en este medio, se encuentren más dispersos que en los anteriores.

- Cereal: Bajo el nombre genérico de cereal se han incluido trigo, cebada, centeno, avena y maíz, aunque en éste último no se ha podido realizar ningún seguimiento a las avutardas. Tampoco se ha distinguido entre cereal de secano o de regadío, si bien, la mayor extensión en el área de estudio la ocupan los cereales de secano siendo, con diferencia, el cultivo que más extensión ocupa y donde las avutardas pasan la mayor parte de su tiempo. La extensión media del cereal a lo largo del año es del 44,1% con un máximo en primavera del 71%. También la utilización que las avutardas hacen de estos cultivos es alta con una media anual del 42,57% (Tablas II y III).
En cereal se han realizado 367,5 minutos de seguimiento a diferentes avutardas. Durante la observación se contaron 7075 picotazos y 11430 pasos, lo que implica una frecuencia de picotazos de 0,62 por paso y de 19,25 por minuto, cifras que ya están por debajo de la media que son de 0,87 y 24,03 respectivamente. El número de pasos por minuto en actitud de alimentación es de 31,10, en este caso superior a la media que es de 27,47. Esto significa que las avutardas que se alimentan en cereal tienen que caminar más para comer menos que en sustratos tales como alfalfa, veza o pastos, donde el número de pasos que dan para alimentarse es claramente inferior (Tabla IV). Por esta razón, es menos interesante bajo el punto de vista de eficiencia energética: caminan más y se alimentan menos.
Macho de avutarda alimentándose. Foto: David Pascual Carpizo

- Girasol: Quizás esta oleaginosa sea la más conflictiva del estudio pues a las avutardas las gusta comer entre mayo y junio el plantón recién germinado dejando, a veces, zonas más o menos extensas de una parcela sin girasoles. En casos en los que los daños sean evidentes, los agricultores suelen solicitar una indemnización a la Junta de Castilla y León. Durante el estudio la superficie que ocupa es del 2,8%, con un máximo en verano que se acerca al 5%. En cambio, durante el tiempo que duró el estudio poblacional, las avutardas lo utilizaron poco, pues sólo el 0,23% de las aves se encontraban en girasol (Tablas II y III).
En girasol se han realizado 66,5 minutos de seguimiento a diferentes avutardas. Durante la observación se contaron 953 picotazos y 1590 pasos, lo que implica una frecuencia de picotazos de 0,60 por paso y de 14,33 por minuto, cifras que ya están por debajo de la media que son de 0,87 y 24,03 respectivamente. El número de pasos por minuto en actitud de alimentación es de 23,91, en este caso inferior a la media que es de 27,47. Esto significa que las avutardas que se alimentan en girasol tienen que caminar menos para alimentarse que en sustratos tales como cereal, rastrojo o barbecho, donde en número de pasos que dan para alimentarse es claramente superior (Tabla IV). Pero, en cambio, pasa lo contrario si lo comparamos con otros sustratos como alfalfa, veza o pastos, donde la eficiencia alimenticia es mayor. Resulta curioso que comparando este resultado con el de cereal, aunque la frecuencia de picotazos es menor, también lo es la de pasos, es decir en girasol andan menos que en cereal para alimentarse pero, también dan menos picotazos.

- Barbecho: Tradicionalmente el barbecho es una tierra que se deja descansar durante una temporada por el estrés que ha supuesto su cultivo para que recupere de forma natural los nutrientes que ha perdido. Como ya se ha comentado anteriormente, durante el estudio, no se ha distinguido entre barbecho verde o blanco. La superficie media destinada a barbecho durante el tiempo que duró el estudio fue del 11,7% con un máximo del 16,9% en otoño. Así mismo, el 4,37% de las avutardas contabilizadas durante el estudio poblacional se encontraban en este sustrato. Aunque la extensión es grande, la utilización no lo es tanto (Tablas II y III).
En barbecho se han realizado 146,5 minutos de seguimiento a diferentes avutardas. Durante la observación se contaron 3043 picotazos y 6110 pasos, lo que da una frecuencia de picotazos de 0,50 por paso y de 20,77 por minuto, cifras que están por debajo de la media que son de 0,87 y 24,03 respectivamente. El número de pasos por minuto en actitud de alimentación es de 41,71 cifra muy superior a la media que es de 27,47. Esto significa que las avutardas que se alimentan en barbecho caminan mucho más que en otros sustratos como alfalfa, veza, pastos o borde, donde en número de pasos que dan para alimentarse es muy inferior y, en cambio el de picotazos es muy superior (Tabla IV). Por esta razón, es menos interesante bajo el punto de vista de eficiencia energética: tienen que caminar mucho para alimentarse poco.

- Rastrojo: Después de la siega de los cereales, allá por el mes de julio, la mayor parte del campo se transforma en rastrojo y se mantiene así, bien hasta el otoño cuando se labran nuevamente algunas tierras para prepararlas para la siguiente sementera, o se dejan en rastrojo durante todo el invierno. Este sustrato ocupa en el área de estudio una superficie media del 31,1%, con un máximo durante el otoño del 56,3%. Igualmente, el 23,23% de las avutardas observadas durante el estudio poblacional previo se encontraban en rastrojo, con un máximo otoñal del 60,69% (Tablas II y III).
En rastrojo se han realizado 100 minutos de seguimiento a diferentes avutardas. Durante la observación se contaron 1172 picotazos y 4223 pasos, lo que implica una frecuencia de picotazos de 0,28 por paso y de 11,72 por minuto, cifras que están muy por debajo de la media que son de 0,87 y 24,03 respectivamente. El número de pasos por minuto en actitud de alimentación es de 42,23 cifra muy por encima de la media que es de 27,47. Esto significa que las avutardas que se alimentan en rastrojo caminan mucho más que en otros sustratos como alfalfa, veza, pastos, borde, cereal o girasol donde en número de pasos que dan para alimentarse es muy inferior y, en cambio el de picotazos es muy superior (Tabla IV). Por esta razón, es menos interesante bajo el punto de vista de eficiencia energética: tienen que caminar mucho para alimentarse poco. Se da la circunstancia de que algunos de los excrementos estudiados presentaban una gran cantidad de granos de cebada y de trigo casi carbonizados y sin digerir, consecuencia de la quema de rastrojos que los hace aún menos interesantes para la alimentación de la avutarda.
Hembras de avutarda en Rastrojo. Foto: David Pacual Carpizo

Conclusiones.
Del presente estudio se puede deducir que los mejores medios para la alimentación de la avutarda son aquellos en los que las aves tienen una buena cantidad de alimento sin necesidad de realizar grandes desplazamientos. Algunos sustratos en los que han sido observadas las aves cumplen este requisito, es decir, el cómputo entre picotazos y pasos es favorable a los picotazos, por término medio, dan más de un picotazo por cada paso. Estos sustratos son más rentables energéticamente que aquellos en los que las avutardas dan varios pasos para dar un solo picotazo.
En este sentido, los mejores sustratos para la alimentación de la avutarda son la alfalfa y la veza, dos leguminosas que se cultivan muy poco en el área de estudio. Otros dos medios importantes son pastos y bordes (cunetas, linderos y viejos caminos), en todos ellos la avutarda encuentra una mayor variedad de plantas silvestres e invertebrados, muy importantes en la época de cría por el aporte extra de proteínas para los pollos. Durante el estudio, en varias ocasiones se ha podido observar como los pollos pequeños solicitan a la madre las capturas que hace de invertebrados en estos dos medios: pastos y bordes.
Aunque las avutardas pasan la mayor parte de su tiempo en cereal, barbecho o rastrojo por ser los sustratos mayoritarios, energéticamente no son tan interesantes como los comentados anteriormente pues el número de pasos es siempre muy superior al de picotazos. Por tanto, la avutarda ha de desplazarse más para comer menos.
Respecto al girasol se han observado comportamientos contradictorios pero lógicos: como el de arrancar pipas maduras de una sola planta sin desplazarse, o dar más de diez pasos para dar un solo picotazo cuando el girasol está creciendo. Se puede decir, entonces, que el girasol sólo es rentable energéticamente para las avutardas cuando está naciendo, que arrancan el joven plantón recién germinado, o cuando están las pipas maduras.
Por tanto, sería necesario de cara a la conservación de la especie mantener el hábitat actual de llanura cerealista pero mejorar y aumentar la extensión de algunos cultivos especialmente alfalfa y veza. También mejoraría notablemente el hábitat de la avutarda si algunos usos del suelo, actualmente muy escasos, como los pastos y bordes (linderos, vías pecuarias, viejos caminos carreteros y cunetas) aumentaran su extensión en la zona.
Aunque, hasta ahora, la tendencia ha sido justo la contraria, la alfalfa disminuye su extensión y el abonado de parcelas mediante la siembra de veza se está convirtiendo en algo casi anecdótico. Por otro lado los linderos entre tierras son cada vez más estrechos o inexistentes, viejos caminos o vías pecuarias desaparecen fagocitados por las tierras de labor y los pastos ven como año tras año su perímetro disminuye porque las tierras colindantes van arrebañando poco a poco parte de su extensión.

Por todo lo expuesto anteriormente, sería necesario que en cualquier plan agroambiental se tuvieran en cuenta estas consideraciones que, posiblemente, ayudarían a diversificar y mejorar el hábitat de la avutarda en particular y de las aves esteparias y de llanura en general.


Bibliografía:

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Enlaces relacionados:

- La avutarda (Otis tarda) en Ávila y Madrigal-Peñaranda:
http://arevaceos.blogspot.com.es/2014/01/la-avutarda-en-avila-y-madrigal.html
- Por las mieses de Otar:
http://arevaceos.blogspot.com.es/2012/04/por-las-mieses-de-otar.html
- El vuelo de las ovejas:
http://arevaceos.blogspot.com.es/2013/07/el-vuelo-de-las-ovejas.html